A finales del siglo XIX, Europa quedó fascinada por una posibilidad tan inquietante como irresistible ¿y si los muertos pudieran comunicarse con nosotros?
El auge del espiritismo convirtió salones y hogares en improvisados laboratorios de lo imposible. Mesas parlantes, médiums, ectoplasmas, fotografías de espectros y misteriosas apariciones alimentaron una época situada entre la ciencia, el fraude y la obsesión por demostrar la existencia del más allá.
En este Abismo nos adentramos en la historia de la fantasmogénesis, en sus fenómenos más extraordinarios y en quienes aseguraron haber cruzado la frontera entre vivos y muertos. Porque quizá la verdadera pregunta no sea si existen los fantasmas, sino qué ocurre cuando intentamos hacerlos aparecer.