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Hoy analizamos el informe de páginas de entrada. Qué es, cómo interpretarlo y qué acciones podemos tomar con esa información.
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Ahora sí, vamos al lío. Hoy quiero hablaros de uno de esos informes de Analytics que, aunque no suele ser el más popular, es de los más potentes para entender cómo funciona una web de verdad: el informe de páginas de entrada.
Antes de nada, aclaremos conceptos. Tradicionalmente se ha hablado de landing pages o páginas de aterrizaje, pero a mí este término no me acaba de convencer. Suele asociarse a páginas creadas expresamente para vender, con anuncios, CTAs agresivos y campañas de Ads detrás. Y no va de eso. Aquí hablamos de páginas de entrada, es decir, la primera página que ve un usuario cuando inicia una sesión en vuestra web.
Y ojo, porque esa página no tiene por qué ser la home. De hecho, muchas veces no lo es. Puede ser un post del blog, una categoría, una ficha de producto o cualquier URL que tengáis publicada. Cualquiera. La página de entrada es simplemente por dónde empieza la visita.
¿Por qué es tan importante este informe? Porque nos dice cómo nos descubren. No solo desde dónde vienen (Google, redes, tráfico directo…), sino a qué página llegan primero. Y aquí es donde empiezan las sorpresas. A veces descubrimos que hay un post olvidado, una página que nadie tenía en el radar, que se ha posicionado muy bien y está trayendo tráfico… y conversiones.
De hecho, lo realmente interesante llega cuando segmentamos por visitas que han convertido. Ahí es cuando vemos qué páginas de entrada no solo atraen visitas, sino que generan resultados. Puede que la home aparezca la primera, sí, pero casi siempre hay muchas otras páginas que están funcionando igual o mejor. Y esas son las que deberíamos analizar a fondo para entender qué tienen de especial.
Las páginas de entrada son clave por dos motivos principales. Primero, porque son la primera impresión. Y ya sabéis: no hay segundas oportunidades para una primera impresión. Y segundo, porque son las únicas páginas que pueden provocar rebote. El rebote solo puede darse en la página de entrada. El usuario llega, ve algo… y se va.
Por eso es tan útil cruzar este informe con conversiones. Veréis que las páginas que convierten suelen tener rebote cero, por definición. La pregunta no es esa, sino otra mucho más importante: ¿por qué funcionan? ¿Qué tienen que hace que la gente no se vaya y siga avanzando?
Aquí aparece uno de los errores más habituales: pensar que solo la home o las landings “de campaña” deben estar bien pensadas. No. Todas y cada una de las páginas de vuestra web deberían funcionar como página de entrada. Siempre deberíamos preguntarnos: ¿qué pasa si alguien llega directamente aquí? ¿Tiene claro quiénes somos? ¿Sabe qué puede hacer a continuación?
Lo que deberíamos evitar a toda costa es el callejón sin salida. Esa página que informa, sí, pero que no invita a hacer nada más. Da igual que sea un post de blog. Siempre debería haber una siguiente acción posible: un enlace a contenido relacionado, un CTA contextual, un reproductor, un PDF, otro episodio… algo. No hace falta ser agresivos, pero sí guiar un poco, como en Ikea, con la famosa flechita que te dice “sigue por aquí”.
Otro punto clave es cruzar las páginas de entrada con los canales. No todas las páginas funcionan igual con todas las fuentes. Puede que una página tenga una conversión mediocre en global, pero si segmentamos vemos que convierte muchísimo cuando el tráfico viene de Google orgánico, y fatal cuando viene de pago. Si solo miramos el promedio, nos perdemos esta información tan valiosa.
Por eso, el análisis no se hace solo mirando el listado general. Hay que ir una a una, al menos las principales. Yo siempre recomiendo analizar las diez primeras (quitando la home) y hacerse preguntas como:
Y algo que siempre digo: deberíais saber cuáles son vuestras páginas de entrada que más convierten. No todas, pero sí las 2, 3 o 5 principales. Si tenéis un negocio online y no sabéis esto, mal. Muy mal. Es información básica para tomar decisiones.
Por último, como con cualquier métrica, hay que compararla consigo misma a lo largo del tiempo. Ver si esa página convierte más o menos que antes, si se ha estancado o si ha caído. Y cuando cae, preguntarse por qué. A veces la respuesta está en algo tan simple como un cambio que hicimos sin darnos cuenta.
Así que ya lo sabéis: antes de iros a la cabalgata de Reyes, echadle un vistazo al informe de páginas de entrada. Quitad la home, mirad cuáles os traen conversiones y analizadlas con cariño. Estoy convencido de que de ahí saldrá, como mínimo, una buena decisión para vuestro negocio.
Muchas gracias a todos por vuestras valoraciones de cinco estrellas en Apple Podcasts y Spotify, suscribiros a los cursos para emprendedores y por estar ahí, al otro lado. Como siempre digo, sin vosotros, esto no sería lo que es. Sin vosotros esto simplemente, no sería.
