Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino

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Conferencias Magistrales Fundación Rafael del Pino episodes

  • Start-Ups Vs Corporations: Why Fast Innovation Matters. Pau García-Milá
    El pasado 27 de octubre la Fundación Rafael del Pino acogió la sexta edición del programa “Innovadores menores de 35”, que organiza la MIT Technology Review, en el que se dan a conocer los proyectos de los diez innovadores jóvenes españoles con más proyección de futuro. Pau García-Milà, fundador de IdeaFoster, destacó que es muy importante para los innovadores ser rápido. En este sentido recordó que grandes empresas del pasado, como Nokia o Motorola, hoy están casi muertas porque las innovaciones se producen a una velocidad que supera a sus esquemas de realización de proyectos.
    13 min
  • The Power of Play. Ron Evans, english version
    El pasado 27 de octubre de 2016, la Fundación Rafael del Pino acogió la sexta edición del programa “Innovadores menores de 35”, que organiza la MIT Technology Review, en el que se dan a conocer los proyectos de los diez innovadores jóvenes españoles con más proyección de futuro. En el acto intervino Ron Evans, tecnólogo en The Hybrid Group, quien hizo una demostración práctica del poder del juego en el desarrollo de la tecnología.
    15 min
  • Tiempo, espacio y el futuro del pasado: los horizontes de la Historia David Armitage, versión en español
    El 16 de septiembre, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia “Tiempo, espacio y el futuro del pasado: los horizontes de la Historia”, pronunciada por David Armitage, Lloyd C. Blankfein Professor of History de la Universidad de Harvard. En su conferencia, David Armitage hizo un llamamiento a los historiadores y a todo aquel interesado en el papel de la Historia en la sociedad contemporánea debido a la necesidad de recuperar y revitalizar esta rama del saber como instrumento de conocimiento y herramienta para el mejor desarrollo de la humanidad. Armitage señaló que las humanidades están en crisis en todo el mundo debido a que las perspectivas de empleo que ofrece la ciencia son mucho mejores y al recorte constante de recursos que han experimentado las facultades de humanidades. El resultado es una caída del 50% del número de estudiantes matriculados en ellas en Estados Unidos en los últimos años. La Historia, sin embargo, es un instrumento muy útil de análisis a largo plazo para los políticos, activistas, empresarios, etc. Este enfoque en el largo plazo puede servir para extraer analogías y hacer prospecciones plausibles que con contribuyan a que la sociedad anticipe y gestiones mejor los desafíos del futuro. Y es que la Historia despliega el análisis del pasado en el presente para orientar sobre el futuro y los posibles caminos que se abren en él. Armitage, incluso, afirmó que el presidente de Estados Unidos necesita un consejo de asesores en Historia para iluminar los desafíos y las decisiones actuales. En este sentido, relató que el presidente Kennedy tenía junto a su cama una historia de la Primera Guerra Mundial, con el fin de no repetir los errores de información que condujeron a la misma, que le inspiró en la gestión de la crisis de los misiles cubanos. Kennedy quiso en todo momento que la Unión Soviética estuviera informada de todo con el fin de evitar la catástrofe, y lo consiguió. Los historiadores han podido tener parte de la culpa de la pérdida de peso de su disciplina, pero también en parte por la presión de otros grupos, en especial de los economistas, a la hora de aconsejar. Los historiadores, entiende Armitage, necesitan ampliar su campo en el tiempo y en el espacio, volver a narrativas trasnacionales en busca de denominadores comunes, y a narrativas transtemporales que permitan realizar conexiones a lo largo del tiempo. En este sentido, el discurso histórico debe superar los estados nacionales y sus limitaciones para tener una visión más amplia de los acontecimientos y de las grandes tendencias de fondo.
