Los viajeros saben que cada espacio tiene su propio aroma. Al viajar no solo se encuentran con idiomas extraños, culturas diferentes, también hallan aromas inéditos. He viajado con libros, a través de libros. Siempre que entro a una biblioteca encuentro aromas de lugares distantes. El aroma contenido en los libros es tan intenso que supera al propio olor de los libros, porque en las bibliotecas hay libros nuevos, de medio uso, viejos, incluso hay libros húmedos. Por encima del propio olor de los libros asoma, como gatito, el aroma de los ríos, de las montañas, de los túneles, de los salones de baile, de las cantinas, de los burdeles, de las plazas y de las estaciones de tren.