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Siempre me asombra que, cuando predico sobre la prosperidad, alguien se acerca y me dice: "Yo no necesito mucho dinero. Soy una persona sencilla con una vida sencilla. Simplemente le pido a Dios lo suficiente para suplir mis necesidades".
Algunos creen que eso significa ser humilde, pero no lo es. ¡Es egoísmo! No lo consideran así, pero en realidad están diciendo: "Lo único que me preocupa es poder cubrir mis necesidades. No tengo deseos de ayudar a satisfacer las necesidades de los demás".
Bien, esas personas podrían pedirle a Dios un millón de dólares, usar lo suficiente para cubrir sus necesidades y donar el resto. Pero ni siquiera se les ocurre hacerlo, ya que cuando se trata de dinero, el mundo les ha lavado el cerebro haciéndoles creer que si tienen exceso, deben guardarlo.
Esa creencia ha sido un obstáculo para el ministerio de Jesucristo en el mundo de hoy. Ha hecho que ministros del evangelio abandonen su llamado y consigan trabajos seculares para poder subsistir. Esto también ha perjudicado a las iglesias y paralizado el crecimiento de los ministerios que hubieran podido alcanzar miles de almas para el Señor.
No hay duda de que se necesita dinero para predicar el evangelio. Jesús lo sabía, y contrario a lo que piensa mucha gente, el ministerio de Jesús no carecía de fondos. Había tanto dinero circulando por Su ministerio que fue necesario nombrar un tesorero: su nombre era Judas.
Pero Jesús no acumuló ese dinero para Sí mismo. Lo entregó para cubrir las necesidades de los que le rodeaban. Tal era Su fama de ser generoso que en la noche de la última Cena, cuando Judas salió repentinamente de la habitación, los discípulos creyeron que Jesús lo había enviado a darles a los pobres. ¿Puedes imaginarte lo mucho y las tantas veces que Jesús le había dado a los pobres para que los discípulos dieran ese hecho por sentado?
Jesús jamás fundó ningún imperio mundano para Sí. Pero eso no significa que era pobre. Quiere decir que era la persona más generosa que jamás haya existido sobre la faz de la Tierra, y ya es tiempo de que comencemos a seguir Sus pasos.
No rechaces la riqueza que Dios quiere darte sólo porque crees que no la "necesitas". Atrévete a aceptarla, y luego repártela con quienes sí la necesitan. Deja de trabajar para vivir y empieza a trabajar para dar… y descubrirás el verdadero propósito de las riquezas.
Lectura bíblica: Lucas 12:15-31
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
El libro de Proverbios nos expone un principio muy básico para tener éxito. Y es el siguiente: si quieres que Dios te honre y te bendiga en algún aspecto de tu vida, deberás honrarle en esa área en particular.
Si quieres que Dios te bendiga económicamente, deberás honrarle con tu dinero, o como este versículo lo dice, con lo mejor de todo lo que produces. En otras palabras: tendrás que diezmar.
Kenneth y yo sabemos eso por experiencia. Cuando empezó nuestra vida con el Señor, estábamos en una situación económica terrible. Estuvimos en esa condición por varios años porque no éramos constantes diezmando. ¡Tratábamos de diezmar por algún tiempo, pero luego abandonábamos!
Entonces, un día, tomamos la decisión firme de diezmar sin importar las consecuencias. Ahí fue cuando empezamos a salir de los problemas económicos. Cuando empezamos a honrar a Dios con nuestro diezmo, entonces el Señor empezó a bendecirnos en ese aspecto de una manera milagrosa.
Quizás digas: "Bueno Gloria, la verdad es que en este momento no puedo darme el lujo de diezmar".
Déjame decirte que no puedes darte el lujo de no hacerlo. Si no empiezas en este momento a honrar a Dios con tu dinero, el próximo año te encontrará en la misma situación económica.