Nos escuchamos mañana martes con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Feliz día de Reyes!
Hoy hablamos de los eventos. Una métrica que podemos hacer a medida, que enriquece y cambia por completo los informes y métricas de nuestra web.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Hoy finaliza el curso de Descript, una estupenda herramienta para editar audio y video a partir de texto, con varias funcionalidades de IA que son una gozada. ¡A por él!
Y ahora sí, vamos al lío. Quiero hablaros de una de esas maravillas que, cuando las entiendes bien, te cambian por completo la forma de mirar Analytics: los eventos.
Mirar Analytics sin eventos es, básicamente, quedarse con media película. Sí, vemos páginas vistas, sesiones, conversiones… y oye, las conversiones ya nos dicen algo. Pero aun así, nos falta la parte más importante: el comportamiento real de las personas que visitan nuestra web. Los eventos son justo eso: acciones concretas que hace el usuario y que nosotros decidimos medir.
Recordemos que este episodio es premium. Si queréis escucharlo, podéis suscribiros a Boluda.com, y además de los episodios premium, podréis acceder a todos los cursos para emprendedores.
Así que mi recomendación es clara: pensad primero qué os interesa medir, tal y como os he contado, definid esos eventos clave, implementadlos con los plugins que hemos visto, y luego volved a mirar los informes. Veréis que el salto es brutal, de verdad.
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Es viernes, o sea que ya sabéis lo que toca: Descansad, relajaros y recargad pilas, porque regresamos el lunes con más métricas navideñas. Hasta entonces, ¡muy buen fin de semana!
Hoy hablamos de la tasa de conversión. Qué es, cómo calcularlas, valores promedio en los que debería estar, cómo deberíamos segmentarla, y mucho más.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Estamos entrando ya en la recta final del curso de Descript, una estupenda herramienta para editar audio y video a partir de texto, con varias funcionalidades de IA que son una gozada. ¡A por él!
Y ahora sí, vamos al lío. Hoy vemos la madre de todas las métricas: la tasa de conversión. Porque si hay una métrica que conecta directamente el tráfico con el negocio, es esta.
Se trata del porcentaje de usuarios o de sesiones que completan una acción concreta. Y aquí viene la clave importante: una conversión no es necesariamente una venta. Una conversión es, simplemente, un objetivo cumplido. Punto.
Muchas veces ese objetivo será vender, claro, pero no siempre. Puede ser una suscripción a una newsletter, un registro gratuito, una descarga, un clic en un botón, o incluso algo tan sencillo como mostrar un teléfono oculto en un portal inmobiliario. Si la acción que habíamos definido como objetivo se cumple, eso es una conversión.
La fórmula, además, es insultantemente simple: conversiones dividido entre visitas. Nada más. Una conversión entre 100 visitas es un 1%. Dos conversiones entre 100 visitas, un 2%. Diez conversiones entre 1.000 visitas, otra vez un 1%. Aquí no hay interpretaciones ni "depende de la interpretación del juez". Es una simple división.
Esta métrica es muy importante porque conecta las visitas con el negocio. Nos dice cuántas de las personas que llegan a aportar valor: ingresos, leads, contactos, registros en el CRM o lo que sea que tengamos definido como objetivo. Da contexto a todas las demás métricas y, además, tiene algo muy potente: se puede optimizar sin necesidad de aumentar el tráfico.
Imaginemos que tenemos 1.000 visitas al mes y una tasa de conversión del 1%. Podemos intentar atraer más tráfico, claro, pero llega un punto en el que vuestro mercado es el que es. El famoso TAM, SAM y SOM. Quizá ya estáis llegando a casi todo vuestro público potencial. En ese caso, mejorar la tasa de conversión de un 1% a un 2% implica duplicar resultados con el mismo tráfico. Y eso, en muchos negocios, impacta directa o indirectamente en los ingresos.
Eso sí, cuando analizamos la tasa de conversión, no basta con mirar el dato global. Es imprescindible segmentar. Como mínimo, por canal: orgánico, redes sociales, tráfico directo, email, publicidad. Y si queremos afinar más, por fuente y medio. Porque no convierte igual alguien que llega desde Google orgánico que alguien que viene de un anuncio, ni alguien que llega desde redes sociales de forma orgánica que desde una campaña pagada.
De hecho, aquí suelen aparecer sorpresas. Puede que tengáis una tasa de conversión global del 1%, pero al segmentar veáis que en Google orgánico es del 2% y en redes sociales es del 0%. Si no miráis esto, seguiréis repartiendo esfuerzos sin saber que quizá estáis invirtiendo tiempo, dinero y energía en un canal que no convierte nada.
