Audiolibros para el Proceso Lector

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By Carlos Toledo VerdugoEducationLanguage Learning
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Audiolibros para el Proceso Lector episodes

  • 392 El osito que quería patinar

    392 El osito que quería patinar

    Así comienza este cuento:
    “Estaba un día el osito con su mamá y le dijo entre refunfuños:
    -Todos los otros osos tienen patines y van al estanque a patinar.
    Yo quiero ser igual a ellos - Pero si tú tienes patines, yo te compré
    - le dijo su madre-, Falta simplemente que tú aprendas a usarlos.
     
    - Yo ya sé patinar- afirma el osito.
    -¿Es verdad? -pregunta impresionada la mamá-
    ¡Sí! - le respondió osito con entusiasmo
    y partieron los dos al hacia estanque helado.
    Mamá osa le ajustó los patines como se debe,
    el osito se paró y plum al suelo….
     
    Mamá osa lo levantó, pero él cayó y cayó nuevamente.
    -Si yo tuviera un casco, todo sería mejor.
    -dice osito- ¿El del abuelo que era bombero te servirá?-
    Claro que sí -contesta osito, besando a su mamá.
     
    Mamá osa se va entonces a buscar el casco de bombero del abuelo
    y vuelve corriendo. Pero el osito con casco, igual se cae.
    ¡Qué de cabezazos se da osito en el hielo!


    La foca acaba de pasar la cabeza por un hoyo
    perforado en el hielo.

    Mira extrañada y le dice: -¡Ah, con que esto era!.
    ¡Yo me decía que no podía ser, escuchaba sonar campanas,
    pero es solamente osito que aprende a patinar!”

     

     

    4 min
  • 391 El Sol Dormilón.

    03 El Sol Dormilón.

    Una mañana el Sol no se despertó, se quedó acostado detrás de la montaña. A mediodía todo estaba oscuro.
     
    Las flores aún no se habrían, los animales del bosque estaban en pijama
    y todo el mundo tenía frío.
     
    La rana dijo:- “Yo voy a despertar al Sol. Croac, croac, abre los ojos flojo”.
    Pero el Sol no se despertó.

    El león dijo: - “Yo sí que rujo fuerte, hago temblar a todos los animales.
    Yo lo despertaré: Grr, grr, grr, vamos Sol, despiértate.
    ¡Vístete! ¡hay que ir a trabajar!”. Pero el Sol no se despertó.
     
    Todos los animales gritaron a la vez:
    “Sol, Sol, despiértate!” Pero el Sol no se despertó.
     
    Entonces el gallo se paró sobre el techo de una casa
    y cantó muy fuerte y largo rato: - “¡Cocorocooo, quiquiriquii!”.
    Y el Sol comenzó a despertarse y a subir muy alto en el cielo.

    Y de allí en adelante, cada vez que el gallo canta, el Sol se levanta rápidamente,
    pues teme enfermarse de los oídos con ese canto tan fuerte.
    Así se pone sus ropas brillantes y parte de viaje por el cielo…

     

    4 min
  • 390 Maguera el Elefante.

    390 02 Manguera, el Elefante

    En la selva vivía un elefantito llamado Manguera, le llamaban así, porque soñaba con ser bombero.
    Desde muy pequeño este elefantito manejaba su trompa como una verdadera manguera. Regaba las flores y los árboles, bañaba a los pajaritos y a las mariposas e incluso,
    en períodos de mucho calor refrescaba a sus amigos permitiéndoles pasar por el chorro que lanzaba su trompa.


    Cierto día sucedió algo terrible: dos tigrecitos jugaban en medio de la selva.
    Jugaban con algo muy peligroso. ¡Jugaban con fósforos! De pronto se oyó gritar a los pequeños tigres. 


    -¡Socorro! ¡Fuego! Si, en la selva había un incendio, las llamas iban creciendo, creciendo… Pero, por suerte cerca de ahí estaba Manguera; quien rápidamente corrió al río y volvió con la trompa llena de agua; sin perder un segundo echó el chorro sobre las llamas.


    Cuando el fuego se apagó, los animales que habían escapado asustados regresaron y agradecieron mucho al elefantito. ¡Qué feliz se sentía Manguera! ¡Al fin era un verdadero bombero!

    3 min
  • 389 El Avestrucito es un rey.