Así que, hazlo aunque parezca que no puedes hacerlo. ¡Dios es fiel! Si le honras con el diez por ciento que le pertenece, Él te ayudará con el resto.
Dale al Señor las primicias. Hazlo con fe y lleno de expectativa. Al diezmar, adora a Dios y agradécele por lo que ya ha hecho en tu vida. Te quedarás maravillado cuando veas lo que Él puede hacer.
Lectura bíblica: Malaquías 3:8-12
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Jesús no dijo: "Cualquiera que le hable a Dios acerca de este monte". Él dijo que deberíamos hablarle directamente al monte, declarando lo que deseamos que haga.
Desde el punto de vista humano, eso parece ridículo. Pero 1 Corintios 1:27 nos explica que Dios ha escogido lo que el mundo considera ridículo para confundir a los sabios. Al mundo siempre le parecerá una tontería que un creyente hable como si lo que Dios ha prometido fuera una realidad, especialmente cuando esas promesas parecen contradecir la evidencia física a nuestro alrededor. Pero si quieres mantener al enemigo derrotado, ésa es la manera en que deberás hablar.
La Biblia dice que ¡Dios mismo habla de esa manera! En Romanos 4:17, leemos que Dios «…llama las cosas que no existen, como si existieran». Dios no espera hasta que las circunstancias estén en orden para hablar; al contrario, las circunstancias se ponen en orden porque Él habla. Tú puedes hacer lo mismo si haces que tus palabras estén de acuerdo con las de Dios, y las confiesas con tu boca por fe.
Quizás te preguntes: "Pero, ¿y si nada sucede después de hablar? ¿Qué pasa si la situación no cambia inmediatamente?". Cuando Jesús le habló a la higuera en Marcos 11:14, no regresó instantes más tarde para ver qué había sucedido. Cuando le habló, Él lo consideró un hecho.
Sigue Su ejemplo. Deja que tu fe hable. Ponte de acuerdo con la Palabra de Dios.
Lectura bíblica: Lectura bíblica: Marcos 11:12-23
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Son pocos los creyentes que entienden bien la estrecha correlación entre la fe y el perdón. Jesús habló de esa relación en la enseñanza sobre la fe que mueve montañas, según Marcos 11:22-26.
Él dijo: «Por tanto, les digo: Todo lo que pidan en oración, crean que lo recibirán, y se les concederá. Y cuando oren, si tienen algo contra alguien, perdónenlo…» (versículos 24-25).
Jesús unió esas dos frases a propósito. Su propósito era que entendiéramos que liberar a los que nos han ofendido es fundamental para recibir de Dios. El quería que grabáramos en nuestro corazón el hecho que no podemos recibir respuesta a nuestras oraciones y al mismo tiempo, guardar rencor.
El rencor obstaculiza el canal de la fe y te deja indefenso, sin poder alguno en contra de los obstáculos de la vida.
Si has estado orando por algo y parece que la respuesta no llega, examina tu corazón para ver si tienes falta de perdón. Pídele al Espíritu Santo que saque a la luz cualquier rencor que esté escondido. Quita de en medio lo que esté paralizando tu fe, y pronto verás cumplirse las cosas por las cuales has estado orando.
Lectura bíblica: Mateo 18:21-35
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A todos nos ha sucedido. Ponemos un poco de la Palabra de Dios en nuestros cinturones espirituales. Obtenemos algunas victorias. Por primera vez en muchos años nos va muy bien en la vida. Pero, de pronto, nos desviamos del camino y nuestro mundo se derrumba, y tenemos que comenzar otra vez.
Eso fue lo que le sucedió a los creyentes de quienes se habla en la carta a los Hebreos. Habían avanzado tanto en la vida espiritual que ya podían ser maestros. Pero con el tiempo se desviaron tanto del camino que fue necesario volver a alimentarlos como a bebés de pecho (lee Hebreos 5:12).
