Audio Devocional "Crezcamos de Fe en Fe" - Ministerios Kenneth Copeland

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Audio Devocional "Crezcamos de Fe en Fe" - Ministerios Kenneth Copeland episodes

  • Aviva el poder
    «Al acordarme de tus lágrimas siento deseos de verte, para llenarme de gozo... Por eso te aconsejo que avives el fuego del don de Dios, que por la imposición de mis manos está en ti. Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2 Timoteo 1:4, 6-7)

    Hay momentos en los que sabes lo que Dios quiere que hagas; sin embargo, no sientes tener la fuerza espiritual necesaria. De alguna manera, te sientes internamente seco. Sabes que la Palabra asegura que «del interior del que cree en mí, correrán ríos de agua viva» (Juan 7:38). Pero en esos momentos, ni siquiera puedes encontrar el riachuelo, mucho menos el río.

    La Palabra de Dios nos da una orden clara y precisa referente a esas situaciones: nos dice que debemos avivar el fuego del don de Dios que mora en nosotros.

    ¡Avívate tú mismo! Cualquier cosa que necesites ya la tienes en tu interior. Jesús la depositó allí. Todo lo que necesitarás alguna vez en la vida para hacer lo que Dios te ha llamado a hacer, ya ha sido puesto en tu interior por el Dios todopoderoso. La fe, el poder y el amor ya están ahí. Créelo. Decláralo en voz alta. Confiesa lo siguiente, para ti mismo:

    "En el nombre de Jesús, avivo el don que está en mí por la fe. No esperaré hasta sentirme avivado, sino que lo avivo por la fe. Estoy dando un paso de fe y sé que después, ¡los sentidos me seguirán!"

    "Avivo también el amor y el poder de Dios que están en mí. Despierto y echo fuera al diablo de mis asuntos. Cobro vida en el Espíritu del Dios viviente. ¡Estoy avivado!"

    Lectura bíblica: 2 Timoteo 1:1-8

    © 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.

    6 min
  • Deja que tu vida brille
    «Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza» (1 Timoteo 4:12)

    El mundo necesita ver buenos ejemplos. Necesita ver que los creyentes caminan en amor, en pureza y en fe en el hogar, en las instituciones de enseñanza y en los trabajos.

    En Romanos 12:17, el apóstol Pablo nos exhorta a hacer lo bueno delante de todos los hombres, y en otros versículos nos enseña a evitar toda clase de mal. Por eso, cuando estés siguiendo los caminos del Señor, no lo hagas a medias, sino que entrégate de lleno a seguirle. Condúcete de tal manera en la vida, que no haya duda de que eres creyente; muéstrales a los demás tu amor, tu fe y tu pureza en toda situación y por medio de hechos.

    Tu ejemplo será más convincente que tus palabras. Cuando nuestro hijo John era pequeño, fuimos a pasar una temporada con mis abuelos. John dormía con mi abuelito, al cual una noche lo despertó para decirle: «Abuelo, me duele el oído; ¿puedes orar por mí?». Mis abuelos asistían a una iglesia que no creía en la sanidad. Yo no sé qué hizo el abuelo, pero no dio resultado. Así que John se levantó y dijo: «Voy a ir a la cama de mi mamá; cuando ella ora, se me quita el dolor». Casi 18 años más tarde mi abuelo me contó la historia.

    Yo había dado un ejemplo de fe y de amor, y John se había acordado de eso. Cuando los hijos están creciendo, quizás se les olviden las predicaciones y exhortaciones que les des o se muestren desinteresados en las cosas de Dios, pero jamás olvidarán el ejemplo que les des.

    Es posible que tus compañeros de trabajo, tus vecinos o tus amistades rechacen o discutan contigo tus palabras, pero nunca podrán refutar ni olvidar las cosas que haces en amor.

    No permitas que tu ejemplo sea empañado por los pecados triviales ni las concesiones espirituales. Procura hacer siempre lo bueno delante de todos para que la luz de Jesucristo se refleje poderosamente a través de ti.

