Diferentes actores, en diferentes circunstancias, pero con las mismas consecuencias: comunidades enfrentadas al Estado y las empresas, empresas que no logran ni dialogar, ni entenderse con las comunidades, un Estado ausente o presente a medias: caos.
El resultado: una realidad plagada de conflictos, status de estos conflictos: activos, irresueltos. Tal vez hay algo a lo que no le estamos prestando la suficiente atención, algo más primitivo, tal vez elemental, aunque tremendamente complejo, lo llaman licencia social, pero podríamos entenderlo como la disposición y posterior compromiso a integrar un proyecto que haga sentir posible el desarrollo para todos.
Debemos tener en mente que los conflictos sociales entre el Estado, las empresas y las comunidades no son sucesos nuevos. Las Bambas, las protestas de cocaleros y, recientemente, Tía María son muestras de una historia marcada por paros, protestas y muertes.
Para algunos, se tratan de conflictos por intereses económicos y , para otros, la principal raíz está en el impacto contra recursos naturales tan básicos como el agua o el aire. La realidad es que las comunidades que allí viven sienten desconfianza y tienen derecho a sentirlo, entonces las grandes preguntas son ¿qué aspectos deben valorarse?, ¿qué está fallando?, ¿cómo romper el círculo vicioso?…
Bloque 2: El círculo se rompe con la prevención, ¿cómo lograrla?.
Cristina Blanco, docente de Derecho PUCP y responsable de la línea Empresas y Derechos Humanos del IDEHPUCP.
Javier Caravedo, director ejecutivo de la asociación civil ProDiálogo.