    42 min
  • España Amenazada. Mariano Rajoy
    La Fundación Rafael del Pino organizó el 14 de septiembre de 2016 la conferencia magistral “España amenazada. De cómo evitamos el rescate y la economía recuperó el crecimiento”, en la que intervinieron el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el ministro de Economía, Luis de Guindos. Según Guindos, 2012 fue el año más complicado de nuestra historia reciente, debido a la grave crisis económica y financiera que asolaba nuestro país y que amenazaba, incluso, con llegar a romper el euro. Sin embargo, el rescate del sistema bancario fue el muro de contención que evitó que la economía española tuviera que ser rescatada en su conjunto. En este sentido, lo más importante fue la estrategia seguida por el Gobierno, ya que España estaba cercada por la desconfianza internacional y los ataques constantes de los mercados, con el sector financiero en el centro de la diana. Por eso fue muy importante exponerle a los análisis independientes de los organismos internacionales, como la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Gracias a ello, y a la rapidez y contundencia con que se actuó, se evitó el rescate de nuestra economía. De esta difícil experiencia se pueden extraer varias lecciones: es preciso reconocer siempre la realidad con la máxima objetividad, ofrecer salidas más allá del ruido mediático o político, o que un país no puede perder competitividad de forma permanente ni desatender a las burbujas porque se acaba generando una grave crisis económica. Ahora la economía está recuperando la competitividad perdida, gracias sobre todo a la reforma laboral, lo que le permite crecer el doble que la UE y crear medio millón de puestos de trabajo al año. No obstante, para dar la crisis por concluida todavía es preciso recuperar los niveles de renta y empleo previos a la misma. El problema ahora es que la falta de un Gobierno en plenas funciones limita la capacidad de España para afrontar desafíos tan importantes como la debilidad del crecimiento en la UE, el Brexit, la crisis de los refugiados o el auge de los populismos. En opinión de Guindos, si no salimos de esta interinidad, la situación se volverá muy parecida a la de 2012, porque las peores crisis son las que se generan en la política. Por su parte, Mariano Rajoy recordó que España no contó con grandes ayudas ni con la comprensión generalizada dentro y fuera del país, a pesar de la catastrófica situación que se vivía en 2012. Por entonces parecía haber solo dos opciones: el rescate o la salida del euro. El Gobierno, sin embargo, optó por una tercera, las reformas estructurales. Si continúan estas políticas, dijo, España puede crecer a tasas elevadas en los próximos años y crear medio millón de puestos de trabajo anuales. Pero las cosas pueden cambiar si no hay un Gobierno que avance en las reformas estructurales, o si lo que tengamos es un Ejecutivo que busque revertir esas políticas.
    22 min
  • España Amenazada. Luis de Guindos
    La Fundación Rafael del Pino organizó el 14 de septiembre de 2016 la conferencia magistral “España amenazada. De cómo evitamos el rescate y la economía recuperó el crecimiento”, en la que intervinieron el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el ministro de Economía, Luis de Guindos. Según Guindos, 2012 fue el año más complicado de nuestra historia reciente, debido a la grave crisis económica y financiera que asolaba nuestro país y que amenazaba, incluso, con llegar a romper el euro. Sin embargo, el rescate del sistema bancario fue el muro de contención que evitó que la economía española tuviera que ser rescatada en su conjunto. En este sentido, lo más importante fue la estrategia seguida por el Gobierno, ya que España estaba cercada por la desconfianza internacional y los ataques constantes de los mercados, con el sector financiero en el centro de la diana. Por eso fue muy importante exponerle a los análisis independientes de los organismos internacionales, como la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Gracias a ello, y a la rapidez y contundencia con que se actuó, se evitó el rescate de nuestra economía. De esta difícil experiencia se pueden extraer varias lecciones: es preciso reconocer siempre la realidad con la máxima objetividad, ofrecer salidas más allá del ruido mediático o político, o que un país no puede perder competitividad de forma permanente ni desatender a las burbujas porque se acaba generando una grave crisis económica. Ahora la economía está recuperando la competitividad perdida, gracias sobre todo a la reforma laboral, lo que le permite crecer el doble que la UE y crear medio millón de puestos de trabajo al año. No obstante, para dar la crisis por concluida todavía es preciso recuperar los niveles de renta y empleo previos a la misma. El problema ahora es que la falta de un Gobierno en plenas funciones limita la capacidad de España para afrontar desafíos tan importantes como la debilidad del crecimiento en la UE, el Brexit, la crisis de los refugiados o el auge de los populismos. En opinión de Guindos, si no salimos de esta interinidad, la situación se volverá muy parecida a la de 2012, porque las peores crisis son las que se generan en la política. Por su parte, Mariano Rajoy recordó que España no contó con grandes ayudas ni con la comprensión generalizada dentro y fuera del país, a pesar de la catastrófica situación que se vivía en 2012. Por entonces parecía haber solo dos opciones: el rescate o la salida del euro. El Gobierno, sin embargo, optó por una tercera, las reformas estructurales. Si continúan estas políticas, dijo, España puede crecer a tasas elevadas en los próximos años y crear medio millón de puestos de trabajo anuales. Pero las cosas pueden cambiar si no hay un Gobierno que avance en las reformas estructurales, o si lo que tengamos es un Ejecutivo que busque revertir esas políticas.
