ZARAGOZA TE HABLA

ZARAGOZA TE HABLA

By MANUEL ALCAINEHistory
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ZARAGOZA TE HABLA episodes

  • Zaragoza te habla - Vaquerías urbanas
    Con esta de hoy cerramos la participación de “Zaragoza te habla” en la presente temporada radiofónica de “Siéntelo con Oído”, y para ello os propongo un último ejercicio de recuerdo sobre la antigua ciudad de Zaragoza poniendo el foco en un asunto del que seguro que más de uno y una conserva algún recuerdo: las desaparecidas vaquerías urbanas o de barrio.
    La primera “vaquería modelo” contemporánea de la ciudad fue establecida a mediados del s.XIX en la calle del Cinco de Marzo, cuando esta era una calle recién abierta, en principio como prolongación de la calle de San Miguel. A ella le siguieron otras muchas, de forma que en las primeras décadas del pasado s.XX el sector lácteo en Zaragoza estaba configurado por una densa red de vaquerías urbanas y semiurbanas, la mayor parte de ellas de tamaño pequeño, aunque también alguna más grande e industrial, como la Vaquería El Pilar sita en el camino del Puente del Gállego. El camino de las Torres destacaba por el número de estas instalaciones: la Vaquería Modelo o Moderna, vaquería de Martín Bel, de Luis Gavasa, de Juan Ramos Gracia, de Andrés Lausín Marín… Todas ellas, pequeñas o grandes, estaban supervisadas por un jefe inspector de vaquerías, y dos cooperativas distribuían parte de la producción: La Social Lechera, S.C., con 16 despachos o sucursales, y la cooperativa de la Casa de Ganaderos, con dos.
    En el antiguo barrio de Monforte, en el nº 15 de la calle de Vicente Monforte, tenemos testimonio gráfico de la vaquería de Carmelo Baile, que además nos da pie para describir mínimamente este tipo de establecimientos: una estancia de vacas, un almacén de pasto y forraje, la vivienda del vaquero y ocasionalmente un local para despacho de leche y sus derivados. La leche se expendía fresca, recién ordeñada, sin esterilizar, era leche natural, cruda, de producción adaptada al consumo local y de cercanía, orientada a la parroquia de las calles del entorno.
    Como decíamos al principio, seguro que hay personas que recuerdan alguna vaquería de su barrio. Mi recuerdo personal está asociado a una que se situaba en la calle del Privilegio de la Unión por donde volvía a casa tras salir de una “academia de repaso”. La impronta de sus olores, sonidos y cuando la puerta estaba abierta, el espectáculo de ver las vacas y la gente trajinando con sus lecheras metálicas, perdura desde entonces en mi memoria con claridad meridiana.
    Bastante antes de estos recuerdos, en Zaragoza tuvo lugar un hecho importante, como fue la creación en 1956 de Cluzasa-Centrales Lecheras Unidas de Zaragoza S.A., mediante la unión de la Cooperativa de Ganaderos, la Granja Victoria y la Granja El Pilar, debido a la entrada en vigor de una ley que regulaba la higienización y venta de leche pasteurizada y esterilizada en los municipios de más de 100.000 habitantes. Establecida en la calle del Molino de las Armas de la barriada de la Jota, llegó a ser la tercera empresa del sector lácteo de España, en una época en la que ese producto era repartido a domicilio desde las distintas factorías de origen. Cluzasa cesó su actividad en 1986, y sus instalaciones en el barrio de la Jota fueron luego derribadas para dar paso al Segundo Cinturón de ronda.
    Durante esos treinta años, la evolución del sector fue muy destacada, como ilustra el sucesivo cambio de los recipientes del blanco producto: de la tradicional botella de cristal reciclable, pasando por la frágil bolsa de plástico, hasta llegar a la práctica botella de plástico y finalmente el funcional tetra brick a principios de los años 80. En paralelo, fueron desapareciendo las vaquerías de barrio y también los antiguos “despachos de pan y leche”, para convertirse en un producto más, normalizado y apilado en los supermercados y grandes superficies comerciales junto a otras decenas de mercaderías.
    Tal vez por eso la memoria de las antiguas vaquerías, lecherías y despachos de leche de barrio, con sus olores, sus sonidos y sus ceremoniales tienen tanto agarre en los recuerdos de quienes vivimos esa realidad hoy desaparecida.
    17 min
  • Zaragoza te habla - Presentación 'Memoria Visual de Zaragoza. Industria y Cio. en el SXX'
    Queremos hacer reseña especial de la presentación del nuevo libro, de la serie “Memoria Visual de Zaragoza. Industria y Comercio en el Siglo XX”.
    Sus autores, José María Ballestín y Antonio Tausiet, amigos y colaboradores de este programa, junto con El Periódico de Aragón, su editor, lo han presentado en la Cámara de Comercio de Zaragoza.
    Se trata de una aproximación a la historia de la industria y el comercio en Zaragoza a lo largo del siglo XX, ilustrada con numerosas imágenes de instalaciones fabriles y establecimientos comerciales, acompañadas de comentarios redactados para la ocasión. Desde las pioneras harineras que impulsaron el progreso industrial en el pasado siglo, hasta las grandes superficies de consumo masivo que fueron surgiendo en su última década. Es el octavo volumen de la colección, tras Los grises años 50, Los prodigiosos años 60, Los convulsos años 70, Los flamantes años 80, Los sombríos años 40, Los cruciales años 30 y Los pródigos años 90.
    Felicitamos a sus autores por este gran trabajo, que no os debéis perder, al que deseamos mucho éxito de ventas.
    2 min
  • Zaragoza te habla - 'Culpable para un delito'
    “Culpable para un delito” (1966) fue la tercera película impulsada por la productora local Moncayo Films, que con aires de filme noir (género policíaco o criminal francés) contó con guión de Emilio Alfaro y José Antonio Duce, la dirección de este último y con música del recientemente fallecido Antón García Abril.
