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Antes me preguntaba: ¿por qué los creyentes no experimentábamos más del poder de Dios entre nosotros? Con lo que sabíamos de la fe y de la Palabra, me parecía que debíamos estar viendo más señales, más prodigios y más milagros.
Así que un día le pregunté al Señor: «Señor, ¿por qué no presenciamos el poder de Dios en la Iglesia con más frecuencia?».
¿Sabes lo que me respondió? Me dijo que la razón era que aún no caminábamos lo suficiente en amor.
Dios quiere que tengamos poder. Pero, primero Él debe asegurarse de que utilizaremos ese poder en amor y no lo mezclaremos con la condenación y la crítica para juzgar a los demás con rigor.
"Kenneth", me dijo el Señor, "no puedo respaldar tus palabras con Mi poder en el servicio del domingo por la mañana, si más tarde insultarás a alguien porque se atravesó en el carril de la autopista. Seguramente lo harías volar en mil pedazos. No puedo permitir que el poder del Dios todopoderoso brote con tal magnitud de la boca de un necio sin misericordia".
Luego, el Señor me recordó la vez que llevé a mi hijo John de cacería. En ese entonces John era lo suficientemente grande como para evitar que el arma lo tirara de espaldas cada vez que apretaba el gatillo. Yo estaba enseñándole a disparar, y él lo hacía muy bien.
Ese día íbamos caminando por la granja de los abuelos de Gloria, y John observó una de las arañas más grandes que yo alguna vez hubiera visto. Iba subiendo por la pared del granero. Al descubrirla, John le apuntó con la escopeta. Si yo no lo hubiera detenido, él le habría disparado. No pensó que como consecuencia haría un gran agujero en la pared del granero. Desde mi perspectiva de adulto sabía que eso era una tontería, pero John no podía entenderlo porque miraba todo desde su perspectiva de niño.
¿Quieres que Dios te ponga una escopeta de poder espiritual en tu mano para que hagas volar en mil pedazos las obras del diablo? Entonces, enfócate en el amor. Búscalo. Practícalo. Estúdialo. Crece en él. Luego, verás el poder de Dios obrando a través de ti.
Lectura bíblica: Romanos 13:8-14
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
La Biblia Amplificada interpreta Mateo 11:12, de esta manera: "…una parte del reino de los cielos es buscada con el más ardiente celo y con un esfuerzo intenso".
Hoy quiero que seas violento. Sí, violento, decidido y esforzado. Quiero que te entregues de lleno a las cosas de Dios, y resistas con fuerza todo lo que quiera impedir que vivas conforme a Su voluntad.
Muchos creyentes en estos días son como los israelitas: andan vagando por el desierto de la derrota porque hay un enemigo en la Tierra Prometida. Les están robando su legítima herencia porque tienen miedo de pelear contra ese enemigo. Tienen la esperanza de hallar una manera de entrar sin hacer uso de la fuerza. Pero no la encontrarán. Cuando se trata de Satanás y sus cómplices, tienes que ser exigente.
Cuando Dios envió a los israelitas a Canaán dijo: «Envíen a los hombres armados para que vayan delante de ustedes». Ellos tenían que ir armados, preparados para pelear. Él sabía que tendrían que pelear para tomar la tierra. Dios nunca les prometió que no pelearían. Lo que les prometió fue que triunfarían en toda ocasión.
Lo mismo se aplica hoy en día a tu vida. Cuando se trata del diablo, no puedes postrarte y hacerte el muerto. Satanás no soltará ningún aspecto de tu vida, ya sea la salud, las finanzas o cualquier otra cosa. Él no se rendirá a menos que tú lo fuerces a hacerlo.
No te quedes sentado en el desierto mientras el diablo te roba las bendiciones de Dios. Tú tienes el permiso de Dios y Su poder para tomar la tierra. Se lo suficientemente violento para tomar lo que es tuyo, ahora mismo.
Lectura bíblica: Deuteronomio 31:1-8
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Me pregunto, ¿cuándo hará Dios algo con respecto a este problema? ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? Si es así, te sorprenderás al descubrir que la respuesta depende el ciento por ciento de ti.
Hay un caso en Marcos 5 que te mostrará lo que quiero decir. Jesús acababa de bajar de una barca y la gente lo apretujaba, "rodeándole". Estaban en la ribera cuando, súbitamente, vino un hombre que pasó por en medio de esa multitud para llegar a Jesús.
Marcos relata que el hombre se postró a los pies de Jesús y le rogó, diciendo: «Ven que mi hija está agonizando!».
Reflexiona en esa situación por un momento. Aquí hay un hombre cuyo cargo político equivale al alcalde de la ciudad. Pero está tan decidido a alcanzar a Jesús que se abre paso a través de la muchedumbre y hace suficiente espacio para caer a los pies de Jesús. Él ha tomado una decisión y cuando llega a Jesús le dice: «…Pon tus manos sobre ella, para que siga con vida».
