La historia de Jaime II de Urgel es una de las más trágicas y humanas de la Corona de Aragón. No fue rey, pero estuvo más cerca del trono que casi nadie. No murió en el campo de batalla ni cayó en una conspiración palaciega, sino que fue vencido por un acuerdo político: el Compromiso de Caspe (1412). Desde entonces, su figura ha quedado marcada por la derrota, el cautiverio y el olvido, aunque también por una persistente aura de legitimidad moral. En esta partida de póker entre cinco reyes a Jaime de Urgel le corresponde la carta más noble y más frágil: el rey de corazones.
Jaime de Urgel nació en 1380 en el seno de una de las casas más poderosas de la Corona de Aragón. Era bisnieto del rey Alfonso IV y, por línea masculina, el candidato con mayor proximidad dinástica al trono tras la muerte sin descendencia de Martín I el Humano en 1410. Además, ostentaba el título de conde de Urgel, uno de los más antiguos y prestigiosos del reino, con amplios dominios en Cataluña.
Jaime no solo tenía sangre real: tenía apoyos entre la nobleza catalana y una convicción profunda de que el trono le correspondía por derecho. No era un intrigante frío ni un estratega despiadado. Era, ante todo, un noble medieval educado en la idea de que la legitimidad era una cuestión de linaje, honor y fidelidad a la tradición.
En la mesa de póker de Caspe, Jaime llega con una mano que no parece espectacular, pero que está cargada de simbolismo: el rey de corazones. No es el más agresivo ni el más calculador, pero representa la continuidad, la cercanía y la esperanza de muchos.
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Track: Invincible
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