    Como informan los créditos iniciales de la película, los exteriores fueron rodados en Zaragoza entre los meses de enero y febrero de 1966, salvo unas escenas a la orilla del mar tomadas cerca de Barcelona, de forma que en este filme se nos ofrece un interesante catálogo de localizaciones urbanas de la Zaragoza de mediados de los años 60 que me dan pie para centrar el programa de hoy. Ojo, que como dicen los enterados ahora, a continuación hay spoilers para quien no haya visto esta película:
    1. La estación de ferrocarril de Campo Sepulcro o de Madrid aparece al principio de la película como escenario donde el protagonista (un desustanciado Hans Meyer, actor sudafricano famoso por protagonizar el comercial de un por ello recordado coñac) llega a una ciudad para visitar a un amigo. Al fondo y mientras pasean, se ve la reconocible fachada de la antigua fábrica de chocolates Orús.
    2. Ambos se dirigen luego a una boca de metro, que resulta ser una de las escaleras del paso a desnivel de Las Delicias, donde tiene lugar el asesinato del amigo que desencadena la trama de la película, ya que todas las culpas parecen recaer sobre el protagonista que evidentemente no fue el asesino.
    3. Como todas las evidencias parecen indicar, el protagonista es detenido y conducido para ser interrogado a una comisaría que resulta ser el edificio de la Confederación Hidrográfica del Ebro, del que vemos la zona exterior a un acceso entre la calle de Gil de Jasa y el paseo del General Mola.
    4. En una furgoneta, es trasladado luego a los juzgados que aparecen localizados en la antigua Universidad Literaria, en el Coso Bajo y plaza de la Magdalena.
    5. Los pasillos de estos supuestos juzgados fueron rodados en una localización diferente: el nuevo ayuntamiento inaugurado unos años antes en la plaza del Pilar.
    6. De forma sorprendente, el protagonista escapa por una ventana y lo vemos deambular por la ascendente calle de la Trinidad, en cuya esquina con la de la Universidad se sube furtivamente a una camioneta para escapar de los policías que le persiguen.
    7. Esta camioneta recorre algunas calles y desemboca de repente en la avenida de Navarra en dirección a la carretera de Logroño, donde se nos ofrece una vista panorámica de los modernos bloques de viviendas allí construidos durante el Desarrollismo.
    8. El protagonista se reencuentra luego clandestinamente con su antigua novia en el interior de una moderna iglesia que identificamos como la reciente del Carmen, construida en 1962 en el paseo de María Agustín.
    9. Mientras tanto, la policía sigue con su búsqueda, y se nos ofrecen unas escenas donde dos inspectores charlan en una cafetería localizada en el Pasaje Palafox, donde al fondo se ven las puertas de salida de los modernos cines Palafox y Rex.
    10. En varias escenas nocturnas, el supuesto culpable camina por un puente, que resulta ser el de Hierro, donde se ve acorralado por la policía y se tira al río (Ebro) para escapar. En realidad, y ante el accidente del especialista que debía protagonizar el salto, lo que se ve caer al agua es un muñeco que nadie se encargó de recuperar, de forma que la corriente se lo llevó aguas abajo hasta que días después fue descubierto por un campesino que dio aviso a la Guardia civil pensando que se trataba de un cadáver, provocando un pequeño lío hasta que se aclaró la situación.
    11. En la película, el protagonista sale luego del río por una zona escalonada que se corresponde con el Club Náutico abierto apenas un par de años antes, y aparece en otro puente, el del ferrocarril en la Almozara, donde casi es atropellado por un misterioso coche...
    12. Nos trasladamos luego al supuesto Barrio Chino de la ciudad ubicado junto al puerto de mar de la ciudad donde transcurre la trama, una zona llena de tugurios nocturnos, en uno de los cuales el protagonista se zampa unos bocadillos de calamares para recuperar fuerzas. Entre figurantes de baja estofa y tropa marinera con aires norteamericanos, conoce a una chica que le acompaña luego por las traseras del moderno Mercado de Pescados en la avenida de Navarra.
    13. Por medio de este paseo, nos trasladamos a una zona de mujeres prostituidas localizada entre unas callejuelas reconocibles en el entorno de la plaza del Ecce Homo y las calles del Paraíso y Felipe Perena, que ciertamente han sido unos de los espacios urbanos donde los prostituidores han ejercido su profesión en Zaragoza.
    14. Aquí, se deciden a entrar a un garito que resulta ser el interior del Cabaret Oasis, donde aparece actuando un grupo tailandés, algunas de cuyas escenas fueron censuradas en la versión estrenada entonces por su alto contenido en carne humana.
    15. A continuación, nuestra pareja paseante se dirige a una pensión que aparece regentada por un desabrido personaje interpretado por Manuel Rotellar, que aquí hace un pequeño cameo.
    16. Tras ser atracado y golpeado en esa pensión, el protagonista amanece en la orilla del mar magullado y sin una peseta, en unas escenas localizadas también en las pedregosas riberas bien del Ebro o del Gállego.
    17. Avanza la trama, y nos encontramos en la que es definida como “la catedral de la ciudad” donde tiene lugar el sepelio del amigo asesinado. Se trata de la iglesia de San Antonio Abad en el paseo de Cuéllar, de la que se nos ofrecen imágenes de los laterales jardines junto a su ingreso desde el paseo. El protagonista ve al misterioso coche que le había intentado atropellar antes, y cuando le ve huir a toda velocidad por el parque de Pignatelli, toma un taxi en la esquina con la calle del Maestro Estremiana, y le sigue
    18. Finalmente, la película llega a su desenlace cuando esta persecución les lleva a una zona de modernísimas viviendas unifamiliares que resulta ser el “poblado americano” conformado por las viviendas para oficiales y tropa norteamericanos de la Base Aérea que fueron construidas en la carretera de Logroño, donde la actual urbanización Torres de San Lamberto.
    El estreno de esta película tuvo lugar en el desaparecido cine Coliseo Equitativa el 10 de abril de 1967, y como estrategia publicitaria para fomentar su visionado se convocó un concurso local donde se trataba, precisamente, de localizar el mayor número de escenarios urbanos de Zaragoza que aparecen reflejados en ella. Dotado con un importante premio (10.000 pesetazas de la época), parece ser que no hubo aciertos al pleno.