Además de la tasa en sí, hay dos factores más que no podemos ignorar. El primero es el volumen absoluto de conversiones. Una tasa del 5% suena espectacular, pero si solo tenéis 20 visitas al año, eso se traduce en una conversión anual. Y el segundo es el coste por conversión. Podemos tener una tasa muy alta y muchas ventas, pero perder dinero si captar cada cliente nos cuesta más de lo que nos deja. Aquí es donde entran en juego métricas como el CAC, que ya hemos comentado en este ciclo.
Llegados a este punto, siempre hago la misma pregunta: ¿cuál es vuestra tasa de conversión? No solo la global, sino también por canal y, si puede ser, por fuente y medio. A partir de ahí podemos hablar de valores de referencia, pero siempre con pinzas.
A nivel muy general, y solo como orientación, en e-commerce suele moverse entre el 1% y el 3%. En lead magnets puede subir al 2%–10%. En newsletters, entre el 1% y el 5%. En SaaS, en pruebas gratuitas, puede ir del 5% al 20%. Y en landings muy calientes, incluso superar el 10%. Insisto: son rangos amplios, orientativos y muy dependientes del contexto.
Por eso, más importante que compararnos con el mercado es compararnos con nosotros mismos. Nuestro mejor benchmark es nuestro histórico: mes contra mes, año contra año, o el antes y el después de un cambio concreto. Pasar de un 1% a un 1,1% ya es una mejora. No esperéis saltos mágicos del 1% al 10% de un día para otro. Esto va de pequeños ajustes constantes: un copy, un botón, una propuesta de valor, un precio. Como un bonsái, poco a poco.
Así que nada de frustrarse si estamos por debajo del promedio. El promedio es eso: un promedio. Hay gente por encima y gente por debajo. Lo importante es mejorar nuestro dato, entender qué funciona y qué no, y seguir optimizando. Sin agobiarse.
Y ahora sí, lo dejo aquí, que me he alargado más de lo previsto, siendo día 1 y con la resaca de Nochevieja aún presente. :)
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Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Feliz 2026!
Hoy hablamos del informe de canales de adquisición, y del de fuente y medio. Veremos en qué se diferencia, para qué sirve cada uno, y cómo analizarlos.
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Ahora sí, vamos al lío. Vamos a hablar de canales, fuentes y medios. Tres conceptos muy habituales en analítica… y también muy fáciles de mezclar si no los tenemos claros. Así que en este episodio quiero poner un poco de orden, explicar las diferencias y, sobre todo, ver cuándo mirar cada informe y para qué sirve realmente.
Cuando entramos en cualquier herramienta de analítica, uno de los primeros informes que solemos mirar es el de canales de adquisición. Aquí lo que hace la plataforma es agrupar el tráfico en grandes bloques: orgánico, directo, social, referidos, email, pago, etc. No es una agrupación aleatoria, sino contextual, y está bien pensada para darnos una visión rápida de por dónde nos llega la audiencia.
Este informe es muy útil para detectar tendencias generales. Por ejemplo, ver que la mayoría de conversiones vienen de redes sociales puede llevarnos a una decisión estratégica clara: potenciar ese canal. El problema es que ahí se queda. El canal nos dice el "qué", pero no el "cómo".
Es un poco como ir al médico y que te diga: tienes fiebre. Vale, perfecto, ya sabemos algo. Pero ahora necesitamos saber qué la provoca para decidir el tratamiento concreto. Con los canales pasa lo mismo: nos orientan, pero no nos permiten afinar.
Para eso está el siguiente nivel: el informe de fuente/medio, que normalmente aparece siempre junto, separado por una barra. Y aquí conviene entender bien cada parte.
La fuente responde a una pregunta muy simple: ¿de dónde viene el usuario? Google, Facebook, una newsletter, una web concreta, un blog, un podcast… Es el origen exacto del tráfico.
El medio, en cambio, nos dice cómo ha llegado ese usuario. Es decir, el tipo de tráfico: orgánico, de pago, referido, email, afiliado, etc. Así podemos distinguir, por ejemplo, entre Google orgánico y Google Ads, o entre Facebook orgánico y Facebook de pago.
Por eso se suelen mostrar juntos: porque combinando ambos sabemos de dónde viene la visita y en qué condiciones. Y aquí sí, aquí ya podemos empezar a tomar decisiones de verdad.
Mientras que los canales sirven para tener una visión rápida y estratégica del negocio, fuente y medio son el informe que debemos mirar cuando queremos optimizar campañas, ajustar presupuestos o decidir dónde invertir. De hecho, si hay dinero de por medio, casi siempre la respuesta es clara: hay que mirar fuente/medio.
Uno de los errores más habituales es mezclarlo todo, analizar sin segmentar o confiar ciegamente en métricas como el canal "directo", que puede significar muchas cosas distintas: gente que escribe la URL, que nos tiene en favoritos, que viene desde un enlace sin etiquetar… Otro fallo clásico es no usar las UTMs, que son esas etiquetas en las URLs que permiten decirle a la herramienta de analítica exactamente qué campaña, medio o acción está generando ese tráfico. Hablo de esto más a fondo en el episodio 1020. Herramienta URL Google.
