El cerco de la vida se ha cerrado,
atadas a las carnes recias cinchas,
se rompió la verdad, se ha encadenado,
al libre pensamiento que volvía.
Un coro de leyendas se aglutinan,
dando a la feria, la alegre algarabía,
de reflejos de luces y de espejos,
que reflejan lo deforme que transpira.
El eco de los dioses se ha perdido,
sumido en lo profundo de la sima.
Un nuevo corazón se ha reencarnado,
surgido de los vientos y las brisas,
en un atardecer de azufre y fuego,
nacido de la muerte y de la vida.
Nacerán nuevas carnes revestidas,
de las brasas que quedaron en la orilla,
en la orilla de los tiempos ya pasados.
Amanecer de primaveras, siempre vivas,
las rosas del jardín de las delicias.