La Cuaresma es un tiempo sagrado inaugurado por los cuarenta días de Jesús en el desierto (cf. Evangelio según San Mateo 4,1-11).
Antes de predicar, sanar o confrontar, Jesús se sumerge en el silencio del desierto. Antes de hablar, calla… y hace callar las voces interiores que lo distraen (lo tientan). Allí pone a prueba sus deseos para escuchar con claridad la voz de su misión —y de su identidad, recientemente revelada en el Jordán—.
En la Biblia, el silencio suele preceder a algo grande:
• Antes de la creación hay un caos silencioso.
• Antes de la resurrección hay un sábado de silencio.
• Antes de la misión pública de Jesús, hay desierto.
El silencio es como la tierra para la semilla: una pausa fecunda, latencia, gestación, preámbulo. Marea baja antes del tsunami. Matriz de las decisiones verdaderas
En el desierto también suelen emerger las tentaciones estructurales:
• La satisfacción inmediata de las necesidades o deseos (convertir piedras en pan, Mateo 4,3-4).
• Buscar prestigio, fama o aplausos (arrojarse desde el templo, Mateo 4,5-7).
• Intercambiar verdad por dominio (adorar el poder, Mateo 4,8-10).
Mucho antes de Freud, Nietzsche o Lacan, el desierto ya había diagnosticado la estructura de la psiquis humana: placer, poder y prestigio.
Tres fuerzas que nos mueven… y que pueden gobernarnos.
¿Cuál dirige tu vida?
¿La pulsión del deseo?
¿La voluntad de imponerte?
¿La necesidad de ser visto?
El desierto no elimina esas fuerzas: las ordena.
Pero el ruido no es solo acústico: es mental y simbólico. Y el sistema actual necesita que estemos distraídos. Un ser humano que no se detiene no cuestiona. Un ser humano saturado ni siquiera puede escucharse a sí mismo.
La Cuaresma, entonces, no es una práctica devocional ingenua. Es una forma de resistencia cultural. El silencio es económicamente improductivo y, por eso mismo, culturalmente peligroso.
La cultura digital y posmoderna no solo tolera el ruido: lo necesita para sobrevivir. Cada reacción es dato. Cada indignación es información manipulable. Cada opinión es combustible
Una persona que se detiene reduce consumo, disminuye impulsividad y cuestiona narrativas. Se vuelve menos predecible.
La Cuaresma, leída desde aquí, es un entrenamiento para no ser gobernados por estímulos.
Existe también una espiritualidad compatible con el ruido… pero de eso te contaré en el conversatorio del programa
Mañana te compartiré una guía para descubrir las voces que, imperceptiblemente, ocupan tu mente.
Mientras tanto, te dejo algunas preguntas para que participes:
• ¿Qué voz te habla primero cuando todo queda en silencio?
• ¿Cuál es la diferencia entre estar en silencio… y estar en paz?
• ¿Cuánto tiempo podés estar sin estímulos antes de sentir incomodidad?