Pero no se trata solo de ver qué trae más visitas. Lo importante es qué trae mejores visitas. Y aquí entra en juego algo clave en Analytics 4: el engagement. Ya no se pone tanto el foco en el rebote, sino en su contrario: el engagement rate. Una visita se considera con engagement si cumple al menos una de estas condiciones: dura más de 10 segundos, tiene más de una página vista o genera una conversión. Es decir, visitas con un mínimo de calidad.
Si filtramos nuestros informes para quedarnos solo con las visitas con engagement, o directamente con las que han convertido, el informe de fuente/medio se convierte en una auténtica joya. De repente vemos con claridad qué combinaciones nos están dando resultados reales.
Podemos ordenar por número de conversiones, por porcentaje de conversión e incluso, si tenemos todo bien configurado, por facturación generada. Y si además tenemos las plataformas de publicidad bien vinculadas, también veremos el gasto. Así podemos comparar fácilmente cuánto hemos invertido en un canal y cuánto nos ha devuelto.
Ahí es donde la analítica deja de ser un montón de números y pasa a ser una herramienta para decidir: qué escalar, qué mantener y qué recortar.
Mi recomendación es muy clara. Entrad en vuestra herramienta de analítica, id al informe de fuente/medio, filtrad por visitas con engagement o por conversiones, ordenad de mayor a menor y fijaos en ese top cinco o top diez. Veréis que suele haber unas pocas fuentes que destacan claramente y luego una larga cola.
Y ahora la pregunta clave: ¿les estáis dando el cariño que merecen?
A veces será Google, a veces una red social concreta, pero en otras ocasiones os encontraréis con referidos inesperados: un blog, un podcast, un canal de YouTube que os está enviando tráfico de calidad y conversiones sin que os hayáis dado cuenta. En esos casos, quizá lo más inteligente sea contactar con esa persona y potenciar esa colaboración que ya está funcionando.
En fin, hasta aquí el episodio de hoy. Espero que os ayude a entender mejor estos informes y, sobre todo, a usarlos para tomar mejores decisiones.
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Hoy hablamos del tiempo medio de página y sesión. Cómo saber cuál es el óptimo, cómo mejorarlo, y qué deberíamos tener en cuenta al analizarlo.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Ayer empezó el curso de Descript, una estupenda herramienta para editar audio y video a partir de texto, con varias funcionalidades de IA que son una maravilla. ¡A por él!
Ahora sí, vamos al lío. Hoy vamos a hablar de dos métricas que siempre van de la mano y que suelen generar bastante confusión: el tiempo medio en página y la duración media de la sesión. Son métricas clásicas, muy conocidas, pero también muy mal interpretadas si no se entienden bien.
Cuando hablamos de tiempo medio en página, nos referimos al tiempo que una persona pasa en una URL concreta de nuestra web. No en toda la web, sino en una página específica. Por ejemplo, alguien entra en la home, se queda unos segundos, luego hace clic en un producto, después mira el carrito, pasa por el checkout… Todo ese tiempo se reparte entre páginas distintas. Cada una tiene su propio tiempo medio.
En cambio, la duración media de la sesión es el tiempo total de la visita. Desde que alguien entra en la web hasta que se va, ya sea porque cierra el navegador, cambia de pestaña o se va a otra web. Es decir, la sesión es el conjunto de todas esas páginas vistas durante una misma visita.
Es importante tener clara esta diferencia, porque muchas veces se habla del tiempo en página cuando en realidad se está pensando en el tiempo total de la visita.
Aquí aparece un problema clásico que ya comentamos al hablar de la tasa de rebote: la última interacción. Analytics (y herramientas similares) solo puede medir el tiempo entre acciones. Cuando alguien hace clic y pasa de una página a otra, sabemos cuánto tiempo ha estado en la primera. Pero la última página de la sesión suele contar como cero, porque no hay un “clic de me voy”. Simplemente la persona se va… y no sabemos cuándo.
Esto provoca que tanto el tiempo medio en página como la duración media de la sesión estén siempre un poco sesgados. Y por eso mismo no existen valores universales del tipo "menos de X es malo" o "más de Y es bueno". Todo depende.
¿Depende de qué? Del tipo de web, del tipo de página y, sobre todo, del objetivo que tenga esa página.
No es lo mismo una landing que una home, un e-commerce, un blog, una página de contacto o una revista digital. En una revista, por ejemplo, el tiempo en página suele ser clave. De hecho, por eso muchas publicaciones dividen los artículos largos en varias páginas: no solo para mostrar más publicidad, sino también para poder medir si realmente se ha leído el contenido, ya que cada clic les da información.
