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Ficha técnica
Título original: Smash-Up: The Story of a Woman
Año: 1947
Director: Stuart Heisler
Productor: Walter Wanger
Productor asociado: Martin Gabel
Guion: John Howard Lawson, con diálogos adicionales de Lionel Wiggam, basado en una historia original de Dorothy Parker y Frank Cavett.
Fotografía: Stanley Cortez
Montaje: Milton Carruth
Música: Frank Skinner
Canciones: Jimmy McHugh, con letras de Harold Adamson
Dirección artística: Alexander Golitzen
Estudio/Productora: Walter Wanger Productions / Universal-International Pictures
Distribución: Universal Pictures
Duración: 103 minutos
País: Estados Unidos
Idioma original: Inglés
Formato: Blanco y negro
Género: Drama, melodrama, cine negro
Reparto principal
Susan Hayward como Angelica "Angie" Evans Conway
Lee Bowman como Ken Conway
Marsha Hunt como Martha Gray
Eddie Albert como Steve Anderson
Carl Esmond como el doctor Lorenz
Carleton Young como Fred Elliott
Charles D. Brown como Mike Dawson
Janet Murdoch como la señorita Kirk
Sharyn Payne como Angelica "Angel" Conway
Sinopsis
Angie Evans es una joven y prometedora cantante de club nocturno que decide abandonar su carrera para casarse con Ken Conway, un compositor que todavía lucha por conseguir su gran oportunidad.
Cuando Ken consigue finalmente triunfar como cantante de radio, la situación cambia radicalmente. Mientras él asciende hasta convertirse en una estrella, Angie queda relegada al papel de esposa y madre, viendo cómo su propia carrera y su identidad se van desvaneciendo.
Datos económicos
Una mujer destruida fue una producción relativamente ambiciosa para Walter Wanger, con un presupuesto estimado de aproximadamente 1,36 millones de dólares.
En taquilla estadounidense y canadiense obtuvo alrededor de 2 millones de dólares, situándose aproximadamente en el puesto 74 entre las películas más taquilleras de 1947. Sin embargo, pese a esa recaudación, la producción registró pérdidas en su estreno inicial, estimadas en unos 111.664 dólares.
En otras palabras, no fue un fracaso de público, pero tampoco el gran negocio que sus responsables podían haber esperado de una producción protagonizada por una estrella en pleno ascenso.
Para Susan Hayward, en cambio, la película fue decisiva: convirtió a una actriz que todavía estaba buscando su lugar en Hollywood en una auténtica estrella dramática y le proporcionó su primera nominación al Óscar.
Recepción de la crítica en su época
La recepción crítica fue bastante más fría que la respuesta del público.
El prestigioso crítico Bosley Crowther, de The New York Times, reconoció que la historia tenía potencial para convertirse en un drama poderoso, pero consideró que el guion no desarrollaba de manera convincente las causas que llevan a Angie al alcoholismo. A su juicio, la película caía con demasiada frecuencia en el melodrama sentimental.
En cambio, Variety fue más favorable y destacó la dirección competente de Stuart Heisler y, sobre todo, el trabajo de Susan Hayward, cuya interpretación terminaba imponiéndose al resto de los elementos de la película.
La conclusión de la crítica de la época fue, por tanto, bastante clara: la película era discutible, pero Susan Hayward era extraordinaria.
Recepción del público
El público respondió bastante mejor que la crítica especializada.
El tema del alcoholismo, especialmente contemplado desde la perspectiva de una mujer, resultaba todavía relativamente poco habitual en el cine comercial de Hollywood. El perdido fin de semana (The Lost Weekend, 1945) había demostrado que existía interés por abordar la cuestión, y Una mujer destruida aprovechó esa sensibilidad trasladándola al universo del melodrama femenino.
La película consiguió, además, algo fundamental para su protagonista: Susan Hayward salió de ella convertida en una actriz de primera categoría.