    -José María Ballestín Miguel-
    10 min
  • Zaragoza te habla - Cines desaparecidos
    Cuando parece confirmarse la reconversión del antiguo Cinema Elíseos en un punto de distribución de comida rápida, vamos a dedicar el programa de hoy a recordar someramente la fortuna de decenas de espacios que hasta hace no demasiado estaban dedicados a la exhibición cinematográfica en el mismo centro de la ciudad, antes de que se impusiera su cierre, mientras nuevas salas se abrían al público a varios kilómetros de distancia, integradas en grandes superficies donde el consumo es el rey.
    Suele considerarse que la primera gran crisis del sector de la distribución y exhibición de cine tuvo lugar a finales de los años 70 del pasado siglo, en parte por la intrusión del vídeo doméstico y en parte por la gran crisis económica, lo que desembocó en una brutal reconversión del sector. De esta forma, en 1979 ya cerraron los cines Avenida, Actualidades, Latino y Dux. El caso del cine Latino, sito en la calle de los Estébanes, fue pionero al iniciar la senda de la transformación de algunas salas de cine en el próspero negocio que hacía furor en la época: el fomento de la ludopatía mediante la proliferación de los bingos. La década de los 80 se inició con el cierre de los cines Dorado, Gran Vía y Oliver, siendo éste último otro indicio de lo que estaba por venir: el cierre de todos los denominados “cines de barrio” que, aunque de categoría inferior a los del centro, y con proyecciones de reestreno, al menos llevaba este espectáculo a buena parte de la periferia de la ciudad. En 1981 y de esta forma, fue cerrado el cine Norte; en 1982 el cine Coso, y en 1983 el cine Torrero. El icónico año 1984 fue coincidente con la clausura de los cines Venecia, Rialto, Pax, París y Madrid. En 1985 le tocó el turno a los cines Roxy y Victoria; en 1986 al Teatro Argensola, que desde 1945 era fundamentalmente cine; en 1987 al Arlequín, y en 1989 al Palacio.
    Esta catastrófica tendencia se ralentizó, por pura supervivencia del sector, en los años 90, cuando también vieron echar el cierre el Salamanca en 1990, y el Coliseo Equitativa y el desgraciado Teatro Fleta en 1999.
    Mientras tanto, este zarandeado sector apenas vio abrir nuevos cines, que desde entonces lo fueron agrupados en la modalidad de multisalas o multicines, como los pioneros Buñuel en 1978 y los Aragón en 1980. Esta tendencia perduró en los años 90, si bien inscrita como un atractivo más dentro de las grandes superficies comerciales que desde entonces caracterizan el modelo de ocio y consumo en Zaragoza: los cines del Centro Comercial Augusta en 1996, los Multicines Renoir y los Cines Warner Lusomundo en 1997, los Yelmo Cines Plaza Imperial en 2008, los Cines Aragonia en 2009, y los cines de Puerto Venecia en 2012.
    Pero esta proliferación de multisalas no ha sido un sumatorio, ya que mientras tanto se seguían cerrando cines “tradicionales”, como el Don Quijote en 2002; el Goya, el Mola y los Multicines Aragón en 2005; y algunas de las recientes multisalas, como los Buñuel en 2007, y los Renoir en 2012. En 2014, fue cerrado el cinema Elíseos, abierto en 1944 en los bajos del gran edificio del mismo nombre que mantuvo el recuerdo de un singular espacio de ocio que desde 1875 albergó un jardín de recreo, un teatro e incluso una pequeña plaza de toros, y luego un velódromo. Ahora, tras la licencia condedida por el ayuntamiento, aquí se podrá degustar comida rápida con denominación de origen norteamericano y burbujeantes refrescos no menos saludables. Eso sí, en la fachada se mantendrá el tradicional cartel que anunciaba “Cinema Elíseos”.
    -José María Ballestín Miguel-
    29 min
  • Zaragoza te habla - La Aljafería
    El próximo día 12 se cumple un aniversario que posiblemente carecerá de repercusión en el actual estado ruidoso de las cosas: la inauguración en mayo de 1998 del Palacio de la Aljafería tras casi medio siglo de arduas labores restauradoras. Con este motivo, el programa de hoy voy a dedicarlo a este excepcional bien inmueble de Zaragoza que acumula casi 950 años de historia: la Aljafería.
    En una despejada zona al poniente de la ciudad, donde desde mediados del s. X se alzaba una poderosa atalaya en piedra rodeada de una pequeña fortaleza defensiva, a finales del s.XI se construyó el Qasr al-Surur o Palacio de la Alegría en tiempos de la poderosa taifa zaragozana de los Banu Hud donde la Medina Albaida Saraqustah era su capital. Este palacio fue construido al aire de los palacios omeyas de las llanuras de Siria y Mesopotamia, de planta cuadrangular, en feraz zona de huerta regada por la acequia de la Almozara, y tomó su nombre (al-Yafariyya) de su impulsor, el rey Abú Yaáfar Áhmad ibn Sulaymán ibn Hud al-Muqtádir bi-L·lah, que emplazó en este palacio una corte literaria y científica sin parangón en el occidente de la época.
    En 1110 Saraqustah fue conquistada por los almorávides, y ocho años después por los cristianos montaraces, que convirtieron a este palacio de la alegría en una parroquia. Sólo a finales del s.XIII, en tiempos del rey Jaime II, recuperó su función palatina y fue objeto de importantes reformas y construcciones que desfiguraron la traza original del palacio, que se convirtió así en un palacio mudéjar de la realeza aragonesa del que destacaban la Torre del Viento en el ángulo suroccidental y la majestuosa Torre Mayor o del Homenaje en su lienzo norte.
    A finales del siglo XV la Aljafería se convirtió en sede y cárcel de la Inquisición. Desde ella y en macabra procesión, numerosos reos de pena capital fueron conducidos hasta la plaza del Mercado, donde se les quemaba vivos.