En cambio, en una página de contacto, un tiempo bajo puede ser una buena señal. La persona entra, escribe y envía el formulario. Objetivo cumplido. En una página de ventas impulsiva, estar 30 minutos puede ser una mala noticia, porque significa que algo no está claro y la persona se enfría.
Por eso, en lugar de buscar baremos genéricos, os propongo otra cosa: definir vuestro propio tiempo óptimo.
Haced una simulación real. Entrad en vuestra web como si fuerais un usuario nuevo. Leed el contenido con calma normal, sin ir en diagonal, pero sin forzar la lentitud. Mirad el titular, el texto, haced clic donde tocaría, llegad hasta la conversión (que no tiene por qué ser una compra: puede ser un lead, un contacto o una suscripción). Y cronometradlo.
Ese tiempo es vuestro objetivo razonable. Luego podéis pedirle a otras personas que hagan lo mismo: vuestra pareja, vuestros hijos, vuestros padres, alguien que no conozca el proyecto. Con 5 o 10 pruebas ya tendréis un baremo bastante realista.
A partir de ahí, sí: vais a Analytics y comparáis. ¿La gente se queda más tiempo del que debería? ¿Menos? ¿Dónde se va? ¿En qué página se atasca?
Y aquí es donde entran los eventos. El tiempo por sí solo dice poco si no lo acompañamos de contexto. Podemos medir scroll, clics, reproducciones de vídeo, disparadores de modales o pop-ups… Todo eso nos ayuda a entender qué está pasando de verdad.
Por ejemplo, saber si alguien ha llegado al 50 % del scroll, si ha hecho clic en un vídeo, si ha visto más de X segundos, o si se ha activado un pop-up tras 30 segundos en página. Todo eso aporta información y, de paso, ayuda a reducir rebotes artificiales.
Con todo esto, queda claro que sesiones cortas no siempre son malas, y sesiones largas no siempre son buenas. Lo importante es si ese tiempo encaja con el objetivo de la página.
Más adelante lo ligaremos con la métrica reina: la tasa de conversión. Ahí es donde veremos realmente qué intervalos de tiempo convierten mejor y qué hacer en consecuencia: añadir información, simplificar páginas, acelerar decisiones o justo lo contrario.
De momento, os dejo deberes sencillos: mirad vuestros tiempos, pensad si tienen sentido y analizad la tendencia. Comparad con meses o años anteriores y preguntaros qué ha cambiado. :)
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Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Felices fiestas!
Hoy hablamos de la tasa de rebote (bounce rate). Qué es, cuándo tenerla en cuenta, en qué valores deberíamos estar, y cómo analizar las visitas en función de esta.
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Ahora sí, vamos al lío. Hoy quiero hablaros de una de esas métricas clásicas que todos deberíamos tener muy controladas: la tasa de rebote. Ese porcentaje que aparece en Analytics, Matomo o en la herramienta de analítica que uséis, y que muchas veces miramos de reojo… pero que dice muchísimo sobre la calidad real de nuestras visitas.
La tasa de rebote (o bounce rate, para los más anglófilos) indica el porcentaje de personas que entran en vuestra web y se van sin interactuar con nada. Ojo, porque esto es clave: no significa que se vayan rápido, significa que se van sin hacer ninguna acción.
Una persona puede entrar en vuestra web, quedarse tres segundos… o tres días y medio, y si no hace clic, no envía un formulario, no navega a otra página, para la analítica eso es rebote. Da igual el tiempo que haya estado.
Como referencia general, podemos usar estos baremos:
Y aquí os lanzo la pregunta incómoda: ¿sabéis ahora mismo cuál es la tasa de rebote de vuestra web? Si no lo sabéis, parad un momento, id a vuestra herramienta de analítica y miradlo. De verdad, estas métricas básicas hay que tenerlas más o menos ubicadas.
Hay casos concretos en los que un rebote alto puede tener sentido. Por ejemplo un post de blog puramente informativo, una página de contacto sin formulario (solo teléfono o WhatsApp), una landing informativa... Alguien entra, encuentra justo lo que buscaba y se va. Perfecto. Pero incluso en estos casos, casi siempre se puede mejorar algo.
Porque aquí viene una idea clave: debemos evitar las páginas “callejón sin salida”. En cualquier página de vuestra web debería haber una acción posible, aunque sea mínima. Un CTA hacia otro contenido, un formulario, un botón, un enlace contextual, una suscripción al newsletter... Da igual si es una página informativa: siempre podemos guiar un poco más al usuario. Si alguien entra, mira y se va sin que le hayamos invitado a hacer nada, estamos desaprovechando tráfico.
Pero ojo, que hay páginas donde un rebote alto es claramente un problema. La home, una landing de venta, una página de captación, un producto que no se añade al carrito... Ahí la intención está clara. Si la gente entra y se va sin hacer nada, algo no está funcionando.