Premios y nominaciones
Nominada a dos Oscars de la Academia de Hollywood, Mejor Guion y Mejor Actriz Protagonista para Susan Hayward. Fue su primera nominación de las cinco que conseguiría en toda su carrera, ganando por fin en la última de ellas: Quiero vivir, de 1958, dirigida por Robert Wise.
En la categoría de interpretación femenina, Hayward perdió frente a Loretta Young, ganadora por La hija del granjero. Curiosamente, Young reconocería años después que ella misma había votado por Susan Hayward para ganar el premio.
Datos y curiosidades
Una de las historias más jugosas alrededor de Una mujer destruida apareció incluso antes de que la película se convirtiera en un clásico.
En Hollywood comenzó a circular el rumor de que el argumento estaba inspirado en la relación entre Bing Crosby y su primera esposa, Dixie Lee.
La comparación tenía cierta lógica: Dixie Lee había sido cantante y, mientras la carrera de Crosby se disparaba, ella quedó progresivamente en un segundo plano y terminó sufriendo graves problemas de alcoholismo.
El paralelismo con Angie, la protagonista interpretada por Hayward, era demasiado evidente como para que la prensa no lo aprovechara.
Sin embargo, Walter Wanger negó tajantemente que la película pretendiera ser una biografía encubierta de Dixie Lee. Por tanto, lo correcto es hablar de un rumor de Hollywood, no de un hecho demostrado.
Susan Hayward llegó a emborracharse para interpretar a una alcohólica
Esta es probablemente la anécdota de rodaje más llamativa.
Para una de las escenas en las que Angie experimenta los efectos del alcohol, Stuart Heisler quería evitar los tópicos habituales de representar la embriaguez.
Según el propio director, Susan Hayward llegó a beber alcohol realmente durante el rodaje para conseguir el estado que necesitaba para la escena. Heisler quería transmitir la percepción distorsionada de una persona ebria mediante luces, sombras y efectos visuales, en lugar de recurrir simplemente a la típica interpretación exagerada de un borracho.
El director describió posteriormente cómo había creado una auténtica "sinfonía de luz" para representar las sensaciones de Angie.
Hay una escena particularmente famosa en la que Angie se enfrenta físicamente a Martha, el personaje interpretado por Marsha Hunt.
No fue una pelea cinematográfica cuidadosamente coreografiada en la que las actrices fingieran golpearse.
Décadas después, Marsha Hunt recordó que ambas actrices se lanzaron realmente una contra otra y llegaron a hacerse daño durante la filmación. Hunt explicó que no hubo que repetir la toma y que terminó con hematomas visibles.
La escena es especialmente memorable porque Hayward y Hunt se golpean, se tiran del pelo y terminan en una auténtica pelea de mujeres en el lavabo.
Y existe una curiosa conexión posterior: Susan Hayward volvería a protagonizar una pelea femenina muy parecida casi veinte años después en El valle de las muñecas (1967).
En una entrevista publicada en Films in Review en 1989, Hunt recordó que, mientras esperaba las tomas, Susan Hayward apenas hablaba con sus compañeros y parecía completamente aislada del resto del reparto.
Hunt lo calificó de comportamiento muy extraño y aseguró que Hayward parecía comportarse como si los demás actores ni siquiera existieran.
No significa necesariamente que existiera un conflicto entre ellas, pero sí ofrece una imagen bastante diferente de la habitual camaradería que Hollywood solía vender en sus campañas publicitarias.
El principal guionista, John Howard Lawson, era una figura importante de Hollywood y uno de los fundadores del sindicato de guionistas.
Pocos años después, su carrera quedaría destruida por la persecución anticomunista. Lawson fue uno de los famosos "Hollywood Ten", los diez profesionales de la industria cinematográfica que fueron citados ante el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes y posteriormente condenados por desacato al Congreso.
Resulta, por tanto, bastante interesante contemplar Una mujer destruida como una de las películas de una etapa anterior a la lista negra que acabaría afectando profundamente a su guionista.
La historia original fue escrita por Dorothy Parker, una de las grandes escritoras y figuras intelectuales del Nueva York de la época.