    Fue también residencia real con ocasión de visitas de especial categoría, como los Reyes Católicos en 1498; la princesa doña Juana y su esposo don Felipe en 1502; el papa Adriano VI en 1522; la emperatriz Isabel en 1533; el emperador Carlos en 1537; el rey Carlos II en 1677…
    Durante este tiempo fue objeto de una radical transformación cuando a finales del s.XVI, en tiempos de Felipe II el palacio fue convertido en un bastión fortificado para defensa de la ciudad y también cárcel real o presidio filipino. El proyecto, de Tiburcio Spanochi y Juan Bautista Antonelli, le dotó por primera vez de un foso seco alrededor de la fortaleza.
    Con la entronización de la nueva dinastía de los borbones, la Aljafería cesó como sede de la Inquisición en 1706 y poco después fue uno de los escenarios de la Batalla de Zaragoza durante la guerra de Sucesión, con bien poca fortuna bélica, pues apenas resistió un par de horas el cerco realizado por las tropas del pretendiente austríaco al trono.
    Desde entonces permaneció como una dependencia militar en un estado más bien precario hasta que en tiempos de Carlos III se la dotó de unas instalaciones defensivas más modernas y acordes con su categoría de “castillo”. Durante los asedios franceses de 1808-09 los baluartes y la muralla quedaron destruidos, y luego los escombros fueron utilizados para rellenar el foso, que desapareció.
    En 1862, siendo reina Isabel II, la Aljafería pasó a jurisdicción del Ministerio de la Guerra, que la convirtió en cuartel, remodelando completamente su traza, construyendo cuatro torreones angulares y dándole el aspecto con el que llegó al siglo XX. En esta línea, en 1887 incluso estuvo a punto de acoger a la Academia General Militar. A principios de los años 30 del siglo XX albergaba a dos regimientos de infantería (Infante y Gerona) y en el lado norte y adosadas al muro había además varias dependencias que complementaban el carácter castrense de su entorno, y al oeste de la muralla se levantó un gran almacén de efectos militares, un polvorín, e incluso un “homódromo” o pista de maniobras para los reclutas.
    En 1935 los hermanos Albareda publicaron un adelantado proyecto de restauración del antiguo palacio para el que proponían como condición inexcusable sacar al palacio del negociado de la Guerra, y convertirlo en un espacio museístico y de cultura. Durante la guerra de 1936-39 fue convertido en un gran arsenal de municiones, y tras 1939 retomó sus funciones cuarteleras con tropas de infantería, artillería antiaérea, zapadores, transmisiones... Testimonios de quienes pasaron por allí durante esos años recuerdan los armeros apilados en el “salón del Trono”, la “mezquita” u oratorio convertido en depósito de bayonetas, y la torre Mayor como calabozo.
    En 1947 y con el impulso de Francisco Íñiguez comenzó poco a poco el efectivo impulso restaurador de la Aljafería. Aunque con una mezcolanza de objetivos dispares, como cuando en 1949 y desde el consistorio se propuso asumir la recuperación de los “dos palacios”, el musulmán para Museo Arqueológico, y el cristiano como residencia del Jefe del Estado en sus visitas a la ciudad…
    En 1951 se constituyó el Patronato de la Aljafería, y en 1954 el ramo de la Guerra le entregó la parte más claramente histórico-artística lo que dio comienzo a las obras de restauración.
    A finales años 60, despojado de su función de cuartel, comenzó a ser visitada en grupos de civiles, lo que poco a poco sirvió para dar a conocer las maravillas que todavía albergaba la Aljafería. En estos años se reconstruyó el lienzo oriental de la muralla, la torre Mayor, el oratorio musulmán, la capilla de san Martín, el patio de santa Isabel, y las salas de los Reyes Católicos.
    En 1978 y dentro de la operación cuarteles, la Aljafería pasó a ser propiedad de la ciudad de Zaragoza al módico precio de 24 millones de pesetas, y el Ayuntamiento se comprometió a restaurarla y a hacer un parque alrededor. Al año siguiente, la nueva corporación democrática asumió su propiedad.
    En 1982 murió Francisco Íñiguez, sustituido por Ángel Peropadre, que impulsó la recuperación del foso. En 1983 el Ayuntamiento cedió a las Cortes de Aragón un tercio de la Aljafería, el correspondiente con la parte no monumental, para instalarse.
    En 1985 Ángel Peropadre fue cesado y sustituido por el tándem Franco-Pemán que en varias fases culminarían su recuperación. En todos estos años hubo numerosos cambios en el proyecto, desde la prevista convivencia del Parlamento, la zona monumental y un auditorio, pasando por la inclusión de una biblioteca municipal (luego biblioteca de las Cortes), la sede del Justicia de Aragón, un Museo de Arqueología y Antropología, el Museo de Historia de Zaragoza, un Museo de la Guerra de la Independencia... Esto fue así porque Ayuntamiento, DGA y las Cortes tenían planteamientos en ocasiones divergentes lo que provocó sonadas polémicas, felizmente resueltas.
    Mientras tanto y en 1987 se celebró en la Aljafería el primer pleno de las Cortes, y esta institución acabó siendo la única depositaria de todo el recinto, incluyendo las zonas verdes que lo rodean (parque de la Aljafería).
    Terminamos nuestro recorrido como empezamos, cuando el 12 de mayo de 1998 el Príncipe de Asturias inauguró las obras de restauración de este maravilloso palacio recuperado, como sede de la soberanía popular aragonesa y como recinto que condensa la historia de la ciudad desde hace casi diez siglos.
    11 min
  • Zaragoza te habla - Patrimonio industrial
    En el programa de hoy me voy a referir al ingente patrimonio industrial desaparecido en la ciudad de Zaragoza, es decir y a grosso modo, el conjunto de los bienes muebles e inmuebles generados por el sistema económico capitalista surgido del proceso de industrialización que en Zaragoza comenzó a desarrollarse especialmente a finales del siglo XIX. Esto es así porque habitualmente las miradas nostálgicas al pasado de la ciudad, en lo que a patrimonio perdido se refiere, es decir destruido o arrasado sin contemplaciones, todavía suele centrarse en los elementos edilicios más recurrentes como iglesias, conventos y monasterios, viviendas nobiliarias y palacios, puertas monumentales y arcos… Sin embargo, parece que cuando se trata de una fábrica, un taller, una imprenta, una estación de ferrocarril, los sentimientos no son tan encontrados.