¿Qué fue lo que los hizo tropezar de esa manera? Ellos dejaron que otros asuntos se interpusieran en el camino de la fe. Dejaron que se les olvidaran las promesas de Dios. Por esa razón se desviaron.
Esto mismo le ha sucedido a multitud de creyentes en los últimos años.
"Bueno, hermano Copeland —dicen algunos—, estamos cansados de este asunto de la fe. La verdad es que no tenemos tanto tiempo para permanecer en la Palabra".
Esos creyentes se han olvidado de las promesas de Dios. No es que hayan dejado de creer en ellas; están más interesados en otras cosas. Han bajado mucho su nivel de conocimiento de la Palabra, y ya que un nivel bajo de Palabra equivale a niveles bajos de fe, pronto empezaron a sufrir derrotas en áreas de su vida donde antes habían triunfado.
No dejes que eso te suceda. Cuando las cosas vayan bien, no sólo disfrutes las bendiciones de Dios, sino que también profundiza en lo que Él tiene para ti. Presta más atención a las promesas de Dios, concéntrate en seguir adelante y en fortalecerte espiritualmente, no sólo para que te sea suplido lo que necesitas, sino también para ayudar a los demás en sus necesidades.
Recuerda: Un nivel bajo de la Palabra = un nivel bajo de fe = tropiezo.
No te distraigas tanto disfrutando las victorias presentes, para que mañana no termines en derrota. Examina las cosas que has aprendido. Presta más atención a la Palabra―no menos. Mantente avanzando de fe en fe y así Satanás y sus secuaces, en vez de tratar de hacerte tropezar, se lamentarán: "¡Oh, no, ahí viene otra vez ese hombre de fe tras nosotros!".
Lectura bíblica: Hebreos 5:11-14, 6:1-12
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
La palabra permanecer es muy importante. Cuando Jesús nos dijo que obedeciéramos Sus mandamientos y guardáramos Su Palabra, no estaba refiriéndose a que nos limitáramos a seguir un montón de normas y reglas de alguna religión.
Lo que Él quiso decir fue que debemos dejar que Su Palabra―¡la cual es viva!―hiciera su morada en nosotros. Nos estaba diciendo que debemos pasar tiempo en ella, meditar en ella, llenar nuestra mente y nuestra boca de ella, y dejar que guíe nuestros pasos y acciones.
El apóstol Pablo lo dijo de la siguiente manera: «La palabra de Cristo habite ricamente en ustedes» (Colosenses 3:16). La mayoría de los creyentes no tienen idea alguna de lo que eso significa. Y esa es una de las razones por las cuales experimentan tan poco poder.
En una ocasión, Oral Roberts dijo que si la Palabra permanece en nosotros y está viva y produciendo fruto, puedes oírla. ¿Sabes lo que es tener cierta melodía constantemente en la cabeza y estar oyéndola todo el día? Pues bien, cuando permaneces en la Palabra, la tendrás siempre en tu cabeza y la oirás todo el día.
Muchas veces he estado en medio de situaciones muy difíciles, preguntándome qué hacer. De repente escucho un versículo en mi interior. Esa era la respuesta a mi situación. He sido liberado por la Palabra de Dios que mora en mí.
Por lo tanto, invita al Espíritu Santo para que intervenga a tu favor. Tan solo mantente diciéndole: "Cualquier cosa que traigas a mi memoria de la Palabra será exactamente lo que haré. Seré obediente a cada orden de Jesús que Tú me recuerdes".
Toma la firme decisión de permanecer en la Palabra. Pronto descubrirás que la Palabra permanece en ti.
Lectura bíblica: Colosenses 3:1-16
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"Bueno, hermano, estoy seguro de que al final descubrirás que las dificultades económicas son en realidad una bendición disfrazada". ¿Alguna vez has oído a alguien repetir esa frase a otra persona que está mal económicamente? Es posible que así sea. Es una creencia popular muy común. El problema con esa creencia es que es una mentira que el diablo ha usado para mantener a los creyentes a raya.
