Solo quienes sigan la voz de Dios, la cual se escucha a través de la Biblia, podrán enfrentar la tribulación y la aflicción con éxito, y contemplarán un gran milagro suceder en sus vidas.
Hay que aprender a vivir vidas centradas en Dios y hay que buscar honrarlo en todas las cosas. Si lo hacemos, prosperaremos en todo y cuando vengan los tiempos difíciles, podremos hacerles frente y saldremos adelante.
Dios no desea que nuestros corazones se llenen de afán y que perdamos la paz. Él no quiere vernos deprimidos, agobiados e intranquilos; y para ello nos dejó un poderoso medio de respuesta para estas situaciones. Es la oración.
Usted y yo tenemos muchas razones para dar gracias. Si comenzamos hacerlo el día de hoy, nuestra vida va a cambiar. Esto se debe a que la gratitud abre las puertas de un mejor mañana.
Si le hacemos frente a la vida con una mente saturada de la Palabra de Dios, y luego oramos con fervor, no solo veremos asombrosos milagros de Dios en nuestro entorno, sino que los dardos de fuego del maligno serán apagados y él huirá.
Muchas personas viven vidas llenas de dolor. Sangran a causa de diversas experiencias, porque no se han puesto el calzado que Dios ha preparado para la vida. Solo con él se pueden atravesar los terrenos espinosos de esta vida.
Usted no está obligado a vivir bajo el peso de la acusación y la culpabilidad. Si cree en Cristo y descansa en el poder de su sangre, puede tener victoria sobre el adversario el día de hoy.
Cuando tenemos a Jesús con nosotros, los problemas pueden ser resueltos, las cargas pueden ser aliviadas, las dificultades pueden ser vencidas. Con Cristo, todo cambia.
Tenga en mente que el crecimiento es algo natural en la vida cristiana, aunque se tengan que superar desaciertos y tropiezos. No se desanime ni se rinda.
Aquel que triunfa en lo espiritual, triunfará en los demás aspectos de su vida. Y para crecer por fuera, primero tenemos que crecer en nuestra vida interior espiritual.