Audiolibros Vanelix

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Audiolibros Vanelix episodes

  • Vuelvo a tu casa

    El matrimonio formado por Eliza y Fred seencontraba durmiendo plácidamente cuando el timbre empezó a sonar fuertemente alas tres de la madrugada. ¿Quién podría ser a esas horas? Abrieron la puerta yse encontraron a su hija Cybill. Ella acaba de abandonar la casa donde estabaviviendo con su marido, ya que había decidido separarse de él.

    2 hr 26 min
  • Ya llegará tu hora

    Por otra parte,su suegro tenía dinero. No sabía cuánto, pero sí el suficiente para vivir encualquier otro lugar, solo o en una residencia para ancianos, cara y elegante.
    ¿Por qué no?
    Tenía que madurar la idea.
    Comoquiera que fuese llevaba tres años casada ysiempre rumiando lo mismo.
    En seguida de casarse le pesó el viejo.
    Incluso necesitaba la habitación que ocupaba.Por cierto que siempre la tenía llena de libros y cachivaches. Le vendría muybien levantarlo todo y preparar la alcoba para cuarto de juegos del niño.
    Puede que ella fuera egoísta, pero si seanalizaba a fondo no era egoísmo, sino razón.

    2 hr 16 min
  • Me caso con mi marido

    —¿Le conoce usted?

    —¿Y quién no conoce a Jack? No hay tipo en esta comarca, me refiero a Nampa y Boise, que no conozca a Jack Foggiel —la miró un segundo— ¿Y dice usted que es su esposa? ¿Cómo es eso? Jack no salió del estado de Indaho en todo este tiempo. Es decir, mi granja y la suya están casi pegadas. Al menos las fincas. Y resulta que Jack, estoy yo bien seguro, no salió de ahí desde que entró. Y de eso ya hace tiempo. Hemos recogido más de diez cosechas de patatas, desde que Jack no dejó la comarca.

    —Me... me... —titubeó aún— Me casé por poderes.

     



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    2 hr 55 min
  • Hay algo más que deseo

    Nunca prometió lo que no podía cumplir.

    Eso le pasó con Doris.

    Y para evitar mayores amarguras, se fue. Un día cualquiera.

    Abrió los ojos.

    Miró en torno con extraviada expresión.

    Dolía todo aquello.

    Dolía el recuerdo.

    Él nunca pudo olvidar a Doris. ¿Por qué tenía el destino que encontrarlos de nuevo, que enfrentarlos?

    Claro que Doris seghuramente le habría olvidado ya.

    ¿Por qué iba a recordarlo después de tantos años?



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    2 hr 15 min
  • Él y el otro

    —¿No ha venido Beatriz?

    —No tardará.

    Paulino Ordiozola dejóse caer en una silla junto a la mesa de la cocina y su esposa salió y regresó minutos después con las zapatillas y el batín.

    —Gracias —dijo el marido, procediendo a quitarse los zapatos y la americana, lo cual, a juzgar por la naturalidad de sus movimientos, era lo que hacía todos los días—. Hace un frío endemoniado.

    Teresa recogió los zapatos y la americana y salió con ello, regresando minutos después con un periódico en la mano.

    —Entretente, mientras no llega tu hija.

    —¿Por qué tarda tanto?

    —Hombre, las amigas...

    —A las siete deja la oficina —murmuró Paulino—. Son las nueve. No me gusta que Beatriz ande por ahí con sus amigas.

    —Quizá haya subido a casa de María sin entrar aquí. No es la primera vez.

    —Pregunta por teléfono.

    Teresa se dirigió a la salita contigua y marcó un número en el aparato telefónico.

    Regresó de nuevo al lado de su esposo.

    —No está María. Ha ido a la iglesia. Estaba sólo César. Dijo que Beatriz no estuvo allí en todo el día.

    Paulino rezongó algo entre dientes.




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    2 hr 43 min
  • Me caso con mi marido

    —¿Le conoce usted?

