Aquí hay una solemne conclusión, no sólo de esta profecía, ni de nuestro somero estudio de los profetas mal llamados "menores", sino del Antiguo Testamento. La conciencia nos pide que recordemos la ley. Aunque no tenemos profetas, no obstante, en la medida que tenemos Biblias, podemos mantener nuestra comunión con Dios.