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Jesús vino para darnos gozo y para hacer algo nuevo en nosotros.
Jesús aparece continuamente comiendo y visitando a los pecadores malheridos por la sociedad, porque para esto ha venido: a salvar a los que necesitan médico. Este sermón ejemplifica la misión de Jesús y la conversión no solo un gran pecador sino, de un enemigo de los judíos.
El perdón de pecados es el signo interno de la renovación del corazón de los hombres. Muchísimas veces este cambio interno tiene una consecuencia en la parte externa. Pidamos a Dios perdón para así irradiar su amor.
Parte fundamental del evangelio es que sepamos y entendamos nuestra condición como pecadores, para entender que nuestra limpieza no depende de nosotros mismos, sino de Jesús. Siempre necesitamos un rescatador, alguien que nos salve de nuestra condición.
La costumbre más poderosa que ha existido, que potencia todos los círculos de nuestra vida, es la oración. Si Jesús tenía esta costumbre para estar firme y conectado con el Padre, cuánto más lo necesitamos nosotros, sus seguidores.
La Resurrección de Jesucristo prueba que el Padre no solo aceptó su ofrenda, sino también la bondad de su forma y el impulso hacia la santificación. Su obra es cósmica y tiene implicaciones que ni podemos imaginar.
Con su vida, Jesús nos modela una vida de servicio con un corazón compasivo.
Ante la presencia de Jesús el mal pierde. El Santo de Israel gobierna sobre cualquier oscuridad y trae su luz con poder.
Jesús llama a sus discípulos con autoridad y así mismo enseña en la sinagoga. El demanda una respuesta inmediata y dejar todo para pescar hombres.
A muchas personas les cuesta resumir sus ideas, sus planes y sus estrategias pero Jesús declaró su plan en solo 18 palabras: "Se ha cumplido el tiempo decía. El Reino de Dios esta cerca! Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas." ¿Las has creído? ¿Vivís tu vida basado en este mensaje?
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