    Lectura bíblica: Romanos 12:9-21

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    6 min
  • Obedécele en las cosas pequeñas
    «El que es confiable en lo poco, también lo es en lo mucho…» (Lucas 16:10)

    ¿Alguna vez has querido hacer algo grande en el reino de Dios, pero el Señor no te lo ha permitido? Si es así, probablemente existe una buena justificación.

    Podrás entender a qué me refiero si lees lo que Dios hizo con el pueblo de Israel después de sacarlos de Egipto. Su plan era introducir a los israelitas en la Tierra Prometida para que la poseyeran. Sin embargo, antes de hacerlo, Él tenía que ponerlos a prueba para ver si le obedecerían y si escucharían Su voz. De lo contrario, serían destruidos por los enemigos a quienes estaban a punto de enfrentar.

    Entonces Dios los puso a prueba en un asunto pequeño.

    Éxodo 16:4 nos lo relata: «El Señor le dijo a Moisés: «Como verás, yo voy a hacer que les llueva pan del cielo. Para ver si ustedes obedecen o no mis leyes, cada uno de ustedes debe salir todos los días y recoger la porción para ese día».

    Dios utilizó este pequeño ejemplo —el alimento—, para ver si lo escucharían, o no. Él les dijo cuándo deberían recoger el alimento, qué cantidad recoger y qué hacer después de recogerlo.

    Pero lo israelitas no siguieron las instrucciones de Dios. Con sus hechos le demostraron que Su voz no era importante para ellos y que no estaban dispuestos a obedecerle ni en las cosas más pequeñas.

    Dios obra de la misma manera hoy. Antes de que Él nos encomiende alguna misión grande, primero nos dará la oportunidad de demostrar que se nos pueden confiar las cosas pequeñas.

    Pero muchos no pasamos la prueba. Oramos: "¿Señor, qué quieres que haga? ¿Dónde quieres que vaya? Haré cualquier cosa que me pidas". Luego, cuando el Señor te dice: Quiero que te levantes y ores en el Espíritu una hora todas las mañanas, no lo hacemos. Sólo decimos: "Eso sería bueno; creo que debería hacerlo", pero por alguna u otra razón no lo hacemos.

    No cometas ese error. Empieza hoy mismo a obedecer a Dios en las cosas pequeñas. Demuéstrale que puede confiarte en un lugar de mayor autoridad. Déjalo saber que serás fiel a Sus palabras y a la voz de Su Espíritu. Una vez que el Señor sepa que no permitirás que la desobediencia te destruya, Él empezará a confiarte tareas más importantes.

    Lectura bíblica: Éxodo 16:1-2

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    6 min
  • Vuelve a la sensibilidad
    «Desechen todo lo que sea amargura, enojo, ira, gritería, calumnias, y todo tipo de maldad. En vez de eso, sean bondadosos y misericordiosos, y perdónense unos a otros, así como también Dios los perdonó a ustedes en Cristo» (Efesios 4:31-32)

    Hace algunos años, en Detroit, conocí a una mujer que se había criado en un país comunista. Mientras conversaba con ella, empezó la emisión de un programa de noticias en la radio. De repente, sus ojos se llenaron de lágrimas.

    ¿Sucede algo?, le pregunté.

    Yo no me había percatado de que el comentarista de ese programa había dicho algunas cosas negativas del presidente del país. «No me gusta oír a nadie hablar así de este país —dijo ella—. No importa que sea cierto, o no. No quiero oírlo». A mí, las palabras del locutor me habían entrado por un oído y salido por el otro, pero a ella la habían hecho llorar. ¿Por qué? Porque tenía un corazón sensible hacia las cosas de este país.

    Ahora bien, nosotros necesitamos ser más como esa querida señora cuando se trata de nuestros pastores, de nuestros maestros, de nuestros evangelistas y aun de nuestros hermanos y hermanas en la fe. Necesitamos reconocer que nuestra insensibilidad ha hecho que la unción del Espíritu Santo se aparte de nuestra vida, y de nuestras iglesias. Necesitamos percatarnos de que criticar a los demás miembros del Cuerpo de Cristo nos debilita a todos.

