Diego de Nicuesa, el gobernador de Urabá, tras sobrevivir a un naufragio y fundar la ciudad de Nombre de Dios el 8 de marzo de 1510, recibe la noticia de que Alonso de Ojeda ha fundado en su territorio el fuerte de San Sebastián. Allí han quedado 70 de sus hombres al mando de Francisco Pizarro, quienes salvarán la vida gracias al socorro largamente esperado de Martín Fernández de Enciso, socio y representante de Ojeda, con quien ha venido un tal Vasco Núñez de Balboa, quien logra persuadirles para que abandonen ese lugar y naveguen hacia el otro lado del golfo de Urabá, donde conocía una comarca más fértil de indígenas agricultores pacíficos. Pero allí, el cacique Cémaco les hace la guerra y por intercesión de la Virgen de la Antigua salvan al vida y consiguen fundar la primera ciudad viable del continente americano: Nuestra Señora de la Antigua del Darién, donde el sacerdote Andrés de Vera consagra la primera iglesia del continente. Enciso, enojado por su pérdida de autoridad, regresa a Santo Domingo a pedir justicia a los tribunales que ya han demostrado experiencia incluso en la defensa delos indios. Por último, en septiembre, asistimos a la llegada y formación de la primera comunidad de los dominicos.