En este capítulo cuento como descubro mi necesidad de intervenir siempre en las actividades de mis hijos, con mis mejores intenciones, si, pero sin confiar en que ellos sean capaces de encontrar la solución. ¿Por qué no? Y dejo que la experiencia me demuestre que SI lo son y que la mejor respuesta a una pregunta está en uno mismo. Esa es la dirección en la que decido acompañarlos, si me acuerdo 😉
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