    Aunque como polo industrial a nivel estatal Zaragoza no es comparable con la pujanza de otras localidades, dentro de la región aragonesa y la propia provincia sin duda Zaragoza fue el principal escenario de desarrollo industrial de estos ámbitos, configurando además con su empuje el desarrollo urbano de muchos entornos que hasta entonces estaban escasamente integrados en la ciudad. O dicho de otra forma: precisamente el estudio y conocimiento del patrimonio industrial nos permitiría comprender mejor los procesos que han generado el desarrollo urbano desde mediados del siglo XIX.
    Sin embargo, todavía resulta muy complicado realizar ese viaje, en primer lugar por la desaparición de la mayor parte de las empresas que desde las primeras harineras fueron conformando el tejido productivo contemporáneo de la ciudad. Son muy contadas las que, aun con otros nombres, denominaciones y ubicaciones, perduran hoy en día. Como en el caso de la evolución natural de las especies, es legión la nómina de lo que se ha quedado por el camino. Siendo este, evidentemente, un proceso de selección no natural lo lamentable es que tampoco han quedado demasiados “restos fósiles”, por decirlo de alguna manera, para armar una historia industrial de Zaragoza, lo que también quiere decir una historia económica, urbana, en ocasiones de barrios enteros, y humana de la ciudad.
    El todavía muy reciente episodio de las instalaciones de la fundición Averly en el paseo de María Agustín, no es sino la punta de un iceberg industrial que en Zaragoza sigue escondiendo para el gran público la mayor parte de una historia económica que enriquece y complementa de forma esencial la historia tradicional de la ciudad, pues sin esta parte económica no es posible entender la historia social, política e institucional del último siglo y medio en Zaragoza.
    25 min
  • Zaragoza te habla - Años 70: derribos S.A
    En el programa de hoy os propongo hacer una rememoranza de los años 70 del pasado siglo XX, algo que seguramente está pasado de moda, pues ya hace tiempo que son los años 90 los que son objeto de punteras series y películas de esas que tienen a gala estar “ambientadas” en esa década. Por supuesto que nuestro acercamiento a esa época setentera no va a ser a propósito de cuestiones de moda, estilos musicales o películas producidas entonces. Ya sabéis que aquí de lo que hablamos es de la antigua Zaragoza, de lo que nos dice a través de los testimonios gráficos e imágenes. Y hay elementos visuales de la Zaragoza de los años 70 que son muy interesantes.
    Por ejemplo, hoy vamos a dar una vuelta por aquella ciudad que en los años 70 vivió una de sus épocas más tremendas en lo que a derribos se trata. Derribos de edificios no forzados, es decir, edificios que por su arquitectura podrían haber perdurado en el tiempo, tal como suele ser la voluntad de los arquitectos que los proyectan. Fueron, pues, derribos sin otra justificación que la erradicación de un pasado que se consideraba provinciano y vetusto, para dar paso a modernas construcciones que, en el lenguaje de la época, pusieran a Zaragoza en el lugar que se merecía dentro de las pujantes metrópolis de un país que estaba caminando del medievo a una modernidad a la española, es decir, adaptada a las rígidas costuras de una dictadura que lo tenía todo atado y bien atado.
    Fueron una ola de derribos que, al ponerme a escribir estas líneas, he revisado y sistematizado, y me he llevado una fuerte impresión, por la cantidad y la calidad de inmuebles que se tiraron para, en las más de las veces, sustituirlos por otros que apenas si disimulaban que lo único que buscaban era ganar espacio para aumentar las plusvalías y negocios de los especuladores y promotores que en aquellos años reforzaron las bases de un sector, el inmobiliario, que conoció un crecimiento meteórico, y que se configuró como una de las locomotoras más potentes de la economía española y zaragozana, por supuesto.
    Una pequeña selección de estos ejemplos nos puede dar cierta medida de la mutación que sufrieron las calles, paseos y avenidas de la ciudad de esa década en la que la democracia sólo regresó formalmente al ayuntamiento tras las elecciones municipales de 1979, por lo que los frenos para poner coto a tanta destrucción, a tanto urbanismo a la carta por parte del entramado económico y político que ha regido la ciudad durante décadas, sólo pudieron empezar a actuar en la siguiente década.
    Ya entrando en materia, podríamos dar una vuelta por el tramo medio del Coso para contemplar las moles que fueron construidas en esta década, por ejemplo en la esquina con la calle de Santa Catalina y en la manzana entre las calles de Rufas y Hermano Ibarra, que sumados a los de la década anterior, contribuyen a esa imagen deplorable de la que fue en su momento principal calle de la ciudad.
    En el paseo de la Independencia, la inauguración de Galerías Preciados sancionó positivamente el rupturista edificio del Sepu de la década anterior, y el fin del paseo como ese remedo local de la rue de Rivoli parisina que fue en sus orígenes.
    La plaza de Aragón fue objeto de un oscuro plan parcial que aceleró la desaparición de los tradicionales hotelitos que la singularizaban y su sustitución por moles de muchas alturas, algunas con porches, otras no, en función de no se sabe muy bien qué, llevando a su punto álgido el urbanismo a la carta en Zaragoza.
    El paseo del General Mola, actual de Sagasta, conoció un auténtico terremoto, comenzando con el colegio del Sagrado Corazón y su iglesia de la Madre del Salvador, que tras apenas 10 años abierta al culto, un enorme pelotazo urbanístico llevó a su derribo, y terminando en la esquina del paseo con el camino de las Torres, donde la Casa Faci fue arrasada. Entre estos dos puntos la nómina de derribos en este paseo da auténticos escalofríos: colegio del Sagrado Corazón, la casa de los Escoriaza, la de Pedro Marcoláin, la que fuera fábrica de esmaltes de Viñado, la casa de Palomar, la de Emerenciano García, Villa Dolores del doctor Arpal, la casa de Sánchez Ventura. Otras casas del entorno de este paseo que también fueron derribadas son Villa Teresa, en la esquina de las calles de Alar del Rey y Gil de Jasa, e incluso la original “casa del duende” tan famoso de Zaragoza, sita en la esquina entre las calles de Gascón de Gotor y Juan Pablo Bonet. En alguno de estos casos, como en el flagrante derribo de la admirable casa de Emerenciano García, hubo un tímido atisbo de protesta cívica que no sirvió para detener ni este no otros derribos. El paseo de Ruiseñores, como prolongación natural del de Sagasta, vio también cómo algunos de sus singulares hotelitos eran derribados en silencio.