    —¿Y quién no conoce a Jack? No hay tipo en esta comarca, me refiero a Nampa y Boise, que no conozca a Jack Foggiel —la miró un segundo— ¿Y dice usted que es su esposa? ¿Cómo es eso? Jack no salió del estado de Indaho en todo este tiempo. Es decir, mi granja y la suya están casi pegadas. Al menos las fincas. Y resulta que Jack, estoy yo bien seguro, no salió de ahí desde que entró. Y de eso ya hace tiempo. Hemos recogido más de diez cosechas de patatas, desde que Jack no dejó la comarca.

    —Me... me... —titubeó aún— Me casé por poderes.



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    2 hr 55 min
  • Mamá no se casa

    Tengo demasiado que contar y ahora ya sé que voy a hacerlo.

    Que necesito hacerlo y que además me gusta hacerlo.

    Cuando se fue consolidando mi amistad con César Munguía casi sin darme cuenta, dejé de escribir. Pero retorné a ello cuando me vi abocada a un nuevo fracaso.

    Es por eso que al empezar nuevamente, lo hago por el principio.

    Sí, contaré a grandes rasgos mi vida desde los catorce años.

    O quizás antes.



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    1 hr 58 min
  • La inquietud de mi hijo

    Antes de terminar la carrera de económicas, Nicolás ya llevaba la contabilidad de la mercería de su madre. Una vez terminada, Merche le propuso quedarse en el negocio, pero Nicolás adujo que, si bien no dejaría de llevarle la contabilidad, él prefería colocarse por su cuenta y depender de sí mismo. A eso Merche le propuso la cesión de la mercería, pero también Nicolás opuso sus razones para rechazar el ofrecimiento. No era tendero ni nunca podría ser dependiente ni había estudiado económicas para vender botones, puntillas e hilos.

    Merche no se ofendió, al contrario, consideró que su hijo tenía toda la razón.

    Lo comentó luego con Dedi, su hija, y la muchacha sonrió cariñosa advirtiéndole a su madre que Nicolás estaba en lo cierto y mejor para él.

    Ella, a su vez, estaba instalada como médico con su esposo en una clínica montada en una calle principal de la ciudad, amén de ser ambos pertenecientes al Seguro de Enfermedad en los ambulatorios, a los cuales acudían dos horas en las mañanas, por lo que pensar en ponerse a vender en la mercería resultaba demencial.



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    2 hr 5 min
  • Esposa fiel

    Peter Thompson contaba sesenta años, pero su aspecto era saludable y vigoroso. Conjuntamente con su hijo Jason presidía aquella empresa astillera, heredada ya de sus padres y aquéllos de sus abuelos y quizá perteneció a los Thompson de muchas generaciones antes.

    A la sazón, si bien honoríficamente, seguía siendo el presidente de la compañía, el verdadero motor de la empresa era su único hijo Jason.

    De todos modos y con bastante frecuencia, aparecía por las oficinas de los astilleros, aunque también muy bien podía irse en su yate a recorrer los mares y no regresaba en dos semanas o tres, e incluso en dos meses.

    Jason tenía muchos defectos. ¡Qué no iba a saber él, si era su padre!

    Pero como persona competente para dirigir la empresa, resultaba perfecto. Cierto que él le adiestró desde muy joven. Y si bien Jason hizo su carrera de ingeniero naval, nunca por ello dejó de pasar por los astilleros, y poco a poco se fue poniendo al tanto del engranaje.

    Por otra parte, la gente le quería.



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    2 hr 22 min
  • Eres una embustera

    —Por supuesto. Eres joven, llevas aquí solo dos meses y has hecho cosas importantes. Se te considera. Serás un traumatólogo excelente.

    —Iré a ver tu clínica esta tarde. ¿Te parece?

    Germán guardaba los documentos firmados.

    —Te espero a las siete y media, que es cuando suelo cerrar la clínica.

    —Estaré allí.

    Pero no estuvo.

    Primero quiso hacer otra cosa.

    Porque para ver la clínica de Germán siempre era momento apropiado y aquello otro, no…



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    2 hr 6 min

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