El sábado celebramos la Asunción de la Virgen María, contemplando cómo una joven sencilla de Nazaret es llevada en cuerpo y alma al Cielo, recordándonos hacia dónde caminamos. Y ayer domingo, el Evangelio nos presentó a otra mujer extraordinaria: la cananea, una pagana que no se acobarda ante las dificultades ni ante los silencios de Dios, y cuya fe humilde termina conmoviendo el corazón de Jesús