En algunos casos, como academias o membership sites, el objetivo no siempre es que el usuario haga clic, sino que consuma contenido.
Por ejemplo, quizás queremos excluir del análisis a los usuarios logueados, separarlos en un segmento distinto, o forzar eventos de scroll o de tiempo para que no cuenten como rebote.
Se puede hacer, sí. Pero yo aquí soy bastante claro: antes de anular el rebote con código, poned un CTA. Un enlace, un botón, algo con sentido común que acerque al usuario al objetivo real de esa página.
Alguien que se pasa cinco horas sin hacer nada y se va… sigue siendo rebote.
Esto lo recomiendo siempre. Cuando vayáis a analizar tráfico, conversiones, canales o campañas, filtrad primero las visitas con rebote y quitadlas del análisis.
Si este mes tenéis 10.000 visitas, pero 7.000 son rebote, analizad solo las 3.000 buenas. El resto no aporta información útil para tomar decisiones. Porque... ¿De qué me sirven 100.000 visitas de TikTok, si todas son rebote?
Y si queréis ir un paso más allá, podéis filtrar directamente por visitas que han convertido. Analizar solo a la gente que compra es brutal para saber qué canales funcionan de verdad.
La tasa de rebote sirve para detectar problemas claros en páginas clave, identificar tráfico de baja calidad, mejorar estructuras, CTAs y recorridos, y limpiar la analítica para tomar mejores decisiones.
Os recomiendo que hoy mismo miréis vuestra tasa de rebote, veáis en qué valores estáis y actuéis en consecuencia. Porque entender esta métrica cambia mucho la forma en la que analizamos una web.
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Hoy hablamos del CAC (Customer Acquisition Cost), el coste de adquisición de un nuevo cliente, y de cómo calcularlo de forma correcta. Ojo, que no es fácil.
Pero antes, recordemos que en Boluda.com tenéis cursos para emprendedores, marketing online, desarrollo web, y todo lo que necesitáis para vuestro negocio online. Hoy finaliza el curso de Linear, una estupenda aplicación para la gestión de tareas y proyectos. ¡A por él, que está estupendo!
Ahora sí, vamos al lío. Hoy os quiero hablar de una de esas métricas clave que, aunque muchas veces mencionamos de pasada, pocas veces calculamos con rigor: el CAC, o coste de adquisición de cliente. Y creedme, si no lo tenemos bien calculado, estamos volando a ciegas.
Hasta ahora hemos repasado otras métricas más comunes y visibles como el MRR, el ARPU, el Lifetime Value o la retención. Todo esto lo podemos encontrar fácilmente en plataformas como Stripe, WooCommerce, EDD, etc. Pero el CAC es distinto. ¿Por qué? Porque no hay una plataforma mágica que nos diga el CAC exacto. Tenemos que construirlo nosotros, y ahí es donde muchos fallamos.
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Claro, teniendo en cuenta todos estos costes, puede que los números no sean "tan bonitos "como imaginabais. Pero sí serán mucho más reales. Y con datos reales, se toman mejores decisiones. :)
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Hoy hablamos de la retención (o el churn, según se mire), qué es, la importancia que tiene, cómo calcularlo, y cómo mejorarlo.
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Ahora sí, vamos al lío. Hoy os quiero hablar de la retención. O del churn. Se habla mucho del churn, es decir, de cuánta gente se da de baja como cliente. Pero se habla poco de la retención, y creo que es casi mejor enfocarlo así. Al final, es lo mismo: cuánta gente sigue, cuánta gente se va. Verlo en positivo o en negativo, pero en ambos casos hablamos de estabilidad. De saber si el negocio tiene fugas.
No sé si os acordáis de esos problemas de secundaria con depósitos que se llenan y grifos que pierden agua. Pues el churn es ese grifo abierto. Por mucho que entre agua, si el grifo está perdiendo constantemente, nunca llegaremos a llenar el depósito. El churn funciona igual.
Puede que estéis captando nuevos clientes, pero si se os van por debajo, no creceréis. Por eso siempre pregunto: ¿cuál es vuestra tasa de retención? ¿La sabéis? Porque si no la sabéis, es peor que tener una mala. Al menos, si la conocéis, podréis actuar.
Esta métrica es especialmente relevante en negocios de suscripción, sin embargo, aplica a casi todos. Si ofrecéis un servicio, un producto o contenido que puede repetirse en el tiempo, la retención importa. Incluso si tenéis un negocio tradicional, como una clínica dental: si un paciente vuelve a hacerse una higiene al año siguiente, eso es retención. Si no, algo pasa.
Técnicamente, la retención es el porcentaje de clientes que siguen activos después de un periodo. Suele ser mensual, pero puede ser anual u otro, según el tipo de negocio. El churn es justo lo contrario: los que no se han mantenido. Si tenéis un 95% de retención, tenéis un 5% de churn. Simple.
