Si bien el tema de la violencia y la represión de los moradores de las favelas en Rio de Janeiro es un tema de larga data que ha venido recrudecido en los últimos 20 años, con la llegada de Wison Witzel al gobierno del estado la muerte se ha convertido en una forma explícita de hacer política, que cuenta con la aprobación de un sector de la sociedad. Si antes las muertes de inocentes eran un escarnio que los diferentes gobiernos han intentado sistemáticamente esconder o minimizar, ahora se las trata como “efectos colaterales” al tiempo que, en lugar de pedir disculpas a los familiares de las víctimas, se promete intensificar dicha política de exterminio de la población pobre, negra y mayoritariamente joven, de las favelas cariocas.