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353 Chilepodcast -
Lecturas para la Educación Básica.
Cuento: Un Gato en la Biblioteca
347 ChilePodcast -
Cuento: El Gallo y el Botón de Oro.
352 ChilePodcast -
Disculpe. ¿Es usred una Bruja?
Lecturas para la Educación Básica.
Cuento: Disculpe es usted una bruja.
351 ChilePodcast
Lecturas para la Educación Básica.
Cuento: La grulla y el flamenco
Hace mucho tiempo, había una grulla y un flamenco que vivían en los extremos opuestos de cierto lago. Coincidían a veces, pero cada uno llevaba su vida, y se ignoraban mutuamente.
Hasta que un día el flamenco se dijo a sí mismo: «Estoy muy solo, y esta vida es aburrida... Iré a ver a la grulla y le pediré que se case conmigo».
Y eso fue lo que hizo. Al oír su petición, la grulla la rechazó de plano: «Eres feo, tienes las patas muy delgadas y, además, estoy muy tranquila viviendo sola, así que vete ahora mismo». Compungido y triste, el flamenco se marchó.
Transcurridos unos días, la grulla empezó a arrepentirse de haber rechazado tan groseramente al flamenco: «Después de todo, creo que sería buena idea casarme con él... Mejor eso, que pasarme todo el día buscando peces en el lago y soportando a mis compañeras». Con esta determinación, acudió a ver al flamenco.
Cuál no sería su sorpresa cuando el flamenco rechazó su petición: «¡Pues ahora soy yo el que no se quiere casar contigo! ¡Lo he pensado mejor, y estoy mejor solo que aguantando a una grulla maleducada como tú!» Así que la grulla regresó a su lado del lago.
Pocos días pasaron hasta que el flamenco se recriminó a sí mismo el trato que le había dado a su vecina: «No lo entiendo», se dijo, «yo me quiero casar con ella, viene a pedírmelo, y la rechazo... no sé en qué estaría pensando... voy corriendo a decirle que sí».
Mas la grulla, herida en su orgullo, volvió a rechazar la petición del flamenco: «¡Pues ahora yo no me quiero casar contigo! Te di tu oportunidad y la desaprovechaste»
Pero al cabo de varios días la grulla volvió a arrepentirse de haber despreciado al flamenco, y volvió a acudir a él, aceptando su petición... la cual, por supuesto, fue rechazada por el fla
350 ChilePodcast -
Lecturas para la Educación Básica
Cuento: Yo si yo no.
Resulta que hace miles de años vivía un matrimonio de Sapos que se querían mucho y que lo pasaban muy bien a orillas de una charca. La casa en que vivían era de dos pisos, con terraza y todo, y en el verano salían de excursión en una barca hecha con un pedacito de pellín y una vela que les tejiera una Araña amiga. Se mostraban muy elegantes con sus trajes de seda verde y sus plastrones blancos. Y no eran nada de, feos, con sus grandes bocas y sus ojos de chaquira negra.
Por la única cosa que a veces peleaban era porque al señor Sapo le gustaba quedarse conversando con sus amigos de la ciudad Anfibia y llegaba tarde a almorzar y entonces la señora Sapa se enojaba mucho y discutían mucho más aún y a veces las cosas llegaban a un punto muy des agradable.
Y resulta que un día llegó el señor Sapo con las manos metidas en los bolsillos del chaleco, canturreando una canción de moda, muy contento. Y resulta también que ya habían dado las tres de la tarde. ¡En verdad que no era hora para llegar a almorzar! Como nadie saliera a recibirlo, el señor Sapo dijo, llamando:
--Sapita Cua-Cua... Sapita Cua-Cua...
Pero la señora Sapa no apareció. Volvió a llamarla y volvió a obtener el silencio por respuesta. La buscó en el comedor, en el salón, en la cocina, en el repostero, en el escritorio, en la piscina, hasta se asomó a la terraza para otear los alrededores. Pero por ninguna parte hallaba a su mujercita vestida de verde.
De repente, el señor Sapo vio en una mesa del salón un papel que decir:
ALMORCÉ Y SALÍ. NO ME ESPERES EN TODA LA TARDE.