    Tras este auténtico via crucis del derribo, vamos a referirnos a otros ejemplos en distintas partes de la ciudad: las casas de los Infantes en el paseo de Echegaray y Caballero; varias casas señoriales en el entorno de la plaza de Aso y la calle de Martín Carrillo; el convento de las Capuchinas en la calle de Manuela Sancho; la casa del Obispo en la plaza del Carmen; el convento y colegio de las Recogidas en la calle de Cádiz; el convento de las Adoratrices de la calle de Hernán Cortés; los conventos de Santa Lucía y de las Fecetas, en la calle de Santa Lucía…
    Mención aparte sería el triste final de la Capilla Cerbuna de la antigua Universidad de la Magdalena, que se dejó caer miserablemente por el titular de la misma, el Ministerio de Educación de la época.
    En esta relación también pueden añadirse edificios industriales, como el complejo fabril de Material Móvil y Construcciones que dio paso a la urbanización Parque Roma; o el edificio de Laboratorios Verkos en la esquina de las calles Cervantes y Gil de Jasa. No podemos olvidarnos tampoco de la manzana de viviendas entre las calles de las Escuela Pías y la de Cerdán; ni de la Granja Agrícola de Zaragoza, que aunque fue derribada para equipamientos educativos públicos, su pérdida no puede sino lamentarse profundamente; o la antigua estación de Campo Sepulcro, derribada sin remisión para dar paso a la moderna del Portillo, que ahora está también en tránsito hacia su derribo completo; o el gran complejo de la editorial Luis Vives en el paseo de Fernando el Católico, con su referencial atalaya. O el lavadero de la Balseta, en el último tramo de la avenida de San José.
    Y tampoco hay que dejar de considerar los edificios que se intentó derribar, y que finalmente no fue así, como el Mercado Central Lanuza, o el colegio de los Escolapios, ambos pretendidamente derribables, el primero dentro de la operación de apertura de la gran Vía Imperial, actual avenida de César Augusto y el segundo dentro de la operación colegios que trasladó varias instalaciones educativas privadas desde el centro de la ciudad hasta la ultraperiferia más alejada.
    Vamos terminando. Hemos visto hoy unos cuantos de los numerosos edificios fueron derribados en esta década, con argumentos que hoy sonrojarían a cualquiera con un mínimo de sensibilidad patrimonial. Así, la mayoría de estos edificios, muchos de ellos abandonados desde hacía tiempo, sin mantenimiento ni reformas, fueron considerados “caserones viejos”, con lo que parecía que se hacía un favor a la ciudad derribándolos y sustituyéndolos por otros más nuevos. Ni una palabra a que en muchos casos se trataba de edificios proyectados por arquitectos de renombre, algunos de los cuales prácticamente ya no tiene edificios representativos en la ciudad. Tal fue el tsunami arrasador de estos años setenta, una década terrible para la ciudad en lo que a pérdidas patrimoniales se trata. Y todo esto sin que hubiera ningún ejército enemigo asediando y bombardeando la ciudad.
    11 min
  • Zaragoza te habla - Aquél '8M' de 1936
    En el programa de hoy me voy a referir al “8-M”, pero no al de este año, tan polémico, ni al aún más polemizado del pasado 2020, sino a uno celebrado hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana… Se trata del 8-M de 1936, una fecha y un año de mucha actualidad gracias a la muy eficaz campaña tóxica de los voceros retroconservadores o nostálgicos de la España del antiguo régimen, también llamados ultraderechistas e incluso neofascistas, que de todas estas tribus hay en esta viña del señor. Un país plagado de –ismos, pero del que dicen no hay los correspondientes a la raza (racismo), el fascio (fascismo) ni siquiera al del macho (machismo)… Habrá quien piense que este que empleo es un lenguaje viejuno, desfasado, fuera de onda… aunque a mí ya me gustaría que así fuera, pero cuando oigo la creciente recuperación de reviejas palabras como “comunistas”, para referirse a los más malos de entre todos los malos, me recuerda la sombra de palabras que creía olvidadas como por ejemplo esa de “anticomunismo” con que en este país se solía calificar durante tantas décadas a todos los que no comulgaban con sus ruedas de molino. Yo pensaba que esto estaba superado, pero la abrumadora realidad del día a día parece indicar lo contrario.
    Bueno, a lo que iba. Haré esta rememoranza de hoy sobre la base de dos históricas fotografías que ilustran aquella luminosa jornada dominical del 8 de marzo de 1936 que fue convocada en Zaragoza como “Jornada Internacional de la Mujer” por la organización denominada “Mujeres Contra la Guerra y el Fascismo”. La guerra denunciada era la invasión fascista de Abisinia en octubre de 1935 realizada por el régimen de Mussolini (y que terminaría el 9 de mayo de 1936 con la conquista de ese país africano y su inclusión en el ridículo Imperio Italiano). Esta manifestación comenzó en la plaza de la Libertad (luego redenominada de santo Domingo, donde entonces estaba el Ayuntamiento) y terminó ante el Gobierno civil sito en el hotelito del nº 1 de la plaza de Aragón. Ante las personas participantes y al término de la manifestación, se realizaron varios discursos alusivos a la jornada, entre los que ha perdurado una expresiva fotografía que posiblemente protagoniza Josefina López, de las Juventudes Comunistas, durante su intervención. En la otra fotografía, un grupo de personas participantes en esta convocatoria posan ante el fotógrafo con los puños al aire en el paseo de la Independencia. Una vez terminado el acto, falangistas con gritos de “viva el fascio” intentaron provocar a la asistencia para crear tumultos, aunque sin éxito.
