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Todos afirman que la vida nos cambia cuando nos convertimos en padres, y eso es cierto. Pero hoy descubriremos que la vida verdaderamente nos cambia más bien cuándo nos convertimos en hijos, hijos de nuestro Padre celestial, y no hay nadie más interesado en ayudarnos a comprender esto que el Espíritu Santo.
Una de las formas en que podemos vivir vidas sinceras es hablando cara a cara los unos con otros. Pablo nos da un ejemplo en 1 Tesalonicenses de cómo amonestarnos, animarnos y ayudarnos con paciencia. La buena confrontación, la que busca edificar, nos hace crecer espiritualmente.
Muchos honran a Dios con los labios pero su corazón está lejos de Él. Tomemos una postura de humildad para tener un caminar íntegro con nuestro Creador y Salvador.
Jesucristo escogió el discipulado como medio principal para madurar a sus hijos, y nos da el privilegio de participar en este proceso. No hay un plan B. Este es el único camino.
La verdadera familia de Jesús, sus seguidores, está conformada por aquellos hombres y mujeres que están de su lado y no en su contra. Un discípulo de Jesús se distingue porque vive para hacer la voluntad de Dios. Necesitamos que Dios nos capacite con el Espíritu Santo para que podamos hacer Su voluntad y que sea Él quien actúe para que la podamos cumplir.
Cuando hablamos de seguir a Jesús, no hablamos de lo que nos pueda costar sino de lo que nos motive a hacerlo. Esto es: El amor al Padre.
En la carta a los Efesios, Pablo nos enseña que el ministerio es responsabilidad de toda la comunidad y no solo de los líderes de la iglesia. Todos estamos llamados a participar en la Iglesia, en lo que Dios hace en y a través de ella.
Es imposible perdonar lo imperdonable sin tener la Cruz por delante. La gracia que necesitamos para poner a un lado lo que nos han hecho, está en las palabras de Jesús: “ Perdónalos porque no saben lo que hacen."
Las costumbres sin convicciones no son una buena combinación. Todo lo que hacemos debe tener una buena base para que se pueda sostener a lo largo del tiempo. En esta enseñanza, estudiaremos la base bíblica que nos explica la necesidad e importancia de congregarnos regularmente en una comunidad de fe.
La persona que quiere ser refinada y alcanzar la estatura de Cristo debe de vivir en comunidad. El objetivo de relacionarnos con otros es que son diferentes a nosotros, por lo tanto, en nuestro trato, la paciencia y la humildad son moldeadas.
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