    ¿Qué nos hará fuertes otra vez?

    Sólo el poder y la unción del Espíritu Santo que cae sobre quienes son sensibles a la voz de Dios.

    Te recomiendo a que recuperes el corazón sensible que una vez tuviste. Arrepiéntete, dedícate a vivir en la ley del amor, renueva tu devoción a la Palabra y busca la comunión con el Padre celestial para que puedas despojarte de la insensibilidad de tu corazón.

    No dejes que la dureza de tu corazón siga contristando al Espíritu de Dios. Vuélvete sensible a las cosas de Dios.

    Lectura bíblica: Efesios 4:1-13

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    6 min
  • Dale la gloria a Dios
    «En esto es glorificado mi Padre: en que lleven mucho fruto, y sean así mis discípulos» (Juan 15:8)

    En algunos círculos cristianos existe una vieja tradición que dice que cuando los hijos de Dios soportan abnegadamente el dolor y el sufrimiento, el Señor recibe la gloria y el mundo queda admirado. ¡Qué gran mentira! Ésa es una artimaña del diablo para tener esclavizados a los hijos de Dios.

    La gente del mundo ya tiene suficiente dolor y sufrimiento, y no quiere aumentarlos; más bien, quiere evitarlos. A ellos no les interesa lo que prediques. Es la gente religiosa la que se preocupa por esas cosas. Los inconversos poseen mejor sentido común—ellos quieren ver resultados.

    Por eso vienen a la iglesia cuando oyen que las personas están siendo sanadas, liberadas y rescatadas del sufrimiento. Eso es lo que ellos están buscando, y eso mismo es lo que Dios quiere que reciban.

    En la Biblia dice que Dios recibe la gloria cuando ellos ven a los paralíticos caminar y a los ciegos ver (Mateo 15:31). Jesús dijo: «En esto es glorificado mi Padre: en que lleven mucho fruto, y sean así mis discípulos…» (Juan 15:8). ¿A cuál fruto se refiere? Al fruto de las vidas restauradas y sanadas por el poder de Dios.

    Un hombre que tenía un cáncer tan avanzado que casi no tenía fuerzas para subsistir llegó a una de nuestras campañas de sanidad. Ni siquiera conocía al Señor; sin embargo, llegó con la esperanza de recibir un milagro. Durante las sanidades, el Señor le dijo a Kenneth que alguien estaba siendo sanado de cáncer en las glándulas, en la garganta y en el pecho. Cuando el hombre se acercó a la plataforma y recibió la sanidad, dijo: «Salí del hospital esta mañana con cáncer, pero ahora he sido sanado». Él volvió al hospital esa tarde y los médicos lo examinaron y le dieron de alta. Como resultado, él recibió a Jesús como su Señor, y más tarde ese mismo día se reconcilió con su esposa, de la cual había estado separado. En el mismo día recibió sanidad, salvación y su matrimonio fue restaurado.

    ¡Eso es fruto! Eso glorifica a Dios. Cuando ministramos sanidad y liberación como lo hizo Jesús en la Tierra, eso da gloria a Dios. Deshagámonos de la tradición religiosa y sigamos lo que la Palabra dice. Hagamos que el mundo se admire de Jesús para que Dios reciba la gloria.

    Lectura bíblica: Juan 15:1-16

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    6 min
  • Recuerda la misericordia de Dios
    «Pero en mi corazón recapacito, y eso me devuelve la esperanza. Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos; ¡nunca su misericordia se ha agotado! ¡Grande es su fidelidad, y cada mañana se renueva!» (Lamentaciones 3:21-23)

    Dios es fiel. Dios está lleno de compasión. Sus misericordias son nuevas cada mañana. Como creyente sabes esas cosas, pero no te será suficiente con saberlas.