Parker aportó la historia junto a Frank Cavett, mientras que John Howard Lawson se encargó del guion y Lionel Wiggam de diálogos adicionales.
La película sufrió posteriormente bastantes modificaciones durante su desarrollo, y es difícil saber cuánto del tono característico de Parker sobrevivió en la versión definitiva. Pero su presencia resulta particularmente interesante porque estamos ante un drama centrado en la frustración de una mujer que ha sacrificado su propia identidad profesional por la carrera de su marido.
El argumento de Una mujer destruida se encuentra dentro de una tradición muy reconocible del cine de Hollywood: la historia de una mujer cuyo sacrificio personal queda ligado al ascenso de un hombre dentro del mundo del espectáculo.
En ese sentido, el paralelismo más evidente es con las distintas versiones de Ha nacido una estrella
Pero existe un antecedente todavía más interesante: Hollywood al desnudo (What Price Hollywood?, 1932), de George Cukor
En aquella película, una joven aspirante a actriz alcanza el éxito mientras el hombre que la ha ayudado a llegar hasta allí se hunde progresivamente debido al alcoholismo. La película de Cukor fue además el antecedente directo de Ha nacido una estrella.
Una mujer destruida invierte parcialmente el mecanismo: aquí es la mujer quien renuncia a su carrera para permitir que su marido triunfe, y es ella quien termina cayendo en el alcoholismo.
De ahí que, aunque las historias no sean idénticas, resulte muy interesante colocar Una mujer destruida dentro de esa tradición de Hollywood, éxito, sacrificio sentimental, alcoholismo y destrucción personal.
Retrospectiva y legado
Actualmente Una mujer destruida no suele figurar entre las grandes obras maestras del cine negro o del melodrama de los años cuarenta.
Y probablemente sea justo.
La película tiene problemas evidentes de guion y en algunos momentos se deja llevar por un sentimentalismo bastante evidente. Su estructura resulta irregular y algunas de las explicaciones psicológicas del comportamiento de Angie son demasiado fáciles.
Pero existe una razón muy poderosa para seguir viéndola: Susan Hayward.
Esta fue la película que demostró que podía sostener por sí sola un drama de gran intensidad y que podía interpretar personajes psicológicamente extremos. Su nominación al Óscar fue el comienzo de una relación extraordinariamente fructífera con la Academia: cinco nominaciones y, finalmente, la victoria por Quiero vivir en 1958.
La película también ha adquirido interés entre los aficionados al cine de mujeres y al melodrama porque presenta un problema muy concreto: qué sucede cuando una mujer sacrifica su propia identidad y su carrera por el éxito de su marido y descubre que se ha quedado sin una vida propia.
Comentario Final:
Una mujer destruida no es una obra maestra. Y sería injusto intentar convertirla en una simplemente porque Susan Hayward ofrece una interpretación extraordinaria.
El problema fundamental está en el guion, que en ocasiones explica demasiado, fuerza las motivaciones de los personajes y recurre al melodrama más convencional. La comparación con Ha nacido una estrella o incluso con Hollywood al desnudo deja a la vista sus limitaciones: aquellas películas consiguen convertir el ascenso y la caída de sus personajes en algo más complejo y trágico.
Aquí, en cambio, la maquinaria melodramática resulta bastante visible.
Pero entonces aparece Susan Hayward y cambia la película.
Hayward interpreta a Angie con una intensidad casi física. No necesita que el guion sea perfecto para transmitir la humillación, los celos, la frustración y finalmente la autodestrucción de una mujer que ha visto cómo su marido consigue exactamente aquello que ella abandonó.
Y hay algo que sí conserva enorme interés: la película pertenece a una etapa en la que Hollywood estaba empezando a tratar el alcoholismo como una enfermedad y no simplemente como un vicio, y lo hace además desde una perspectiva femenina.
Por eso Una mujer destruida merece ser recuperada, pero no por ser una joya escondida. Merece recuperarse porque es una película imperfecta que contiene el nacimiento de una gran estrella: Susan Hayward. Y eso, en este caso, es bastante más importante que la película que la Academia decidió nominar junto a ella.
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