Hace más de 2000 años, un único hombre consiguió que el mundo entero temblase con el simple hecho de escuchar su nombre. La valentía de este joven caudillo doblegó a la inmensa mayoría de las civilizaciones de la época, y las naciones caían al paso de sus ejércitos.
El primogénito de Filipo II de Macedonia, tras el asesinato de su padre, decidiese extender el legado que éste dejaba. Terminó de unificar a los pueblos de Grecia, y marchó con sus tropas hacia los dominios del Imperio Persa.
Solamente una muerte prematura pudo poner fin a las ambiciones de un héroe que, desde entonces y para siempre, sería conocido como Alejandro Magno.