Hay historias que nunca terminan, solo cambian de forma. En el mito de Frankenstein, en realidad no estamos hablando de una historia solo sobre la creación. Es una historia que habla más sobre el abandono y el destino de este mito ha generado grandes figuras que siempre han sido secundarias.
Una de ellas, invisible, fragmentada e interrumpida, es la novia, que nacen condenadas, no por lo que hacen, sino por lo que representan. La novia de Frankenstein es una de ellas, un cuerpo creado, una mujer sin historia propia, un grito antes de desaparecer. Pero en The Bride o en La Novia, dirigida por Maggie Gillingham, esta figura ya no es un símbolo pasivo, es ruptura, es incomodidad.
Una pregunta que el cine y la sociedad ha evitado hacer durante siglos. ¿Qué pasa cuando una mujer creada por otros decide no obedecer? En La Novia, no se reviva a este personaje nada más porque sí, es liberado, pero no como un acto de justicia, sino como un gesto incómodo, porque la libertad para esta mujer implica algo mucho más perturbador, aceptar que nunca debió ser creada por otros. (1:38) Iniciamos.
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