Déjame preguntarte algo: ¿Quién crees que estaba dirigiendo el ministerio de Jesús en esa situación? ¡Ese hombre! Un hombre que ha tomado una decisión. Cuando él declara esa decisión, Jesús no dice nada. Él sólo deja lo que está haciendo, se vuelve y le sigue.
En medio de una multitud literalmente de miles, la decisión de fe de un hombre dirige las actividades de Jesús.
¿Qué significa eso para ti? Que si estás sin hacer nada, esperando que Jesús decida sanarte… Jesús decida ayudarte… Jesús decida prosperarte y darte la victoria… te quedarás esperando por mucho tiempo. Porque no es Jesús quien debe tomar la decisión, sino tú.
Lectura bíblica: Marcos 5:21-24, 35-43
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
La desesperación. Es un sentimiento que será demasiado común entre la gente del mundo cuando éste llegue a su fin. Pero es algo que nosotros como creyentes jamás debemos sentir, pues no importa cuanta presión venga sobre el mundo, no importa cuán oscuras sean las circunstancias a nuestro alrededor, sabemos que hay una esperanza firme en la Segunda Venida del Señor Jesucristo.
A veces olvidamos ese hecho. Tenemos nuestra atención tan concentrada en las cosas naturales de esta vida que perdemos esa esperanza, y nos vemos atrapados en la desesperación de nuestro entorno. No debemos permitir que eso suceda.
Un amigo conoció, en el Medio Oriente, a una mujer árabe nacida de nuevo que era una prueba viviente de lo que es tener esperanza. Ella vivía atrapada en un mundo que la mayoría de nosotros consideraríamos casi insoportable. Vivía en una zona de guerra, la cual fue destruida por la violencia. Todos los días se enfrentaba al peligro de explosiones y las balas.
Esa mujer árabe no tenía esperanza en lo natural. Su país estaba siendo destruido ante sus ojos. Ella tuvo que irse a Israel a trabajar y a conseguir dinero para su familia porque no había trabajo donde vivían ni forma de ganar dinero. Todo a su alrededor parecía ir de mal en peor. Pero ella le dijo a mi amigo que tenía esperanza porque sabía que Jesús volvería por ella. Esa esperanza la animaba a seguir adelante.
Así que, si te sientes sin esperanza, quita tus ojos de este mundo y ponlos en la pronta venida de Jesús. No solamente levantará tu espíritu, sino que la Biblia dice que también lo purificará. Hará que vivas rectamente, separado del pecado y del fracaso del mundo a tu alrededor. Te llevará al gozo y a la victoria de Dios.
Ten presente lo siguiente: cuando este viejo mundo llegue a su fin, tú y yo apenas estaremos empezando. Comenzaremos a disfrutar de la vida más gloriosa que alguna vez hayamos conocido. La gente de esta Tierra puede mirar tristemente y anhelar los mejores días del pasado. Pero para ti y para mí lo mejor está aún por venir. Por eso podemos decir aleluya en medio de los problemas y exclamar con el apóstol Juan: "Sí, ven, Señor Jesús." ¡Ven pronto!
Lectura bíblica: Apocalipsis 21, 22:1-7
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¡Victoriosos! ¡Más que vencedores! Eso es lo que la Biblia dice que somos. Sé que lo has oído muchas veces antes, pero hoy quiero que permitas que esa realidad penetre en tu vida. Quiero que pases algún tiempo meditando en lo que esas palabras realmente significan.
El diccionario dice que la palabra victoria significa: "Supremacía o superioridad final y completa en una batalla o guerra, éxito en cualquier competencia o problema que involucre la derrota de un oponente, o pasar los obstáculos".
Vencer significa: "Quedar por encima del oponente en una competencia o un problema, dominar, suprimir, prevalecer, arrollar, sojuzgar, someter, aplastar, derrotar".
Una vez que esas definiciones queden firmes en tu mente, entenderás que en Jesús has conseguido mucho más que un boleto al cielo. Has sacado provecho del mundo en el que vives ahora. Por medio de Jesús has triunfado, vencido, derrotado y prevalecido sobre el mundo.
Por esa razón 1 Corintios 15:57 grita: "Mas gracias sean a Dios, quien nos da la victoria [haciéndonos conquistadores] por medio de nuestro Señor Jesucristo" (AMP).
¿Por qué no lo gritas tú también? Grítalo hoy, dando gracias a Dios por convertirte en un vencedor. Alábalo porque estás unido a Aquél que ha vencido al mundo, a la carne y al diablo. ¡Grita aleluya y disfruta de la victoria!
Lectura bíblica: Romanos 8:29-39
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¿A quién acudes cuando necesitas ayuda, cuando necesitas respuesta a una pregunta importante? ¿Le preguntas primero a Dios?
