Para mí, fue demasiado difícil acostumbrarme a otro estilo de vida, dejar de comer alitas, hamburguesas y comida china fue lo que más me costó, y a la fecha me sigue costando; pues a esa edad yo quería comer de todo, sin límites, era de los que piden una pizza familiar con una soda de un litro para el almuerzo o cena, sin saber el gran daño que le causaba a mi cuerpo...
Los primeros años sentí una diferencia muy grande en mi vida, pero, seguí adelante, terminé bachillerato y empecé la universidad, y gracias a Dios sigo en pie; siempre en control con mi diabetes, con altos y bajos; y con el firme propósito de mantenerme saludable.