Una buena retención depende del sector, pero como orientación: por encima del 90% mensual, buena señal. Por debajo del 5% de churn, genial. Más de un 10%, algo empieza a fallar: onboarding, precio, valor percibido, segmentación... Ojo también a la tendencia. Tener un 5% de churn ahora puede ser bueno o malo, según si antes teníais un 10% (genial) o un 2% (preocupante). Y también hay que tener en cuenta el churn acumulado. Con los años, es normal que aumente un poco, porque hay clientes antiguos que se dan de baja tras mucho tiempo. Eso influye.
El churn determina si el negocio crece con estabilidad. Podéis captar mucho, pero si se os van muchos también, no avanzáis. Es por eso que suele ser buena idea centrarnos primero en fidelización y luego en captación. Porque una buena retención multiplica el Lifetime Value y reduce el CAC efectivo. Más tiempo, más facturación por cliente, menor coste por adquisición efectiva. Tranquilidad financiera.
¿Cómo se calcula? Muy fácil: cogemos el número de clientes al inicio de un periodo (por ejemplo, 25 de noviembre) y el número de clientes activos al final del periodo (25 de diciembre). Lo dividimos, y eso es la retención. Si nos da un 95%, entonces el churn es del 5%, pues siempre son de suma 100%.
Si el resultado es bueno, brindamos con cava navideño. Si no, a repasar y corregir. Si tenéis una herramienta como Stripe o PayPal, seguro que ya os lo muestra. Si no, hacedlo a mano. Pero hacedlo. Y si tenéis un churn por encima del 10%, prioridad total: trabajad la retención. No tiene sentido acelerar si el motor está roto. Primero, arreglemos el coche. Luego, metamos gas. :)
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Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Feliz Navidad!
Hoy le toca el turno al LTV (Live Time Value). ¿Qué es? ¿Cómo se calcula? ¿Conocéis el vuestro? ¿Cómo maximizamos el valor de vida del cliente?
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Y ahora sí, vamos al lío. Hoy quiero hablaros de una métrica fundamental para cualquier negocio: el Life Time Value, también conocido como LTV o valor del ciclo de vida del cliente. Es una de esas cifras que deberíais conocer sí o sí, porque si no sabéis lo que os aporta cada cliente a lo largo del tiempo, estáis navegando sin brújula.
El LTV es muy simple en su concepto: es el total que nos factura un cliente desde que entra hasta que deja de comprar. Puede ser alguien que llega, nos compra una vez y desaparece para siempre. O puede ser ese cliente fiel que lleva años con nosotros y ha pasado por todos nuestros productos o servicios. El importe total que nos ha generado durante esa relación, eso es el Lifetime Value.
La pregunta clave es: ¿sabéis cuál es el vuestro? Porque si no lo sabéis, mal vamos. No hace falta que lo conozcáis al céntimo, pero como mínimo deberíais tener una idea clara. ¿Estamos hablando de 100 euros? ¿De 1.000? ¿De 5? Saberlo os permitirá tomar mejores decisiones, tanto a nivel de captación como de retención.
El LTV, además, está muy ligado a otra métrica: el CAC, el coste de adquisición de cliente. Si captar un cliente os cuesta 100 euros, y su LTV es de 50, estáis perdiendo dinero. La regla habitual dice que el LTV debería ser, como mínimo, tres veces el CAC. Si es el doble, bueno. Si es menos, tenemos un problema. Y si es el triple o más, fantástico.
Yo no os puedo decir cuál debería ser vuestro LTV en términos absolutos, porque depende muchísimo del tipo de negocio. Pero sí puedo deciros que deberíais tenerlo controlado, revisarlo con frecuencia, y sobre todo, seguir su tendencia. ¿Está subiendo? ¿Bajando? ¿Se mantiene estable?
Esto lo podéis mirar fácilmente si usáis plataformas como Stripe, WooCommerce, EDD o cualquier otra que os dé estadísticas por cliente. La mayoría ya incluye esta métrica o la podéis calcular fácilmente dividiendo la facturación total por el número de clientes únicos en un periodo.
Y ojo: el LTV no siempre sube. Puede bajar si empezamos a captar clientes que solo compran una vez y no repiten. Puede que, sin darnos cuenta, estemos atrayendo perfiles que no encajan con nuestra propuesta de valor, y eso nos está bajando la media.
¿Y qué hacemos si el LTV es bajo? La respuesta es simple: retención. No hay escapatoria. Si queremos que un cliente nos deje más dinero, tiene que quedarse más tiempo. Tiene que repetir. Y para eso, necesitamos una estrategia de deleite. De hecho, en el inbound marketing este es el paso final: atraer, convertir, cerrar... y deleitar.
