Viernes 31 de julio de 2026
Eclesiastés 1:2
«Vanidad de vanidades—dijo el Predicador—; vanidad de vanidades, todo es vanidad» (RV95)
TU VIDA TIENE PROPÓSITO
¿Cuál es el propósito de la vida?
Es una de esas grandes preguntas que, tarde o temprano, todos nos hacemos. Sin embargo, muchas veces estamos tan ocupados con nuestras responsabilidades diarias que dejamos la pregunta a un lado y seguimos adelante con nuestras actividades.
Hace miles de años, un hombre llamado Salomón también se hizo esa pregunta.
Salomón fue rey de Israel durante una época de gran prosperidad. Tenía riquezas, poder, sabiduría y todo lo que muchas personas consideran necesario para ser felices.
Pero al acercarse al final de su vida, llegó a una conclusión sorprendente.
Comprendió que las riquezas no duran para siempre. El poder es pasajero. Los logros humanos terminan desapareciendo. Todo lo que una persona acumula en esta vida algún día quedará en manos de otros.
Por eso escribió:
«¡Vanidad de vanidades! ¡Todo es vanidad!»
Si esta vida fuera todo lo que existe, Salomón tendría razón. Al final, nada tendría un significado duradero.
Pero ahí es donde aparece Jesús.
Y Jesús cambia completamente la perspectiva.
Él nos enseña que esta vida no es el final de la historia. Existe una vida eterna que nos espera. Una vida perfecta en la presencia de Dios.
Jesús hizo posible esa realidad al vivir por nosotros, morir en la cruz por nuestros pecados y resucitar victoriosamente al tercer día.
Gracias a él, sabemos que este mundo no es nuestro destino final.
Eso significa que nuestra vida tiene un propósito mucho más grande que acumular dinero, alcanzar éxito o perseguir cada nueva tendencia que aparece.
No necesitamos vivir obsesionados por las cosas temporales.
No necesitamos desesperarnos cuando los planes no salen como esperábamos.
No necesitamos encontrar nuestro valor en lo que poseemos o logramos.
Nuestra identidad y nuestro propósito se encuentran en Cristo.
Porque pertenecemos a él.
Porque hemos sido redimidos por él.
Porque tenemos una herencia eterna reservada en el cielo.
Cuando vivimos con esa perspectiva, descubrimos que cada día tiene significado. Nuestro trabajo, nuestras relaciones, nuestro servicio y nuestra fe forman parte del plan de Dios para nuestra vida.
Sí, tu vida tiene propósito.
No solo para esta vida, sino también para la eternidad.
Oración:
Señor Jesús, gracias porque das verdadero propósito a mi vida. Gracias por mostrarme que mi existencia no se limita a las cosas de este mundo. Gracias por la promesa de la vida eterna que ganaste para mí. Ayúdame a vivir cada día con la mirada puesta en ti y en las bendiciones eternas que me has preparado. Amén.