Como resultado, muchos cristianos están sufriendo una derrota financiera tras otra. Así que mejor vayamos hoy a la Palabra de Dios para aclarar el asunto de la prosperidad y la pobreza. Aclaremos de una vez por todas cuál es la bendición y cuál es la maldición.
La respuesta la encontramos en Deuteronomio 28. Lo que Dios describe en los versículos del 1 al 14 es la bendición—o la prosperidad. En cambio, en los versículos 15 al 31 nos describe la pobreza—y Dios la llama una maldición.
La maldición tiene como fin principal la destrucción. Su objetivo no es enseñarte algún tipo de lección especial ni hacerte más espiritual, sino el de destruirte. No importa que la pobreza sea mucha o poca; es, y siempre será, una maldición.
Satanás ha hecho todo lo que ha podido para convencer al pueblo de Dios de que la pobreza es una bendición disfrazada, ¡pero la pobreza es algo que el diablo inventó!
Así que no le creas ni por un momento. Renueva tu mente con la Palabra de Dios. Si eres hijo de Dios, no tienes porqué vivir bajo la maldición de la pobreza ni de ninguna otra clase de maldición. ¡Ya has sido redimido!
Lectura bíblica: Deuteronomio 28:1-31
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Aparte de la Palabra de Dios y de la oración, no hay nada que pueda ayudarte más que el observar e imitar a un verdadero hombre de fe. Yo lo descubrí de una manera sorprendente hace muchos años cuando era estudiante en la Universidad Oral Roberts. Como copiloto del avión que transportaba al hermano Roberts y su personal a las campañas de sanidad, tuve la oportunidad de observarlo en acción: yo iba a donde él iba, lo oía predicar y lo veía imponer las manos sobre los enfermos.
Nunca olvidaré el día que tuve la oportunidad de poner en práctica algo de lo que había aprendido con él. Yo había estado en algunas de sus campañas, pero todavía era muy inexperto en la vida espiritual. Se me había asignado la tarea de ayudar a las personas inválidas para que el hermano Roberts impusiera las manos sobre ellas. Era la primera vez que me encontraba en un salón rodeado de toda clase de enfermedades. Cuando el hermano Roberts entró, en vez de imponer él mismo las manos sobre las personas, me tomó por la manga del saco y me dijo: "Haz tú la oración y pon las manos sobre esas personas".
Debí haberme puesto pálido, pues nunca antes había orado por cosas como esas. Quizás hubiera orado por un dolor de cabeza o por un serio dolor en una uña, pero nada más.
La primera mujer a la que nos acercamos tenía cáncer de estómago y pesaba menos de 40 kilos: era el retrato de la misma muerte. Me dirigí hacia ella y antes de que pudiera abrir mi boca, escuché una voz que dijo: "En el nombre de Jesús, toma tu lecho y anda". Al instante, ella escupió ese cáncer sobre el piso. Luego saltó de ese lecho y gritó: "¡Estoy sana!", y comenzó a correr por todo el salón.
Esa experiencia cambió mi vida. Cuando me acerqué a la siguiente persona y levanté mis manos, podía sentir la sanidad fluyendo. Había visto a Jesús sanar por medio del hermano Roberts, así que, en mi mente, podía ver a Jesús sanando a través de mí.
Tú puedes hacer lo mismo. Busca a una persona que camine en un nivel de fe y poder superiores a ti, y aprende de ella. Reconoce a Jesús en esas personas e imítalas. Con el tiempo, otros empezarán a ver a Jesús en ti.
Lectura bíblica: 2 Reyes 2:1-15
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
La Biblia nos enseña que como creyentes debemos ser una fuerza de ocupación del Señor hasta que Él regrese. En el campo militar, ocupar significa: "Tomar posesión o apoderarse de un territorio y sus tropas, invadiéndolo o instalándose en él". Para llevar a cabo esa tarea en una forma eficaz hasta que el Señor venga, la mayoría de nosotros tendrá que cambiar de actitud. Tendremos que tener presente que Jesucristo ya venció y ya obtuvo la victoria.