Muchos creyentes no lo hacen. Se la pasan retorciéndose las manos y hablando uno con el otro todo el día. Le preguntan al pastor, a los amigos o al cónyuge. Pero ¿le preguntan a Dios? No.
No cometas ese error.
Mejor sigue el ejemplo del rey David. En 1 Crónicas 14, la Biblia nos dice que él estaba a punto de entrar en batalla contra los poderosos filisteos que habían salido contra él. La nación filistea había sido enemiga de Israel por años. David quizás pudo suponer que Dios le diría que fuera a la batalla contra ellos. Pero él no se puso a adivinar «Entonces David consultó a Dios, y le dijo: «¿Debo atacar a los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano?» Y el Señor le dijo: «Atácalos, que yo los entregaré en tus manos.» (Versículo 10).
No dependas de las suposiciones. Cuando te enfrentes a un problema, busca al Señor por medio de la Palabra y de la oración, y pregúntale cuál es la solución. No importa cuántos pasajes bíblicos aprendas, no importa lo mucho que entiendas quién eres en Jesucristo, nunca estarás exento de buscar a Dios.
Preséntate ante el Señor y descubre exactamente lo que Él quiere que hagas. No decidas por ti mismo para luego pedirle a Dios que bendiga tus planes. Ve a Él y dile: "Señor, ¿cuáles son Tus planes?" Sus planes ya están bendecidos, y si los sigues, tu victoria está garantizada.
Lectura bíblica: 1 Crónicas 14:8-17
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Dios nos ha resucitado para que nos sentemos en los lugares celestiales con ¡Cristo Jesús! Eso es lo que dice la Palabra de Dios. Muy pocos nos hemos atrevido a creer esto de todo corazón. Hemos exaltado a Jesús. Lo hemos exaltado, ¡y con razón! Pero también hemos menospreciado, inconscientemente, lo que Él hizo porque no le hemos permitido que nos dé nuestro lugar a Su lado. Ése fue el propósito de Dios en el Calvario: que ocupáramos un lugar al lado de Jesús, y que nos convirtiéramos en lo que Él ya era.
Jesús no necesitaba ser exaltado. Él ya había sido exaltado antes de venir al mundo. Él ya era uno con el Padre. Jesús no necesitaba obtener autoridad sobre el diablo porque nunca la había perdido.
Jesús se vistió con un cuerpo físico para poder venir al mundo como hombre y ejercer autoridad sobre el pecado, la enfermedad, los demonios, el temor, la pobreza y todas las otras maldiciones que vinieron cuando la ley de la muerte entró en el mundo. Él lo hizo. Él triunfó, y Jesús dominó todo en el mundo intelectual y en el mundo físico. Antes de ascender, Él dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.» (Mateo 28:18), y luego nos otorgó esa autoridad al darnos Su nombre.
Nosotros somos la razón por la cual Jesús vino al mundo a morir y a resucitar. Él no lo hizo para Sí mismo, sino para que ocupáramos nuestro lugar a Su lado, a fin de que pudiéramos llevar Su nombre y ejercer Su autoridad en la Tierra. Él lo hizo para que pudiéramos estar delante de Dios y ser para Él todo lo que Jesús es.
Cuando naciste de nuevo, fuiste hecho ¡la justicia de Dios en Cristo! Por lo tanto, como creyente nacido de nuevo, atrévete a recibir este mensaje, a meditar en él y a ponerlo en práctica. ¡Vamos, atrévete a ocupar tu lugar!
Lectura bíblica: Efesios 2:1-13
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¿Alguna vez has tenido que lidiar con uno de esos problemas que por nada del mundo desaparecen y es inmune a todas las soluciones? Le haces frente desde todos los ángulos y aplicas todos los métodos, pero en lugar de desaparecer más bien se agrandan, se multiplican y quedan fuera de control por completo.
La Biblia nos dice que Faraón enfrentó esa clase de problema hace miles de años. Faraón tuvo una disputa muy fuerte con Dios sobre el futuro de los israelitas, y como resultado de esa disputa, se despertó una mañana y descubrió que su país estaba lleno de ranas: ranas viscosas y malolientes saltando por todas partes.
Era un problema sumamente serio. No hablo de una rana o dos en el jardín. Había ranas en todas partes. Había ranas en las camas y sobre las mesas. Había ranas viejas y grandes en los hornos, ranas en la masa del pan y en el agua potable, ranas en el pelo, ranas en lugares que uno no quisiera para nada encontrar.
Entonces Dios hizo algo: envió a Moisés a preguntarle a Faraón: «…Dígnate indicarme cuándo debo orar por ti, por tus siervos y por tu pueblo, para que las ranas se aparten de ti y de tus casas…».
¿Sabes cómo contestó Faraón?
«Mañana».
