Sábado 8 de agosto de 2026
Génesis 15: 1 AL 2.
«No temas, Abrán. Yo soy tu escudo, y tu galardón será muy grande.» Pero Abrán respondió: «Mi Señor y Dios, ¿qué puedes darme, si no tengo hijos…?»
UN TESORO CELESTIAL…
¿Qué es para ti? ¿Cuál es esa cosa que sientes que necesitas tener? ¿Qué cosa, si la tuvieras, te haría sentir que tu vida está completa? ¿Qué cosa, si Dios te la diera, te convencería de que él te ama?
Hace miles de años, un hombre llamado Abrán deseaba tener un hijo. Sabía que los hijos son una bendición del Señor. Tal vez se sentía olvidado por Dios. Tal vez se sentía avergonzado en su comunidad porque él y su esposa no tenían hijos. Además, Dios le había prometido que el Salvador del mundo vendría de su descendencia. Pero Abrán aún no tenía descendencia, y ya era anciano.
Entonces, cuando Dios se le acercó y prometió bendecirlo, Abrán tuvo dificultad para mirar más allá de lo que faltaba en su vida. «¿Qué puedes darme, si no tengo hijos?», preguntó. Era como decir: «Eso es lo que quiero. Nada más será suficiente».
Ese día, Dios repitió su promesa. Abrán tendría un hijo. Sus descendientes serían tan numerosos como las estrellas. Pero Dios también le dio un regalo aún mejor: «Yo soy tu escudo, y tu galardón será muy grande».
Aun si los sueños de Abrán para esta vida nunca se hubieran cumplido, él tenía al Señor. El Señor estaba con él para bendecirlo, protegerlo, escuchar sus oraciones y llevarlo a la vida eterna.
El Señor también es tu escudo y tu recompensa. Tal vez nunca recibas esa cosa que crees que no puedes vivir sin ella. Pero tienes un Dios que te ama, te protege y te escucha. Tienes un Dios que envió a su Hijo para darte el regalo más grande: vida con él en el cielo, donde nada bueno faltará.
Oremos:
Señor, tú eres mi escudo y mi gran recompensa. Que esta promesa llene mi corazón de contentamiento. Amén.