Sábado 15 de agosto de 2026
Jeremías 23:23-24
«¿Acaso soy Dios sólo de cerca? ¡No! ¡También a la distancia soy Dios!… ¿Podrá alguien esconderse donde yo no pueda verlo?»
DIOS QUIERE ESTAR CONTIGO…
Cuando Adán y Eva pecaron en el jardín de Edén, pensaron que podían esconderse de Dios. Se ocultaron entre los árboles. Fue la primera vez que los seres humanos sintieron terror ante Dios, pero no sería la última.
Cuando pecamos, algo se despierta en nosotros: la conciencia. Sentimos culpa, vergüenza, temor o tristeza. La conciencia demuestra que no somos nuestra propia autoridad moral. Si cada persona decidiera por sí misma lo que está bien y mal, ¿por qué sentiríamos culpa?
Sentimos culpa porque Dios ha escrito su ley en nuestros corazones. Podemos tratar de escapar de Dios. Podemos endurecer la conciencia. Podemos engañarnos y pensar que a Dios no le importa lo que hacemos. Pero Dios dice por medio de Jeremías: «¿Acaso no soy yo el Señor, que llena el cielo y la tierra?»
Nosotros intentamos escapar de Dios. Pero Dios no quiere escapar de nosotros. Y eso es buena noticia.
Nuestros pecados nos hacen indignos de estar ante Dios. Pero en lugar de alejarse, Dios busca a los pecadores perdidos. Así como buscó a Adán y Eva, también nos busca a nosotros.
En lugar de lavarse las manos ante el desastre de la humanidad, Dios decidió acercarse. Quiere estar con su pueblo, aunque su pueblo peca y falla. Incluso se dio a conocer como Emanuel: Dios con nosotros.
Dios se hizo como nosotros. Jesús nació, vivió una vida humana y murió una muerte humana. Lo hizo porque no quiere que la muerte nos separe de él. Murió para llevarnos a estar con él en gloria.
Hasta ese día, Dios sigue cerca. Nos guía. Nos busca cuando nos desviamos. Se goza cuando nos encuentra. Todo porque ama estar con nosotros.
Oremos:
Querido Dios, gracias por buscarme cuando intento esconderme de ti. Ayúdame a encontrar consuelo en tu presencia. Amén.