Deleitar significa superar expectativas. Hacer que el cliente no solo quede satisfecho, sino encantado. Que recomiende, que vuelva, que se quede. Y si lo hacemos bien, el LTV sube. Así de claro.
Mi recomendación de hoy es muy sencilla: si aún no sabéis cuál es vuestro LTV, id ahora mismo a vuestro panel de control, buscadlo, calculadlo y apuntadlo. Y luego, analizad la tendencia. ¿Vamos bien? ¿Vamos mal? ¿Podemos mejorar? Porque sin esta métrica, os lo digo en serio, es como conducir con los ojos cerrados. Podemos ir tirando un tiempo, pero tarde o temprano nos la vamos a pegar...
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Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Feliz Nochebuena!
Hoy le toca el turno al ARPU. ¿Qué es? ¿Cómo se calcula? ¿Entre qué valores debería estar? ¿Cómo podemos mejorarlo? ¿A qué huelen las nubes?
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Y ahora sí, vamos al lío, el ARPU. Este acrónimo viene de Average Revenue Per User, que traducido de forma más útil sería el ingreso medio por cliente. O, dicho aún más claro: el ticket medio.
Eso sí, que no se confunda nadie con el Lifetime Value, que es otra métrica distinta. El LTV mide cuánto dinero te deja un cliente durante toda su vida útil (desde la primera hasta la última compra). El ARPU, en cambio, es el promedio que se gasta en cada compra o durante un periodo determinado.
Por ejemplo, si hablamos de ingresos mensuales, podríamos mirar cuánto factura el negocio en un mes y dividirlo por el número de clientes activos. O si es por transacción, dividimos la facturación entre el número total de compras. Es una métrica muy flexible, pero esencial.
El ARPU nos dice si estamos captando clientes que compran mucho... o poco. Y esto no es trivial. No es lo mismo tener muchos clientes de poco gasto, que menos clientes, pero con un ticket medio alto.
Y aquí es donde empieza lo interesante: la tendencia. Como te dije ayer, en este ciclo vamos a hablar mucho de tendencias. ¿Tu ARPU está subiendo? ¿Está bajando? ¿Se mantiene? Cada movimiento tiene implicaciones.
Otra cosa que hay que vigilar es el impacto de los precios. Cuando hacemos descuentos, subimos precios o lanzamos ofertas, el ARPU se ve afectado. Así que cada vez que toquemos precios (por rebajas, Black Friday, aniversarios de negocio o lo que sea), deberíamos analizarlo y ver qué ha ocurrido.
Si podemos, deberíamos segmentar. ¿Qué pasa con los clientes más antiguos? ¿Y con los de tal país? ¿Y los que tienen un plan determinado? Herramientas como Stripe, ProfitWell o ChartMogul nos permiten hacerlo. Y a veces nos dan pistas muy interesantes, pudiendo descubrir ciertos segmentos que tienen un ARPU muy por encima de la media... y podemos crear un producto solo para ellos.
Otro punto clave: comparar el ARPU con el CAC (coste de adquisición del cliente). Porque si captar a un cliente nos cuesta más que lo que nos deja, mal vamos. Y después del CAC, viene el LTV. Idealmente, el LTV debería ser al menos tres veces el CAC. O sea, si captar a alguien nos cuesta 100€, ese cliente debería generar unos 300€ a lo largo de su vida como cliente.
Pues que seguramente nuestros clientes están gastando menos. Puede ser porque hemos lanzado un plan más barato (como el de Netflix con anuncios) o porque hemos hecho una campaña de descuentos. No pasa nada... si sabemos por qué está pasando. Pero si no lo sabemos, tenemos un problema.
Y si lo que buscamos es subir el ARPU, podemos probar con contenidos estratégicos. Por ejemplo, mencionar un producto premium en nuestro contenido, o incluir un upsell en nuestro blog o tienda.
Venga, como consejo rápido: abrámos Stripe, tuWooCommerce, EDD o lo que sea que usemos y miremos el ARPU del último mes. Comparemos ahora con el del trimestre o del año anterior. ¿Sube? ¿Baja? ¿Tiene sentido con lo que hemos hecho últimamente?
Y si además tenemos datos históricos de precios y productos, podemos analizar qué tickets han funcionado mejor. A veces el producto de 300€ convierte menos... pero genera más ingresos globales que el de 30€.
El ARPU es el ticket medio de compra. Es lo que te deja de promedio cada cliente en cada compra o periodo. No es solo una cifra, es una brújula estratégica. Y como mínimo, me encantaría que supierais cuál es el vuestro.
Porque si no sabemos esto… ¿Cómo vamos a decidir si escalar por volumen, por precios, o por producto premium? ¿Cómo vamos a poder establecer una estrategia? Así, pues, todos a mirar el ARPU, y a ver qué nos encontramos. :)
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Nos escuchamos mañana con más marketing online. Como siempre, a las 07:07. Hasta entonces… ¡Muy buenos días!
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