Nuestro Señor tuvo compasión por quienes lo seguían y no tenían que comer. Multiplicó los panes y los peces y pidió ayuda a sus discípulos para repartirlos.
Jesucristo tiene compasión por nosotros a lo largo de los siglos y se multiplica diariamente en la Eucaristía para que nosotros podamos comer, pero requiere de nosotros para llegar a miles de millones de personas.
Requiere de nuestra compasión, pues, para que todos los cristianos acudan a la confesión y a la Eucaristía.
¿Tú vas a Misa todos los días en actitud adorante y agradecida?