Al señor Sapo le pareció pésima la noticia, ya que no tendría quién le sirviera el almuerzo. Se fue entonces a la cocina, pero vio que todas las ollas estaban vacías, limpias y colgando de sus respectivos soportes. Se fue al repostero y encontró todos los cajones y armarios cerrados con llave.
El señor Sapo comprendió que todo aquello lo había hecho la señora Sapa para darle una lección. Y sin mayores aspavientos se fue donde la señora Rana, que tenía un despacho cerca del sauce d
349 Chilepodcast -
Lecturas para la Educación Básica.
Cuento: El Rey Pico de Tordo.
Un cuento de los hermanos Grimm
Había una vez un rey que tenía una hija cuya belleza física excedía cualquier comparación, pero era tan horrible en su espíritu, tan orgullosa y tan arrogante, que ningún pretendiente lo consideraba adecuado para ella. Los rechazaba uno tras otro, y los ridiculizaba lo más que podía.
En una ocasión el rey hizo una gran fiesta y repartió muchas invitaciones para los jóvenes que estuvieran en condición de casarse, ya fuera vecinos cercanos o visitantes de lejos. El día de la fiesta, los jóvenes fueron colocados en filas de acuerdo a su rango y posición. Primero iban los reyes, luego los grandes duques, después los príncipes, los condes, los barones y por último la clase alta pero no cortesana.
Y la hija del rey fue llevada a través de las filas, y para cada joven ella tenía alguna objeción que hacer: que muy gordo y parece un cerdo, que muy flaco y parece una caña, que muy blanco y parece de cal, que muy alto y parece una varilla, que calvo y parece una bola, que muy... , que...y que...., y siempre inventaba algo para criticar y humillar.
Así que siempre tenía algo que decir en contra de cada uno, pero a ella le simpatizó especialmente un buen rey que sobresalía alto en la fila, pero cuya mandíbula le había crecido un poco en demasía.
-"¡Bien."- gritaba y reía, -"ese tiene una barbilla como la de un tordo!"-
Y desde entonces le dejaron el sobrenombre de Rey Pico de Tordo.
Pero el viejo rey, al ver que su hija no hacía más que mofarse de la gente, y ofender a los pretendientes que allí se habían reunido, se puso furioso, y prometió que ella tendría por esposo al primer mendigo que llegara a sus puertas.
Pocos días después, un músico llegó y cantó bajo las ventanas, tratando de ganar alguito. Cuando el rey lo oyó, ordenó a su criado:
348 ChilePodcast
Lecturas para la Educación Básica
El sapito Colocoy se dirigía a su casa, a descansar de las pesadas tareas del día, cuando, en el camino, se encontró con un zorro.
-¡Quítate de mi camino, feo sapo -le dijo éste-, me incomoda verte siempre saltando! ¿No puedes correr, aunque sea un poquito?
-¡Claro que puedo! – constestó el sapito Colocoy, que, sin ser orgulloso, se sintió terriblemente ofendido de que el zorro le hubiera dicho que andaba siempre a saltos
- Claro que puedo, y mucho más ligero que tú, si se me antoja.
– ¡Ja, ja, ja-rió el zorro-. ¡Qué graciosos eres! ¿Quieres que corramos una carrerita?
– ¿Y en qué topamos? -le contestó el sapito-. Pero lo haremos mañana en la mañana, porque ahora vengo cansado de mi trabajo y no haraganeo como tú. Además, se hace tarde y me espera mi familia para cenar.
– Convenido, pero no faltes, pobre sapito. -dijo el zorro, y en un liviano trote se dirigió, riendo, a su madriguera.
Al día siguiente, mucho antes de que las diucas comenzaran a sacar el alba de sus buches, el sapito Colocoy ya se estaba preparando para la carrera. Puso a sus hijos menores como jueces de grito, en la partida; a su mujer, como juez de llegada; y a su hijo mayor, que era igualito a él, lo escondió en la tierra, unos cuantos metros más allá del punto de llegada.
Empezaba a clarear cuando apareció el zorro.
– ¿Estás listo sapito Colocoy? -le preguntó.
– ¡Mucho rato! ¿Trajiste testigos?
– No me hacen falta, basta y sobra con los tuyos, para el caso presente. Y corramos luego que tengo una invitación a un gallinero y se me está haciendo tarde.
345 ChilePodcast
Lecturas para la Educación Básica...
Cuento: La Bruja Aguja.
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