    Para que tengan efecto en tu vida, es necesario que las recuerdes constantemente. Tienes que recordarlas una y otra vez, con el fin de que aviven tu esperanza y edifiquen tu fe.

    Así que proponte traer a la memoria la fidelidad de Dios cada mañana. Recuerda cuáles son los beneficios que te pertenecen en Jesús. ¿Cuáles son algunas de esas misericordias? El Salmo 103 las enumera:

    1. El Señor perdona todas tus maldades.
    2. El Señor sana todas tus dolencias.
    3. El Señor te rescata de la muerte.
    4. El Señor te colma de favores y de su misericordia.
    5. El Señor te sacia con los mejores alimentos para que renueves tus fuerzas como el águila.
    6. El Señor imparte justicia y defiende a todos los que sufren por la violencia.
    7. Él dio a conocer Sus caminos y reveló Sus obras.
    8. El Señor es misericordioso y clemente; es lento para la ira, y grande en misericordia.

    Proponte decirle estas cosas en voz alta al Señor todas las mañanas este año. Tómate el tiempo necesario para orar y recordar las misericordias de Dios, y al final del año estarás más fortalecido en la fe y más seguro del amor de Dios.

    No te conformes con saber acerca de las bendiciones de Dios, sino que recuérdalas cada día para que vivifiquen tu vida.

    Lectura bíblica: Salmos 103:1-17

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    6 min
  • De la leche, al alimento sólido
    «Aunque después de tanto tiempo ya debieran ser maestros, todavía es necesario que se les vuelva a enseñar lo más elemental de las palabras de Dios. Esto es tan así que lo que necesitan es leche, y no alimento sólido» (Hebreos 5:12)

    ¿Te gustaría saber por qué el Cuerpo de Cristo ha tenido tantos problemas en los últimos años? ¿Te gustaría saber por qué el diablo ha podido exhibir públicamente nuestras debilidades? ¿Te gustaría saber por qué en vez de estar unidos y fuertes más bien estamos divididos por las frecuentes contiendas y críticas entre nosotros?

    Es porque el pueblo de Dios tiene necesidad de leche, y no de alimento sólido, como dijo el Señor en Hebreos. ¡Todavía son bebés! La gran mayoría del pueblo de Dios no conoce Sus caminos.

    Por eso, Él nos ha comisionado a enseñar a los creyentes que son inexpertos en la Palabra de justicia y ayudarlos para que maduren en la fe.

    Quizás digas: "Claro, Usted es predicador, pero yo, ¿qué puedo hacer?". Bueno, te lo diré. Yo creo que Dios nos ha llamado a ambos para hacer algo. Puedes leerlo en Hebreos 3:13: «Más bien, mientras dure ese «hoy», anímense unos a otros cada día…»

    Para mí, éste no es un versículo más de la Biblia, sino una orden directa del Señor. Gloria y yo recibimos ese mandato hace algunos años mientras predicábamos en Australia, y nos inspiró a empezar el programa diario de televisión. Pero no fue una orden solamente para nosotros, sino que es una orden que cada uno debe obedecer en su propia vida.

    «Más bien… anímense unos a otros cada día…». Te pido que hoy ores y tengas comunión con Dios acerca de ese versículo. Pregúntale cómo quiere Él que cumplas ese mandato. Quizás Él te diga que apoyes a ministerios como el de Gloria y el mío, los cuales enseñan todos los días la Palabra de Dios sin excepción. Quizás te diga que te sumerjas en la Palabra de Dios para que ésta se derrame sobre todos aquellos a los que encuentres en el camino, y los animes a seguir adelante y a crecer en Jesús.

    Lo que Él te diga, ¡házlo! Hay una iglesia allí afuera llena de niños espirituales, y cada día se añaden más. Tú puedes ayudarlos a pasar de la leche al alimento sólido. Comienza hoy a animarlos.

