A principios de los años setenta varios grupos de jóvenes, influenciados por el rock progresivo que había impulsado los límites de la música en la década pasada, buscaban formas de llevar el género a un punto más artístico, no solo en lo sonoro, sino en lo teatral. Esto daría como resultado el Art Rock, impulsado, en sus inicios, por artistas como David Bowie, Brian Eno y Pink Floyd que, por medio de experimentación sónica y narrativa, crearían obras que trascenderían la mera escucha, y se convertirían en nuevas formas de entender la música.