    01 El Avestrucito es un Rey.

    Un día, el avestrucito jugaba a las escondidas con su mamá avestruz.
    -¿Dónde se ha metido este chiqullín?- dice su mama avestruz.
    -Estoy aquí- grita el bebé avestruz,
    la cabeza metida en la arena justo al lado de su madre.
    -¿Dónde? Yo no te veo - responde haciéndose la sorprendida.-
    Por aquí mamá - grita el avestrucito y saca su cabeza de la arena.
    – Ahora es tu turno - dijo el enseguida.
    La mamá esconde su cabeza en la arena. - Estoy aquí - dice ella.-
    ¿Dónde aquí?- grita aún el avestrucito que daba vueltas alrededor
    de su madre, entreteniéndose en hacer huellas en la arena.
    -Cucú- exclamó la mamá sacando la cabeza fuera de la arena.
    Ella mira alrededor y ¡que ve!
    Un león corriendo a toda velocidad para devorarla.
    -Rápido; escóndete hijito - grita espantada.
    Él hunde la cabeza en la arena y su madre hace lo mismo.
    El león llega con su gran boca abierta, llena de dientes.
    Se detiene al lado de ellos y dice: Brr! -¡Qué animal tan raro!
    ¡Sin cabeza, sin ojos…
    Debe ser un fantasma para meterle miedo a los leones!
    De repente una voz atorada se hace oír; parece salir de la arena.
    -Listo mamá, ¡el león está muerto de miedo!
    -¡Socorro!- -¡Socorro!- grita el león arrancándose hacia el desierto,
    corriendo tan rápido como había venido.

    La avestruz mamá, saca la cabeza de la arena.
    Mira de un lado a otro y dice con una voz llena de orgullo:
    -¡Hijito mío, ahora tu eres el Rey!
    - ¿Y por qué? -pregunta el avestrucito.
    -Porque has hecho huir al león, el rey de los animales.

     

     

    5 min
  • 388 La ostra que perdió su perla. dic 2015

    Había una vez una ostra muy triste, porque se le perdió su perla. Ella le contó su pena
    al pulpo. El pulpo se lo contó a una sardina, la sardina se lo contó a un cangrejo y el
    cangrejo se lo contó a un ratón que andaba merodeando por la playa.
    –Pobre ostra –dijo el ratón–, es preciso encontrar algo que pueda sustituir a la perla
    que ha perdido.
    El cangrejo agregó:
    –Tiene que ser algo blanco, pequeño, duro y brillante. Con esas indicaciones, el ratón
    comenzó a buscar.
    Lo primero que encontró fue un botón que era blanco, brillante y pequeño, pero no
    era duro, ya que lo podía roer con facilidad con sus dientecillos.
    Siguió buscando y encontró una piedrecilla blanca, pequeña y dura, pero no era
    brillante.
    Luego encontró una moneda de plata dura y brillante, pero no era pequeña.
    De repente, el ratón se metió a una casa donde vivía un niño al que acababa de
    caérsele un diente de leche. El niño lo había dejado en el velador. El ratón lo vio y
    comprobó que era blanco, pequeño, duro y brillante.
    –Esto servirá –dijo el ratón–. Sacó el diente del niño y a cambio le dejó una moneda
    de plata.
    Cuando llegó donde la ostra, esta se puso muy contenta, pues el diente de leche era
    igual que su perla perdida.
    Por eso, desde entonces, cuando a un niño se le cae un diente de leche, lo pone
    debajo de la almohada y por la noche un ratón, al que le gusta hacer travesuras, se lo
    lleva y le deja a cambio un regalo, aunque no siempre es una moneda de plata.
    Y el ratón lleva el diente a la playa, se lo da al cangrejo para que se lo dé a una sardina,
    para que se lo dé a un pulpo para que se lo lleve a una ostra que ha perdido su perla.
    Escucha atentamente el siguiente texto:
    La historia de la ostra que perdió su perla

    5 min
  • 387 Una Mariposa Astronauta dic 2015

    Un día, una hermosa mariposa volaba muy contenta entre
    muchas ores de colores. De pronto, una rosa roja le preguntó:
    —¿Alguna vez has volado tan alto, hasta llegar al sol?
    La mariposa contestó:
    —Me gustaría volar hasta el cielo para ver la luna bella,
    para jugar con el sol y también con las estrellas.
    La mariposa su vuelo siguió y de pronto con la abeja se
    encontró. Le contó que hasta el sol y otros planetas le gustaría viajar. Y la abeja le
    dijo sin titubear:
    —Si quieres volar tan alto y a otros planetas llegar, debes
    tener un buen traje espacial.
    Entonces, la mariposa pidió a su amiga la araña, que hacía ropas de telarañas,
    que le confeccionara un traje espacial.
    La araña con decisión aceptó la petición:
    —Un traje espacial contenta te haré, con hebras de plata te lo coseré.
    En ese momento, llegó el pequeño
    grillo curioso y a la mariposa le dijo que,
    para poder viajar, también necesitaba
    una nave espacial:
    —Si no tienes una nave, no podrás tu viaje hacer, tus alitas
    son pequeñas y al
    viento no podrán vencer.
    Entonces la mariposa pidió al gusano constructor que le
    hiciera una nave espacial.
    El gusano se puso muy contento y le dijo al momento:
    —Una nave te haré, pero tienes que saber manejarla muy
    bien, al derecho y al revés.
    Finalmente, una amable hormiga del vecindario ayudó a la
    mariposa a ordenar todas las cosas y le dio algunos consejos para ese viaje
    tan lejos:
    —No te acerques tanto al sol, te dará mucho calor. Ni te
    alejes tanto de él, pues mucho frío puedes tener.
    Y el momento de partir llegó por n. Todos hicieron una
    ronda muy hermosa para despedir a la mariposa.
    —Cuando estés en el espacio, escríbenos un mensaje, que
    se lea en todas partes, para saber de tu viaje.
    Y la hermosa mariposa que volaba entre las ores, su sueño
    logró alcanzar, subió tan alto, tan alto que al n con el sol y la luna pudo jugar.