    Lectura bíblica: Hebreos 3:7-19

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    6 min
  • ¿Sabes qué pedir?
    «Y Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le respondió: «Maestro, quiero recobrar la vista» (Marcos 10:51)

    Todos sabemos lo que es estar dando vueltas, sin llegar a ninguna parte; sabemos lo que es salir de un aprieto económico por medio de la oración, para meternos en otro; y lo que es ser sanado de una enfermedad para que otra distinta nos ataque.

    Sí, claro, nos esforzamos. Oramos y ejercitamos nuestra fe. Pero seguimos cayendo una y otra vez en los mismos problemas. ¿Por qué? Porque en realidad casi nunca sabemos qué pedir.

    Ahora mismo puedo imaginarme tu reacción: "Créame, hermano Copeland, yo no tengo ese problema. Yo sé muy bien lo que necesito. Pero lo que hace que mi cabeza de vueltas es saber cómo vendrá esa provisión para lo que necesito".

    Eso es lo que la mayoría de la gente también cree. Muchos desperdician su tiempo orando por obtener cosas que en realidad no necesitan y pidiendo cosas que no quieren; y así, no logran conseguir nada.

    Mira conmigo Marcos 10, y verás lo que quiero decir. Bartimeo el ciego estaba sentado junto al camino mendigando cuando Jesús pasaba: «Cuando éste supo que quien venía era Jesús de Nazaret, comenzó a gritar y a decir: «Jesús, Hijo de David, ¡ten misericordia de mí!»… Arrojando su capa, el ciego dio un salto y se acercó a Jesús, y Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le respondió: «Maestro, quiero recobrar la vista.» Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y enseguida el ciego recobró la vista, y siguió a Jesús en el camino» (versículos 47, 50-52).

    Ahora, quiero que pienses en algo por unos instantes. A la luz de lo que las Escrituras nos revelan, ¿cuántas necesidades tenía Bartimeo? ¿Sólo una? ¡No! Bartimeo no sólo era ciego, sino también mendigo. Probablemente él tenía más problemas de los que tú puedas imaginarte, y cada uno de ellos era una necesidad tangible en la vida de Bartimeo. Pero lo que él necesitaba era la vista. De recuperarla, todo lo demás se arreglaría por sí solo.

    Bartimeo lo sabía. Entonces, cuando Jesús le preguntó: "Bartimeo, «¿Qué quieres que haga por ti?»", él sabía exactamente lo que iba a pedir, y lo recibió.

    Hoy Jesús desea socorrerte como lo hizo con Bartimeo y proveerte de lo que necesitas. Pero ¿sabes qué pedir?

    Piénsalo bien. Ora. Deja que el Señor Jesús sea quien abra tus ojos y te muestre lo que en realidad necesitas. Al hacerlo, tus oraciones adquirirán una nueva dimensión, un nuevo poder: en vez de tocar de manera superficial tus problemas, irás directamente al grano y los resolverás, y no tendrás que desperdiciar más tu vida dando vueltas sin sentido.

    Lectura bíblica: Marcos 10:46-52

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    6 min
  • El poder para crear
    «Por tanto sean imitadores de Dios [cópienle y sigan Su ejemplo] como hijos amados [imiten a su Padre]» (Efesios 5:1, AMP)

    Crear cosas nuevas y cambiar aquellas cosas que son viejas. Debido a que tú y yo fuimos creados a la imagen de Dios, siempre estamos tratando de hacerlo. Pero si queremos tener éxito en ese ámbito, necesitamos aprender cómo es que lo hace nuestro Creador, nuestro propio Padre celestial.

    No fue por accidente que Dios se puso a crear cosas. Él no dijo: "Vaya, qué casualidad: ¡apareció la luz!". Él primero vio el resultado de lo que quería hacer (primero concibió la imagen interna o la idea de lo que quería crear) y luego dijo: «Sea la luz», y fue la luz.

    Si vamos a imitarlo, tendremos que poner en práctica el principio de primero concebir la imagen interna de lo que queremos hacer.

