En una sociedad sin palabras, en donde lo que se escribe con la mano luego se borra con el codo, es muy difícil plantear la importancia de rescatar el valor de cumplir nuestras promesas. Sin embargo, ante Dios nuestros votos cobran una especial trascendencia, porque Él siempre cumple lo que promete. ¿Qué debemos saber acerca de esto?