    12 min
  • En defensa de Europa. ¿Tiene salvación el proyecto europeo? Loukas Tsoukalis, english version
    El pasado 16 de junio de 2016, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia de Loukas Tsoukalis, Pierre Keller Visiting Professor en la Harvard Kennedy School, sobre el futuro de la construcción europea. Durante su intervención, Tsoulakis trató de dar respuesta a dos cuestiones: qué está mal con el proyecto europeo y cuáles son los principales desafíos y opciones para el mismo. Lo primero que destacó fue el dramático cambio de actitud hacia la Unión Europea que se ha producido desde principios del siglo XXI, cuando dominaba la euforia por la puesta en marcha del euro, la ampliación de la UE a los países del Este y el proyecto de constitución europea. El entusiasmo de entonces ha sido reemplazado por el pesimismo y por un sentimiento derrotista. ¿Qué es lo que ha ido mal? Fundamentalmente, dos crisis: la del euro y la de los refugiados. La crisis financiera internacional se transformó en una crisis del euro debido al diseño deficiente de la unión monetaria europea, a una pura cuestión de mala suerte porque la primera prueba de fuego para la moneda única fue la crisis financiera internacional, a las divisiones internas y a la aplicación de políticas equivocadas. Todo ello provocó que los países afectados tuvieran que pagar un alto precio en términos de producción, empleo, endeudamiento, divergencia económica y fragmentación política. Por lo que se refiere a la crisis de los refugiados, una cuestión que hay que tener presente es la inestabilidad de los países vecinos de la Unión Europea, muchos de ellos perdedores en el proceso de globalización y con gobiernos corruptos. En ese contexto se produjeron acontecimientos fundamentales como la primavera árabe o el desafío de Rusia a la “pax europea”. Estas dos crisis son crisis enormes y han reducido el apoyo a Europa. Además, se han combinado con una crisis institucional derivada de una expansión continua del proyecto europeo que ha generado un centro débil. Asimismo, esas crisis tienen lugar en un contexto mundial, el de la globalización, que ha creado divisiones entre los ganadores y los perdedores. En este escenario se han confundido las restricciones que impone la globalización con aquellas otras que impone la UE y los gobiernos han aprovechado la situación para convertir al proyecto europeo en cabeza de turco de los problemas creados por ellos o por la globalización. A partir de ahí se ha visto cada vez más a la unión europea como un elemento de división, como algo cada vez más grande, más intrusivo y menos inclusivo, en un contexto de crecimiento económico lento y creciente desigualdad. La realidad que se desprende de todo lo anterior es que Europa lleva dividida mucho tiempo, entre países y dentro de los mismos. El apoyo de los ciudadanos al proyecto europeo se encuentra en niveles históricamente bajos. Sin embargo, temen las consecuencias de la desintegración. Además, sus niveles de confianza en las élites políticas son muy bajos, mientras aumenta el populismo. Por ello, es necesario entender las causas del descontento. La solución al problema europeo pasa por tomar decisiones difíciles y preguntarse cuanta soberanía se comparte y para qué. O plantearse, también, si hay una relación entre competitividad y desigualdad. Incluso, hay que considerar establecer restricciones a la libertad de circulación de los trabajadores. Por lo que se refiere al euro, la moneda única fue un gran error, al menos tal y como se diseñó, pero sería una equivocación aún mayor abandonarlo. Además, hay que resolver el problema del déficit democrático de las instituciones europeas. La cuestión, en última instancia, no es si queremos más o menos Europa. La cuestión es qué Europa queremos.
