A menudo, las personas suelen buscar apasionadamente y llegan a amar cosas que delante de Dios carecen de valor. Cuando los hombres buscan posición, poder, riqueza o influencia, en realidad, están yendo tras algo que no tiene valor para Dios.
La cruz de Jesús, no solamente nos habla del perdón de nuestros pecados y la redención de nuestras almas, lo cual ya es algo por sí solo asombroso, sino que también nos da testimonio de nuestra provisión diaria.
En nuestras oraciones y en nuestros tiempos devocionales, siempre debemos hacer memoria del Dios eterno que tiene sus brazos debajo de nosotros, como el padre que sostiene a su hijo.
El día de hoy podemos orar a Adonai, el Señor, y agradecerle por habernos tomado como propiedad suya. Él está haciendo ahora mismo una preciosa obra en nuestros corazones y en nuestras vidas.
No hay razón para temer si creemos en el Dios Altísimo y confiamos en su soberanía. ¿Por qué mejor no le encomienda todas las cosas al Rey del universo? Seguramente sus oraciones serán oídas y su socorro vendrá sin falta.
Aunque para usted sea imposible, confíe en el Dios que da vida a los muertos, el que saca fuerza de la debilidad; el Dios que lo llena todo y con poder libra y ayuda a su pueblo.
Usted puede estar tranquilo y reposado este día, y puede tener confianza en cuanto al porvenir, si siembra debidamente las semillas que Dios ha puesto en sus manos.