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Cristo resucitó! Cumplió las profecías, mostró lo que era vivir amorosamente y dejó claro que Él tiene la última palabra. Este desorden en el que vivimos debe de parar y se abrirán los cielos para todos los creyentes.
El cielo es la fiesta eterna de los hijos de Dios. Hay banquetes, cánticos y comida. Pero, para entrar ahí hay que dejarlo todo. Dios nos dio todo con Cristo y ahora es nuestro turno.
En el camino del que busca de Dios siempre existirán grandes tentaciones o situaciones que nos presentan una oportunidad de no entregarnos a Dios por completo. El joven rico es un vivo ejemplo de esta situación. Él quería la vida eterna pero esta sólo se obtiene teniendo al maestro como la gran prioridad.
Sería difícil encontrar algún verso en la Biblia como algunos que Jesús toca en nuestro pasaje, nos habla de los resultados de darle la espalda a Dios, de hacer tropezar a alguien y cómo continuamente mortificar nuestros pecados.
El servicio a Dios es el servicio a los demás. Cada vez que atendemos a alguien en el nombre de Jesus estamos funcionando como sus representantes. ¿Qué podría ser mejor que representar al Rey?
Jesús nos recuerda la institución divina del matrimonio desde el principio de los tiempos y las escrituras nos señalan las cláusulas de excepción que permiten el divorcio, mas no lo fomentan.
Jesucristo envió a sus seguidores a hacer discípulos. Él nunca se equivoca, por lo tanto podemos concluir que es posible que nosotros hagamos discípulos. Tiene el mismo impacto y fortaleza ser llamados a no mentir como ser llamados a compartir las Buenas Nuevas. Hagámoslo con gozo asi como alguien lo hizo con nosotros.
Posiblemente el más emblemático de los dos sacramentos es la Cena del Señor. Jesús la instituyó él mismo para conmemorar su obra de amor. Hay una manera adecuada y otras inadecuadas de celebrar la Cena. Vamos a estudiar el cómo y por qué.
El bautismo es una representación de nuestra unión con Cristo, nuestra purificación del pecado y nuestra incorporación a la iglesia.
En el mundo ser servido es ser grande. En el Reino, es totalmente diferente. Se trata de servir a los demás y ponerlos de primero.
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