Cuando las víctimas son convertidas en meros números se vuelve cotidiana la muerte, se normaliza la violencia y se olvida el resultado del conflicto. Cada víctima debe ser nombrada para exigir cada día respuestas a los gobiernos y actores armados. Sus familias viven en la espera eterna, en la incertidumbre infinita y lo mínimo que debemos construir como sociedad es una postura en defensa de la vida. Hoy, esta lectura es mi forma de no olvidar a los desaparecidos.