    Quizás digas: "Pero, hermano Copeland, usted está hablando de Dios. Seguramente no espera que yo trate de ser como Él". Por supuesto que lo espero. ¡Efesios 5:1 nos lo confirma!

    Sin embargo, déjame darte un consejo. No pierdas el tiempo tratando de concebir una imagen interna positiva por tu propia cuenta, porque eso no será nada más que pensar positivo, y aunque pensar de esa manera es ciertamente mejor que pensar lo opuesto (o no pensar en nada), eventualmente se desplomará.

    Si eres un hijo nacido de nuevo del Dios todopoderoso, Él te ha dado las bases y el poder para hacer cambios permanentes en tu vida y en tus circunstancias.

    Piensa una vez más en la creación. Dios quería que hubiera luz. Entonces, dijo: «Sea la luz». Las palabras que Él declaró estaban directamente relacionadas con Su imagen interna. Dios usó Sus palabras para convertir esa imagen interna en una realidad externa.

    La base que debes utilizar para formar tu imagen interna y las palabras que declaras es La Palabra de Dios. Ésta tiene poder sobrenatural. Si te llenas de esa Palabra de fe y la declaras, ella te dará los resultados deseados en tu vida y en tus circunstancias, así como le dio resultados a tu Padre celestial.

    Descubre lo que es la verdadera creatividad. Profundiza en la Palabra de Dios y empieza a reconstruir tu mundo.

    Lectura bíblica: 2 Corintios 4:6-13

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    6 min
  • Levanta tu espada
    «Pero tú, hombre de Dios… Presenta la buena batalla de la fe...» (1 Timoteo 6:11-12)

    Cuando te encuentres entre la espada y la pared, no le ruegues a Dios que derribe la pared por ti. Así no es como Él obra. Dios te dará el plan. Te dará el poder, y te garantizará la victoria. Pero serás tú, no Él, el instrumento que Dios utilizará para hacer lo que Él quiere. Sin embargo, deberás extender tu mano al declarar la Palabra y ponerla en práctica, aún cuando las circunstancias estén en tu contra.

    Hace 42 años, Dios me dio una revelación impresionante por medio de una visión que tuve en Beaumont, Texas. Estaba orando, preparándome para ministrar en el servicio, cuando de repente me vi de pie en el púlpito de la iglesia. Al mirar hacia arriba vi un dragón ―horroroso― metiendo su cabeza por la puerta de la iglesia.

    A medida que entraba, su cuerpo se expandía como un globo, invadiendo todo el lugar. El dragón lanzaba fuego y humo. Cuando en la visión dirigió el fuego hacia mí ¡casi me quemó la ropa!

    Mientras caía al suelo vi a Jesús cerca de mí con una espada en Su mano. ¿Por qué Jesús no hace algo?, pensé. ¿No puede ver que me están hiriendo?

    Pero Jesús ni se movió. Sólo se limitó a fruncir el ceño. Noté que estaba bien molesto conmigo. En la Biblia leemos que Dios no estaba complacido con aquellos que se quedaron derrotados en el desierto (1 Corintios 10:5). A Él tampoco le agradó verme tendido en el suelo, derrotado.

    Fue entonces cuando me ofreció la espada, apuntando hacia el dragón. Su rostro me decía: ¡levántate!

    Extendí mi mano para tomar la espada, y un instante antes de tocarla, Jesús la soltó.

    La espada quedó suspendida en el aire. La tomé y comencé a ponerme de pie. No sólo se mantuvo firme en el aire, ¡sino que empezó a elevarme!

    Cuando me incorporé, toqué el mentón del dragón con la espada y al hacerlo, el dragón se partió a lo largo. Pude ver con mis propios ojos al dragón partido en dos. Con asombro, observé la espada. ¿Por qué no la había usado antes?, pensé.

    No esperes que Dios mate al dragón de tu vida. Tienes a tu alcance la espada del Espíritu: la Palabra invencible del Dios viviente. ¡Tómala y comienza a utilizarla!

    Lectura bíblica: Josué 11:5-23

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    6 min

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