En este episodio hablamos de tratamientos corporales poniendo el foco en un factor que lo cambia todo y, sin embargo, pasa desapercibido muchas veces: la inflamación. Nos acompaña Estela de Abajo (fisioterapeuta, esteticista y especialista en drenaje linfático) para explicar por qué, cuando alguien dice “me sobra barriga”, no siempre está hablando solo de grasa: a menudo hay un cuerpo inflamado, con o sin grasa asociada, y eso condiciona por completo la respuesta a cualquier tratamiento reductor.
Desgranamos cómo la inflamación crónica puede bloquear los mecanismos naturales del cuerpo para eliminar grasa, especialmente en el abdomen: afecta a la circulación, favorece la retención de líquidos y altera el metabolismo. La idea es muy gráfica: intentar “reducir” sin tratar antes la inflamación es como querer reformar una casa sin retirar los escombros. Por eso, sin desinflamar primero, muchos tratamientos estéticos no dan los resultados esperados.
También abordamos de dónde puede venir esa inflamación y matizamos algo importante: en estética se trabaja sobre personas sanas, así que no se tratan alteraciones médicas internas (hormonales, digestivas, resistencia a la insulina, intolerancias no detectadas…), pero sí se actúa sobre lo que depende del estilo de vida: estrés sostenido, mala alimentación y poco descanso. Todo eso inflama, y el cuerpo, en lugar de quemar, tiende a retener, sobre todo en la zona abdominal.
A partir de ahí, el enfoque es claro: antes de reducir, hay que desinflamar. Hablamos de desinflamar, drenar y “limpiar” tejidos como punto de partida, combinando trabajo manual, aparatología y acompañamiento (incluido asesoramiento nutricional y micronutrición cuando procede), y valorando si hace falta un abordaje complementario con otros profesionales (fisioterapia, actividad física, reeducación postural, fortalecimiento).
Cerramos con una pregunta clave: ¿cómo saber si es inflamación o grasa? La respuesta está en un diagnóstico profesional: no basta con pesarse o medirse. Hay que explorar, observar textura, tipo de hinchazón, respuesta al tacto, presencia de molestias… y escuchar la historia de la persona. Porque el cuerpo, igual que la piel, “habla” si sabemos leerlo.