    32 min
  • En defensa de Europa. ¿Tiene salvación el proyecto europeo? Loukas Tsoukalis, versión en español
    El pasado 16 de junio de 2016, la Fundación Rafael del Pino organizó la conferencia de Loukas Tsoukalis, Pierre Keller Visiting Professor en la Harvard Kennedy School, sobre el futuro de la construcción europea. Durante su intervención, Tsoulakis trató de dar respuesta a dos cuestiones: qué está mal con el proyecto europeo y cuáles son los principales desafíos y opciones para el mismo. Lo primero que destacó fue el dramático cambio de actitud hacia la Unión Europea que se ha producido desde principios del siglo XXI, cuando dominaba la euforia por la puesta en marcha del euro, la ampliación de la UE a los países del Este y el proyecto de constitución europea. El entusiasmo de entonces ha sido reemplazado por el pesimismo y por un sentimiento derrotista. ¿Qué es lo que ha ido mal? Fundamentalmente, dos crisis: la del euro y la de los refugiados. La crisis financiera internacional se transformó en una crisis del euro debido al diseño deficiente de la unión monetaria europea, a una pura cuestión de mala suerte porque la primera prueba de fuego para la moneda única fue la crisis financiera internacional, a las divisiones internas y a la aplicación de políticas equivocadas. Todo ello provocó que los países afectados tuvieran que pagar un alto precio en términos de producción, empleo, endeudamiento, divergencia económica y fragmentación política. Por lo que se refiere a la crisis de los refugiados, una cuestión que hay que tener presente es la inestabilidad de los países vecinos de la Unión Europea, muchos de ellos perdedores en el proceso de globalización y con gobiernos corruptos. En ese contexto se produjeron acontecimientos fundamentales como la primavera árabe o el desafío de Rusia a la “pax europea”. Estas dos crisis son crisis enormes y han reducido el apoyo a Europa. Además, se han combinado con una crisis institucional derivada de una expansión continua del proyecto europeo que ha generado un centro débil. Asimismo, esas crisis tienen lugar en un contexto mundial, el de la globalización, que ha creado divisiones entre los ganadores y los perdedores. En este escenario se han confundido las restricciones que impone la globalización con aquellas otras que impone la UE y los gobiernos han aprovechado la situación para convertir al proyecto europeo en cabeza de turco de los problemas creados por ellos o por la globalización. A partir de ahí se ha visto cada vez más a la unión europea como un elemento de división, como algo cada vez más grande, más intrusivo y menos inclusivo, en un contexto de crecimiento económico lento y creciente desigualdad. La realidad que se desprende de todo lo anterior es que Europa lleva dividida mucho tiempo, entre países y dentro de los mismos. El apoyo de los ciudadanos al proyecto europeo se encuentra en niveles históricamente bajos. Sin embargo, temen las consecuencias de la desintegración. Además, sus niveles de confianza en las élites políticas son muy bajos, mientras aumenta el populismo. Por ello, es necesario entender las causas del descontento. La solución al problema europeo pasa por tomar decisiones difíciles y preguntarse cuanta soberanía se comparte y para qué. O plantearse, también, si hay una relación entre competitividad y desigualdad. Incluso, hay que considerar establecer restricciones a la libertad de circulación de los trabajadores. Por lo que se refiere al euro, la moneda única fue un gran error, al menos tal y como se diseñó, pero sería una equivocación aún mayor abandonarlo. Además, hay que resolver el problema del déficit democrático de las instituciones europeas. La cuestión, en última instancia, no es si queremos más o menos Europa. La cuestión es qué Europa queremos.
