Qué bueno es Dios que nos permite reunirnos en este 21 de octubre para conocer nuevas historias sobre los santos.
Los santos nos inspiran, nos ayudan a encontrar caminos nuevos para crecer en el amor a Dios y en la fidelidad a nuestros compromisos y buenos propósitos.
Muchos de ellos arrojan luz en el mundo actual, incluso aunque hayan vivido muchos siglos antes, porque el Evangelio es siempre actual.
Pidamos a los santos que recordamos en este día, que nos alcancen las gracias que necesitamos.
Hacemos memoria de: Santos Dasio, Zótico y Cayo, mártires; Santa Úrsula y compañeras vírgenes y mártires; san Hilarión, abad; San Antonio de Chipre, eremita;
San Malco, monje; san Severino, obispo; Santa Celina, madre de familia; san Viator, lector;
San Vendelino, eremita; san Mauronto, obispo y abad; beato Pedro Capucci, presbítero religioso; san Pedro Yu Tae-chol, mártir adolecente;
Santa Laura Montoya Upeguí, virgen; beata María Lorenza Requesens, viuda y fundadora; beatos mártires de Nembra.
Beato Genaro Fueyo Castañón, sacerdote diocesano, y 3 compañeros, laicos, mártires y el Beato Pino Giuseppe Puglisi, presbítero y mártir.
Lo mismo que Santa Silvia, madre del Papa Gregorio el Grande, y muchas otras madres de santos que también alcanzaron la santidad, nuestra santa fue famosa a causa de su hijo, puesto que dio al mundo ese gran santo, San Remigio de Reims.
Conozcamos a Santa Celina de Laon
Pidamos la intercesión de esta santa mujer, que creyendo en la palabra dada, vio los milagros de Dios al dar a luz siendo mayor a un hijo que luego se convirtió en un gran santo.
Oh Santa Celina, bendita madre de San Remigio, tú que fuiste elegida por Dios para dar a luz a un gran santo, intercede por nosotros para que, en nuestras vidas, sepamos reconocer la voluntad divina con tanta fe y humildad como tú. Amén.
En la extensa lista de los santos canonizados, la iglesia nos presenta también a las santas madres de familia, que alcanzaron la gloria eterna cosiendo calcetines, preparando ricas sopas, cuidando a sus hijos y elevando incansablemente su corazón a Dios.
A parte de Santa Celina de Laon, la iglesia cuenta entre las santas madres de familia a: Santa Gianna Beretta Molla, Santa Mónica, Santa Rita de Casia, Santa María de la Cabeza, Santa Isabel de Portugal, Santa Clotilde, Santa Elena, Santa Celia Guerin, Madre de Santa Teresa de Lisieux, y por supuesto, Santa Ana, Madre de la Santísima Virgen María.
Sin duda, una de las más grandes vocaciones, "sublime vocación", la llamaría San Juan XXIII, es la de ser madre.
Y es que son muchas cosas las que la hacen ser única y particular: llevar al hijo en el vientre, el parto y sus dolores, la cercanía con los hijos, las continuas manifestaciones de afecto, etc.
Y la vocación maternal puede ser todavía más sublime, cuando la madre engendra y educa un hijo que después se convierte en un modelo de vida para la Humanidad.
En la actualidad, la maternidad es vista como una carga, como un impedimento para que la mujer se realice, o se ve sólo como una opción que se puede tomar incluso sin tener un hogar estable.
Ser madre es una gran vocación, un servicio que se hace al mundo, a la iglesia y sobre todo, un regalo que plenifica a la mujer.
Se puede ser madre biológica o madre espiritual, pero una mujer no se entiende a sí misma sin la maternidad. Muchas veces sin proponérselo ejerce de madre en su trabajo, en el grupo de amigas, en la pastoral de la parroquia.
Es tan importante la maternidad que Dios no quiso privarse de tener una madre.
Santa Celina de Laon,
Ruega por nosotros.