    Este fue, de facto, el primer 8 de marzo, “8-M” como se dice ahora, celebrado en la ciudad, y último durante más de cuarenta años, cuando tras la recuperación de la democracia las mujeres pudieron volver a salir a la calle a reivindicar sus derechos. Porque tras el 18 de julio de 1936, y hasta casi cuarenta años después, la incipiente presencia de la mujer en la política y en las instituciones fue eliminada en la España esa que decían que era grande y libre, además de única, y donde el papel de la mujer retrocedió al tradicionalista que la recluía en el hogar, la familia y en la iglesia católica. Antes de acabar, una última referencia a estas dos fotografías que centran mi aportación de hoy: tras el 18 de julio o “18-J” de 1936, fotografías como estas dos referidas fueron utilizadas por los sublevados contra la democracia para identificar y reprimir a cuantos “desafectos a la rebelión” aparecieran en ellas.
    Y aquí estamos, 85 años después, quién lo hubiera dicho hace unos pocos años, hablando de manifestaciones, de mujeres… y de fascistas. Desde luego que se han lucido los que sentenciaron eso de que la Historia había terminado. Vaya que no lo ha hecho. Opino.
    -José María Ballestín-
    23 min
  • Zaragoza te habla - El legado visual de Lucien Roisin
    En el programa de hoy vamos a recordar brevemente el legado visual de Lucien Roisin Besnard, uno de los grandes fotógrafos cuya obra permite aproximarnos de forma extraordinaria a la cotidiana realidad de la Zaragoza de la segunda mitad de los años 20 del pasado siglo XX.
    Este fotógrafo francés se radicó en Barcelona en 1912, donde se convirtió en editor de postales turísticas. Visitó profesionalmente Zaragoza en 1925, en la que fue la primera de las varias ocasiones en que lo hizo, para realizar un total de cuatro series de tarjetas postales. En total, algo más de 200 imágenes originales salieron editadas de su estudio fotográfico para ilustrar la ciudad de la época. Vamos a recorrerla brevemente en este programa, si bien lo más indicado es hacerlo, a ser posible, con el acompañamiento visual de las mismas. Una primera aproximación a este legado se hizo en 2014 en el indispensable y totalmente recomendable libro publicado por la IFC y titulado “Zaragoza, años veinte. 81 fotografías de Roisin (1925-1931)”. Nosotros aquí vamos a hacerlo sin el apoyo visual, pero con mucha imaginación.
    Antes que nada, y a diferencia de lo que comentamos en un programa anterior cuando recordamos el legado visual del fotógrafo António Passaporte, la ordenación comercial definitiva de las postales no permite hacernos una idea de los itinerarios que Roisin realizó para capturar las fotografías. Los “bloques de postales” comercializados tenían como objeto mostrar los lugares y entornos más conocidos y significados de Zaragoza para su exposición al público común. De esta forma, irremediablemente todas las series de imágenes comienzan con vistas o escenas de las inmediaciones de la plaza y templo del Pilar, que sin duda era el reclamo más difundido de la ciudad, además del puente de Piedra y por supuesto el río Ebro. Tras pasar luego por la plaza de Huesca y San Juan de los Panetes, se fija de forma singular en lo que denomina un “Casa antigua” y que resulta ser la fachada del que fuera antiguo almacén de sal de la ciudad, en el paseo del Ebro, lamentablemente desaparecido. Regresa luego por la calle del Pilar y la Lonja, incluyendo sus preciosos jardines junto al paseo del Ebro, y nos ubica en el entorno de la plaza de La Seo, el Arco del Arzobispo, la calle del Sepulcro y el Arco del Deán. Tanto el Pilar como la Seo protagonizarán, además, sendos blocs de postales con 20 imágenes de cada uno de estos templos, tanto del exterior, como de sus interiores.
    La plaza de la Magdalena aparece luego retratada tanto por la parte de la homónima iglesia parroquial, como por la imponente presencia de la veterana Universidad Literaria. La plaza de san Felipe hace de escenario para destacar la homónima iglesia parroquial. La comercial calle de Alfonso I aparece retratada tanto a nivel del peatón un día de tránsito bullicioso, como desde la altura de la entonces sede del Bando de Aragón, y siempre con el fondo de la cúpula central del templo del Pilar. El Coso es recogido en forma profusa, sobre todo el tramo alto donde se centra en el Colegio de las Escuelas Pías y la Audiencia, donde singulariza también su monumental portada de acceso, y hasta la plaza de la Constitución. En el tramo medio del Coso, Roisin, tras fijarse en el emboque a la calle de Don Jaime I, hace lo propio con la fachada del Teatro Principal, y añade un par de vistas del conjunto de este tramo hasta la calle de Espartero, desde donde toma una vista en altura muy interesante. El tramo bajo del Coso no aparece retratado.
    Volvemos a la plaza de la Constitución, entonces el auténtico centro urbano, que aparece en varias interesantes fotografías, tanto a nivel de plaza, como desde la altura del edificio de Seguros La Catalana, y sobre todo desde uno de los balcones del Hotel de Europa, donde Roisin realiza una panorámica que en cuatro postales captura el occidente de la plaza. El antiguo paseo de la Independencia, eje del ensanche de la ciudad desde los asedios franceses y conservando todavía ese aire francés de boulevard, protagoniza varias imágenes, destacando las que lo capturan en su plenitud desde la altura de Seguros La Catalana y con un detalle centrado en los nuevos edificios de Correos y Teléfonos. Por la plaza de Santa Engracia, Roisin se fija en la fachada chaflanera del nuevo Gran Hotel y nos lleva hasta la plaza de Emilio Castelar para, ingeniosamente, presentar varias imágenes en altura y así conseguir buenas vistas tanto del Monumento a los Sitios, el Museo Provincial y la Escuela de Bellas Artes y, a ras de suelo, se fija también en el nuevo Grupo Escolar ahora conocido como Gascón y Marín.
    Regresamos a la plaza de Aragón y al despartidero del paseo de Pamplona, donde captura primero el Monumento a la Exposición de 1908, y luego la famosa Puerta del Carmen, la iglesia de Santiago junto al Hospital Militar y el inmediato Arco de San Ildefonso. Regresa luego al paseo de María Agustín a la altura del antiguo cuartel de Trinitarios, una imagen increíble, y llega hasta la Plaza de Toros, otro enclave típico y tópico.