    32 min
  • Poder y prosperidad en el Siglo XXI: una perspectiva americana Joseph Nye, english version
    El pasado 9 de junio de 2016 se celebró la conferencia de Josep Nye, organizada por la Fundación Rafael del Pino. En ella, Nye, profesor de gobierno de la Kennedy School de la Universidad de Harvard, pasó revista a la situación actual de Estados Unidos. Nye señalo que, si se escucha a Donald Trump, parece que Estados Unidos está en declive. ¿Lo está realmente? En la historia de Estados Unidos se pueden encontrar referencias de la preocupación por ese supuesto declive desde el siglo XVII. También aparece en los padres fundadores, por poner otro ejemplo. Sin embargo, si se observa la trayectoria del país, la realidad es que éste se convirtió en el mayor poder económico del mundo desde principios del siglo XX. A partir de ese momento, Estados Unidos empezó a cambiar su forma de entender las relaciones exteriores. El presidente Woodrow Wilson, durante la Primera Guerra Mundial, rompió el aislacionismo y envió tropas a combatir en Europa. Desde entonces empezó a concebir la seguridad global con Estados Unidos en el centro del equilibrio global de poder. Después de la Segunda Guerra Mundial se produjo un nuevo salto en esta trayectoria, pues Estados Unidos pasó a tener tropas fuera del país de forma permanente. En esos momentos, el Reino Unido era demasiado débil para seguir ejerciendo ese papel, como hizo en el pasado. El Plan Marshall, la creación de la OTAN, el Tratado de Defensa con Japón o la participación en la guerra de Corea son ejemplos de que Estados Unidos se había convertido en una potencia global. A pesar de ello, el sentimiento de declive siguió presente en la sociedad estadounidense. En los 60, porque la Unión Soviética lanzó el Sputnik; en los 80, por el éxito industrial de Japón; durante la Gran Recesión, porque China estimulaba su economía y conseguía crecer al 10% anual. Pero de lo que habla toda esta historia no es del declive estadounidense, sino de la psicología de la sociedad norteamericana. La perspectiva del declive, sin embargo, es equivocada. En primer lugar, Estados Unidos es el tercer país más poblado del mundo, después de China e India, y la única nación desarrollada que no tiene problemas demográficos porque está abierta a la inmigración. El país, además, está viviendo una revolución energética, gracias a las nuevas tecnologías de extracción de gas y petróleo que le permiten ser autosuficiente. De la misma forma, EEUU es el epicentro de la revolución tecnológica que está teniendo lugar, una revolución que está incrementando la productividad. Los hechos, por tanto, no avalan esa percepción. Lo que sucede, en realidad, tiene más que ver con la psicología de la sociedad estadounidense, manifestada en dos aspectos. En primer lugar, hay una reacción a la globalización, como en otros países, que se combina con las pérdidas de empleo provocadas por la Gran Recesión, con el aumento de las desigualdades y con los efectos del cambio tecnológico. En segundo término, hay una historia de quejas sobre la inmigración tan larga como la de la inmigración misma, a pesar de que la llegada de más personas es, y ha sido, fuente importante de crecimiento económico. Trump apela a esa psicología de los norteamericanos cuando habla de construir un muro entre EEUU y México y que la paguen ellos. Pero el papel de Estados Unidos como potencia global no va a cambiar. Lo más probable es que Hillary Clinton sea elegida presidenta del país y con ella habrá una política exterior continuista con lo que ha sido la misma a lo largo del siglo XX.
