El Mesías, pan celestial.
En este episodio comenzamos a profundizar en la maravillosa catequesis sobre el pan de vida que Jesucristo pronuncia en la sinagoga de Cafarnaúm. Esta catequesis el Evangelio de Juan la sitúa, no por casualidad, en el contexto de la Pascua, porque en el discurso del pan de vida hay muchas referencias al libro del Éxodo. Una de las referencias más obvias es al maná, del que se dice en Éxodo que era “el pan de cada día”, ya que, excepto en la víspera del sábado, no se podía guardar para el día siguiente. La tradición judía dice que esto obligaba al pueblo de Israel a esperar cada mañana que el milagro se renovara y a mirar hacia arriba, esperando el pan que venía del Cielo. Además, el maná es tan importante que, junto con las tablas de la Ley, se conservaba en el Lugar Santísimo, en el Arca de la Alianza, en el primer tabernáculo de la historia. Todo esto se realiza en Cristo, que es la Palabra hecha carne y hecha Eucaristía, que la Iglesia custodia en el Sagrario y que es la presencia real de Cristo, y que el cristiano está llamado a custodiar como un tesoro en su “Santísimo de los Santos”, que es su ser más profundo, siendo llamado cada día a no saciarse de alimento que perece, sino de lo que dura para la vida eterna, que es Cristo mismo, en su palabra y en su santísimo cuerpo y sangre.