    Volvemos hacia el principio del paseo de Pamplona y Roisin se fija en la fachada principal de la Facultad de Medicina y Ciencias, y no deja escapar el inmediato tramo de la Gran Vía del Huerva recién cubierta. Cruzando a continuación sobre el también cubierto antiguo puente de Santa Engracia, e iniciamos recorrido ascendente por el paseo de Sagasta, donde captura el colegio del Salvador antes de ofrecer algunas irrepetibles vistas del paseo plagado de viviendas unifamiliares hoy desaparecidas. Tras pasar por el Parque Pignatelli, ya donde las terrazas de Cuéllar, llega al Canal Imperial de Aragón, donde Roisin se recrea con algunas vistas de esta frecuentada zona de esparcimiento y ocio ciudadano.
    La margen izquierda o Arrabal, a pesar de su cercanía del centro de la ciudad, apenas aparece como fondo escénico, o bien como lugar desde donde tomar fotografías del puente de Nª Sª del Pilar, del propio Pilar, del puente del ferrocarril, o una espectacular vista panorámica formada por cuatro fotografías que comprende desde las Tenerías hasta el puente de Hierro con el fondo de las torres de Santa María Magdalena, San Gil Abad, la Seo, y el Pilar. Roisin hace una excepción a esta norma retratando desde el paseo del Ebro el edificio de los públicos Baños del Ebro sito en la margen izquierda.
    Otras localizaciones complementarias a las que Roisin tuvo que ir ex profeso son el cuartel de La Aljafería, donde Roisin toma tres interesantes fotografías incluyendo una con soldados de maniobras, y el antiguo puente colgante sobre el río Gállego, otro clásico que también mereció la atención de António Passaporte.
    Todas estas imágenes referidas son una pura delicia, pues además de poner el foco en los edificios y enclaves de interés, que retratan para siempre la Zaragoza de esa época, a Roisin le interesa introducir también en el campo visual a las personas que con naturalidad pasaban por allí. Así, consigue fotografías llenas de vida y de realidad, la realidad de la Zaragoza de la segunda mitad de los años veinte y principio de los treinta. Su contemplación es un gozoso ejercicio que animo a realizar a esta querida parroquia de Zaragoza te habla. Merece la pena. Hasta el próximo programa, salud, ánimo y no dejéis que los charlatanes de feria os coman la oreja.
    10 min
  • Zaragoza te habla - Nostalgias y 'olvidos'
    En el programa de hoy vamos a hablar brevemente de la nostalgia y de algunos “olvidos” relacionados con el rico pasado patrimonial de Zaragoza. Me explicaré: periódicamente, como si de un cometa se tratara, las páginas o secciones culturales de algunos medios de información recuperan una entre las numerosas asignaturas pendientes que tiene esta ciudad para con su legado edilicio o monumental, se convierte en noticia por un día, y luego fuese, y no hubo nada… hasta la próxima visita del mismo cometa. A veces se trata, por ejemplo, de recordar las varias casas donde residió la familia del pintor Francisco Goya (de las cuales sólo perdura una), remarcando el “olvido” (impersonal) de este hecho. No le falta razón a quien considera que en cualquier otra ciudad que pudiera jactarse de ello, sin duda hace tiempo se habría establecido ya un itinerario cultural que a partir de las distintas ubicaciones de estas casas, reconstruiría el paso del genial pintor por la ciudad. Pero Zaragoza parece que mantiene una significada maldición con casi todo lo relacionado con Goya, desde el malogrado Rincón que lleva su nombre en el parque de Buenavista, que en unos años cumplirá un siglo, y hasta la más reciente incapacidad institucional durante décadas para llevar a buen puerto el proyecto de un Museo Goya, denominación que hoy en día parece que se ha apropiado una entidad privada.
    En otras ocasiones, y tras décadas de silencio, salen a la luz otros “olvidos” que momentáneamente sacuden la conciencia ciudadana sobre el legado memorialista de determinados entornos, como por ejemplo, los (pocos) antiguos cuarteles que siguen pendientes de un desarrollo urbanístico, sobre todo estando como están en apetecibles zonas del centro urbano. Así, todavía colea la suerte de los muros del antiguo cuartel del Cid, cuyos restos recayentes al paseo de María Agustín han saltado a la actualidad con motivo del anuncio de una exclusiva promoción de viviendas de lujo en un solar por el que diariamente pasa muchísima gente que, hasta ahora, ni había caído en que esos tristes muros son los únicos restos del cuartel de caballería que a finales del siglo XVIII se ubicó allí. Además, estos restos aparecen vinculados con una de las pregonadas hazañas bélicas durante el primer asedio francés en 1808, y tal vez por ello la promotora inmobiliaria se vea “obligada” a, en lugar de derribarlos, lo que sería natural para ellos, conservarlos de alguna forma, lo cual está muy bien, pero puede que les suceda lo que con los restos de la Puerta Cinegia en la entrada de la calle de los Mártires: sin duda es uno de los lugares más frecuentados de la ciudad, pero al carecer de alguna señalización o indicación al respecto, pasa completamente inadvertida salvo para algunos “frikis” avisados.
    De esta forma, la percepción de estos déficits se convierte en nostalgia, ese reverso romántico y tenebroso de la memoria, que sin más contenido que el sentimental, sin proyectos ni presupuestos, se ve reducida a hacer las funciones de un cometa que cada equis tiempo alguien recuerda, pero tiene bien pocas consecuencias prácticas, y no se traduce en nada que no sea la temporal denuncia, que pocos días después desaparece entre otras noticias que vienen a cubrir su espacio. Hasta que tiempo después, vuelva a ponerse en primera plana, y así, hasta el infinito. Sucede algo parecido con otros muchos déficits de esta ciudad con su pasado, como por ejemplo, y entre otros, el reivindicado museo del ferrocarril y del tranvía de Zaragoza.
    Menos nostalgias, menos denuncias epidérmicas de los olvidos, y más empuje para hacerlos pasar de forma efectiva de las musas al teatro. Opino.
    20 min

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