Así es. Satanás fue derrotado y despojado en el Calvario; él es quien está a la defensiva, no nosotros.
Es más, Jesucristo nos ha dado Su armadura y Su espada para mantener en su lugar a ese diablo derrotado. Podrás ser un debilucho de 45 kilos, pero si te revistes de la armadura de Dios, el diablo nunca lo notará. Huirá de ti como si fueras el mismo Jesucristo.
Piénsalo. ¿Qué harías si fueras el diablo y te encontraras cara a cara con un creyente vestido con la armadura, el yelmo y las armas de Dios? Siempre y cuando ese creyente se limite a declarar las palabras de Dios, creerás que es el mismo Señor quien está dentro de la armadura.
No se te olvide ninguno de los componentes de la armadura que se te ha provisto. Revístete con su totalidad. Haz que el diablo esté siempre a la defensiva—¡y participa de la fuerza de ocupación hasta que Jesús regrese!
Lectura bíblica: Lucas 12:35-44
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
¿Sabías que tu nombre ha cambiado? Tu nombre ya no es más el nombre que tenías antes de que nacieras de nuevo. Te deshiciste del primer nombre cuando celebraste el pacto con Jesucristo.
Para apreciar completamente lo que ese cambio significa, tienes que pensarlo a la luz de lo que sabemos del pacto de sangre. Cuando alguien hace un pacto de sangre, se entrega por completo, deja de ser dueño de sí mismo. Y sus posesiones y deudas, así como sus virtudes y defectos, le pertenecen para siempre a la persona (hermano de sangre) con quien hace el pacto.
Cuando estableces un pacto de sangre con alguien, adquieres el nombre de esa persona; éste se convierte en tu nombre para siempre. No puedes escaparle―bueno o malo―es tuyo.
Cuando recibiste a Jesucristo como Señor y Salvador, Él tomó tu nombre; el cual era pecado, debilidad, temor, pobreza y todo lo que heredaste de Adán.
Jesús te quitó esos nombres y te dio Su Nombre a cambio. ¡Eso es cierto! En Efesios 3:15, dice que todo el Cuerpo de Cristo ha sido llamado en el en el cielo y en la Tierra. Eso significa que ahora tienes el nombre de Jesús y la autoridad que conlleva ese nombre.
Tan solo piensa de quién has tomado tu nombre nuevo:
Jesús, Dios Fuerte, Sabiduría, Libertador, León de la tribu de Judá, Palabra de Vida, Abogado, Proveedor, Yo Soy, Consolador, Salvador, Príncipe de Paz, Admirable, Consejero, Cordero de Dios, Jehová de los ejércitos, Raíz de David, Autor y Consumador de nuestra fe, Camino, Sanador, Hijo de Dios, Verdad, Piedra angular, Rey de reyes, Luz del mundo, Gran Pastor, mi Fortaleza y mi Canto, Juez Justo, Sol de Justicia, Resurrección y Vida, Alfa y Omega.
¡Alabado sea Dios! Esos nombres abarcan toda necesidad que puedas tener, y el poder de Dios se encuentra en el Nombre de Jesús para hacer de ese nombre una realidad en tu vida (Hechos 3:16).
Ya no puedes llamarte a ti mismo "desanimado". No debes responder cuando el diablo te diga: "Oye, pobre hombre"; ése no es tu nombre. Jesús te ha despojado de esos antiguos nombres. Medita en los nombres del Señor; todos y cada uno de ellos están incluidos en el nombre de Jesús, el Nombre sobre todo nombre, y a ti te ha sido dado ese nombre ¡con todo el poder y la autoridad que éste conlleva!
Lectura bíblica: Efesios 3:16-21
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
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