    Sonia Jorquera C.

    6 min
  • 385 El Pinguino Friolento

    En el último rincón del mundo, al sur de Chile, vivía un
    pingüino llamado Gonzalo.
    Él siempre estaba tiritando de frío y andaba muy abrigado
    con gorro, bufanda y guantes de lana. Por eso, todos los
    llamaban Brrr, el pingüino friolento.
    Brrr se lo pasaba encerrado en su refugio, al lado de la
    fogata, comiendo sardinas en conserva, leyendo revistas de
    turismo y soñando con viajar al norte, tal vez a Tongoy o a
    Antofagasta, porque una gaviota le había contado que allá
    hacía mucho calor.
    Brrr se sentía muy solo cuando miraba por la ventana y veía a
    sus amigos nadando, esquiando o deslizándose en la nieve.
    Pero cada vez que Brrr metía una pata al agua, se entumía
    de frío, terminaba enfermo en cama, con ebre, tomando
    limonada caliente y usando guatero.
    Realmente Brrr no soportaba más, así es que un día decidió
    hacer su viaje. En cuanto el sol se asomó por entre los hielos
    eternos, Brrr se abrigó con su traje de pingüino impecable
    y puso en su mochila: un traje de baño, bronceador, lentes
    de sol y una foto de la playa del norte donde soñaba pasar
    el resto de su vida.
    En su despedida, sus familiares y amigos hicieron un brindis
    de limonada con hielos milenarios. Brrr se zambulló de un
    piquero y muchos pingüinos lo acompañaron nadando
    unas cuantas millas.
    El pingüino Brrr nadó por muchas horas, por muchos días,
    por varias semanas y el agua seguía estando muy, pero muy
    helada. De cuando en cuando, se detenía a descansar en
    algún hielo otante y miraba hacia el norte, buscando el sol.
    Brrr
    Brrr Gonzalo
    gorroguantesestufafogatacalcetines
    Una mañana, zambulléndose tras unos calamares, sintió que él y su desayuno eran
    elevados por los aires dentro de una red. Había llegado sin querer a la cubierta de un
    barco pesquero. Cuando los pescadores lo vieron, Brrr solo atinó a decir ¡brrr- brrr! La
    tripulación, desde ese día también lo llamó Brrr.
    Brrr trabajó como ayudante de cocina y aprendió a hacer caldillo de congrio y
    pescado frito. Así, después de muchos días de viaje, dejaron atrás el blanco de la
    nieve.
    De pronto, Brrr vio un pueblo costero lleno de colores, de gaviotas y pelícanos, de
    hombres que cargaban canastos repletos de pescados y mariscos, de niños que se
    mojaban los pies y arrancaban de las olas y de gente que tomaba el sol tendida en
    la arena.
    Corriendo lo más rápido que le permitían sus patitas, Brrr fue a la cabina del capitán
    a buscar su mochila. Sacó la foto que traía y la miró sorprendido: ¡Era el mismo lugar
    de sus sueños! Brrr por n había llegado al norte.
    Maga Villalón (Adaptación).

    6 min
  • 384 Cuento El Gran Vuelo

    Había un gran gran bosque.

    En el bosque una gran gran colina.

    En la colina una gran gran casa.

    En la casa una gran gran mesa.

    En la mesa una gran gran olla.

    En la olla un gran gran cucharón...

    5 min
  • 383 Un día muy nublado

    Texto de Mariana Acosta
    Ilustración de Francesca Ratto

    Un día nublado, muy nublado
    el bosque se veía triste y apagado.
    Los insectos estaban aburridos
    sin sol se quedaban dormidos.

    ¡Voy a hacer una fiesta!, dijo la mariposa María
    ¡Este bosque necesita alegría!

    El saltamontes Benjamín,
    con cortezas inventó un violín.

    El escarabajo Emiliano,
    con las hojas hizo un piano.


    Clarita la cigarra,
    afilando raíces creó una guitarra.

    La araña Anacleta,
    con sus patas armó una trompeta.

    El grillo Gastón,
    se convirtió en guitarrón.

    Los ciempiés amarillos,
    con tarros de lata hicieron platillos.

    El moscardón Igor,
    de un tronco ahuecado hizo un tambor.

    Desde ese día, cada vez que amanecía nublado, muy nublado, los insectos inventaban la orquesta
    y entre todos armaban la fiesta.

    Nunca más se sintieron aburridos
    ni mucho menos se quedaron dormidos,

    y dos tocaban por tres en una cáscara de nuez,
    ¿Quieren que se los cuente otra vez? 

    3 min

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