    1 hr
  • Poder y prosperidad en el Siglo XXI: una perspectiva americana. Joseph Nye, versión en español
    El pasado 9 de junio de 2016 se celebró la conferencia de Josep Nye, organizada por la Fundación Rafael del Pino. En ella, Nye, profesor de gobierno de la Kennedy School de la Universidad de Harvard, pasó revista a la situación actual de Estados Unidos. Nye señalo que, si se escucha a Donald Trump, parece que Estados Unidos está en declive. ¿Lo está realmente? En la historia de Estados Unidos se pueden encontrar referencias de la preocupación por ese supuesto declive desde el siglo XVII. También aparece en los padres fundadores, por poner otro ejemplo. Sin embargo, si se observa la trayectoria del país, la realidad es que éste se convirtió en el mayor poder económico del mundo desde principios del siglo XX. A partir de ese momento, Estados Unidos empezó a cambiar su forma de entender las relaciones exteriores. El presidente Woodrow Wilson, durante la Primera Guerra Mundial, rompió el aislacionismo y envió tropas a combatir en Europa. Desde entonces empezó a concebir la seguridad global con Estados Unidos en el centro del equilibrio global de poder. Después de la Segunda Guerra Mundial se produjo un nuevo salto en esta trayectoria, pues Estados Unidos pasó a tener tropas fuera del país de forma permanente. En esos momentos, el Reino Unido era demasiado débil para seguir ejerciendo ese papel, como hizo en el pasado. El Plan Marshall, la creación de la OTAN, el Tratado de Defensa con Japón o la participación en la guerra de Corea son ejemplos de que Estados Unidos se había convertido en una potencia global. A pesar de ello, el sentimiento de declive siguió presente en la sociedad estadounidense. En los 60, porque la Unión Soviética lanzó el Sputnik; en los 80, por el éxito industrial de Japón; durante la Gran Recesión, porque China estimulaba su economía y conseguía crecer al 10% anual. Pero de lo que habla toda esta historia no es del declive estadounidense, sino de la psicología de la sociedad norteamericana. La perspectiva del declive, sin embargo, es equivocada. En primer lugar, Estados Unidos es el tercer país más poblado del mundo, después de China e India, y la única nación desarrollada que no tiene problemas demográficos porque está abierta a la inmigración. El país, además, está viviendo una revolución energética, gracias a las nuevas tecnologías de extracción de gas y petróleo que le permiten ser autosuficiente. De la misma forma, EEUU es el epicentro de la revolución tecnológica que está teniendo lugar, una revolución que está incrementando la productividad. Los hechos, por tanto, no avalan esa percepción. Lo que sucede, en realidad, tiene más que ver con la psicología de la sociedad estadounidense, manifestada en dos aspectos. En primer lugar, hay una reacción a la globalización, como en otros países, que se combina con las pérdidas de empleo provocadas por la Gran Recesión, con el aumento de las desigualdades y con los efectos del cambio tecnológico. En segundo término, hay una historia de quejas sobre la inmigración tan larga como la de la inmigración misma, a pesar de que la llegada de más personas es, y ha sido, fuente importante de crecimiento económico. Trump apela a esa psicología de los norteamericanos cuando habla de construir un muro entre EEUU y México y que la paguen ellos. Pero el papel de Estados Unidos como potencia global no va a cambiar. Lo más probable es que Hillary Clinton sea elegida presidenta del país y con ella habrá una política exterior continuista con lo que ha sido la misma a lo largo del siglo XX.
    1 hr
  • Mucho más que un logo. Juan Suarez. Aristocrazy
    Juan Suarez, director de producto y adjunto a la presidencia de Aristocrazy, la empresa de joyería de diseño propiedad del Grupo Suárez, señaló que la idea de su creación surgió hace tres años y medio. Con ello pretendían hacer algo nuevo en el mundo de la joyería, productos con un precio menor con los que pudieran llegar a un público más amplio. La empresa se planteó desde cero y la intención, desde el primer momento, fue hacer una marca nueva con valores nuevos. Para ello, entendieron que la venta de joyas se tenía que desprogramar de los calendarios que llevan a su adquisición, como bodas, cumpleaños, etc., y convertirlo en algo diferente. Para ello, metieron el ecosistema de la moda en la joyería, para concebir sus productos como elementos que forman parte de esa moda. Para sacar adelante la idea, además, abrieron tiendas con una nueva imagen, distinta a la de las joyerías Suárez, basada en una estética vintage. Este movimiento vino acompañado de una campaña de comunicación disruptiva para dar a conocer la firma. Los valores por los que apuesta la empresa son honestidad, identidad, creatividad, ambición y exigencia. La imagen que quieren proyectar con Aristocrazy es que, por un lado, son aristocracia, entendida como la herencia derivada de su pertenencia al Grupo Suárez, pero por otro lado que son crazy, esto es, creativos. A partir de esta declaración de principios, la marca se construye sobre innovación, creatividad y excelencia, basándose en tres elementos: profundizar en valor y experiencia de marca, enriquecer la experiencia en el punto de venta y conectar al máximo con el estilo de vida de la generación actual y del cliente.
    22 min

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La Fundación Rafael del Pino, con el objetivo de contribuir a la mejora de los conocimientos de los dirigentes españoles, organiza Conferencias Magistrales en las que participan destacadas…