Esperar es algo complicado. Nos entra la impaciencia, la duda, la incertidumbre y la angustia. Sobre todo cuando llega la "des-esperanza" y nos cuestiona si es que de verdad obtendremos aquello por lo que estamos esperando. Esto es real desde cuando esperamos algún proceso burocrático, resultados de exámenes, análisis médicos, personas, relaciones, trabajos, cambios, etc...
Cuando esperamos asaltan las dudas de "¿Y si nunca llega?, ¿Y si repruebo?, ¿Y si no se cumple?" Y si, y si, y si....
Adviento es temporada de "espera". Con la diferencia que, por fe, tenemos la certeza de saber qué pasa al final de la espera: el Nacimiento del Niño Jesús en medio de nosotros (como dice Sofonías 3, 17: el Señor tu Dios está en medio de ti). Pero estoy tan poco acostumbrada a esperar que me viene bien entrenarme en paciencia, humildad, y silencio en lo que la semilla de Dios crece hasta ser evidente en Navidad.