¿Te lo imaginas? Él pudo haber dicho: "¡Ahora mismo!". Pero en cambio, decidió que pasaría una noche más entre las ranas.
Tu podrías decir: "Ésa es la cosa más tonta que jamás haya oído. ¿Por qué diría mañana?". No lo sé. Probablemente por la misma razón que tú quieres esperar hasta mañana para ser salvo, sano o próspero.
Observa que, cuando Moisés le hizo a Faraón esa pregunta y él respondió: "Mañana", Moisés dijo: «Así se hará, tal y como lo has dicho, para que sepas que no hay dios como el Señor nuestro Dios.» (Éxodo 8:10).
Déjame preguntarte esto: ¿Por cuánto tiempo permitirás que ese problema te atormente? ¿Cuándo te desharás de las ranas en tu vida? ¿Te das cuenta de que estarán ahí mientras tú las dejes? Las ranas se quedarán ahí hasta que tomes la decisión de acudir a la Palabra de Dios y echarlas.
¿Por qué no lo haces hoy mismo?
Lectura bíblica: Éxodo 8:1-13
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Una vez escuché que un gran hombre de Dios, al ponerse su traje, se miraba en el espejo y decía: "Traje, dondequiera que vayas, Dios va dentro de ti". Él estaba diciendo la verdad. Si te has unido a Dios al recibir a Jesús como tu Señor, a dondequiera que vayas hoy, ¡Dios también irá!
Como creyentes, necesitamos ser más conscientes de esa realidad. Debemos entrenarnos para ser siempre conscientes de que Dios está dentro de nosotros: hablándonos, enseñándonos, aconsejándonos, dándonos poder y llenándonos de Sí mismo.
Necesitamos recordar continuamente que somos un espíritu con Él. Eso significa que cada vez que enfrentemos un problema o que un espíritu maligno trate de influir en nosotros o estorbar nuestra vida, Dios también lo enfrenta. Cuando nos encontramos en situaciones difíciles, Dios también las enfrenta, y ¡Él ya las ha vencido!
Permíteme animarte a que cuando te vistas hoy, te mires en el espejo y declares: "Yo estoy unido al Señor y he llegado a ser un espíritu con Él. Cuerpo, adondequiera que vayas hoy… Dios también va. Dios está dentro de ti. El poder de Dios reside en tu interior. La sabiduría de Dios está en ti. La victoria de Dios mora en ti".
Repítete a ti mismo eso todos los días―muchas veces al día. Sigue haciéndolo hasta que empieces a cultivar el hábito de pensar de esa manera. Crece en el conocimiento de la verdad de que ¡Dios vive dentro de ti!
Lectura bíblica: 1 Corintios 6:17-20
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Si te dieran a escoger entre la vida y la muerte, ¿cuál escogerías? La respuesta parece obvia, pero en realidad no lo es.
Elegir la muerte no significa saltar del puente más cercano; es mucho más sutil que eso.
La Biblia dice que ocuparse de la carne y enredarse en el mundo es muerte. La Biblia también dice que la Palabra de Dios es vida: «Hijo mío, presta atención a mis palabras… Ellas son vida…» (Proverbios 4:20-22).
Ocuparse del mundo es muerte. Ocuparse de la Palabra es vida.
En Lucas 10, hay una historia que ilustra muy bien este principio: Es la historia de María y Marta. Quizás tú la recuerdas. María estaba sentada a los pies de Jesús oyéndolo enseñar mientras que Marta, muy afanada, estaba en la cocina preparando el almuerzo para todos.
Por fin, Marta no soportó más. «…Se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje trabajar sola? ¡Dile que me ayude!» Jesús le respondió: «Marta, Marta, estás preocupada y aturdida con muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará.»» (Lucas 10:40-42).
María había dejado todo a un lado para oír la Palabra. Pero Marta había dejado que los asuntos de la vida, aparentemente importantes, tomaran prioridad sobre la Palabra. Había elegido la muerte en lugar de la vida.
¿Ves lo fácil que es caer en esa trampa?
Podrías decir: "Pero, hermano Copeland, si yo no pasara todo mi tiempo atendiendo los asuntos de la vida, terminaría fracasando".
¿De veras? Marta probablemente pensó lo mismo. Probablemente pensó que si no preparaba el almuerzo para toda esa gente, pasarían hambre. Pero no hubiera sido así. Jesús había alimentado milagrosamente a multitudes, y Él podía hacerlo otra vez en la casa de Marta. Ella pudo haberse sentado a los pies de Jesús y haber disfrutado de un banquete costeado por Dios.
No cometas el mismo error que Marta. No te enredes tanto en los asuntos de la vida para que no escojas, por descuido, la muerte. Decide poner la Palabra en primer lugar. ¡Escoge la vida!
Lectura bíblica: Romanos 8:5-13
© 1997 – 2019 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
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