Se dice que una conversación es difícil cuando nos sentimos amenazados. Automáticamente reaccionamos con una actitud defensiva y eso deja al descubierto lo peor de nosotros: la arrogancia. Creemos que sabemos, sin lugar a dudas, lo que realmente está sucediendo y qué es lo que debe ocurrir. El objetivo es demostrarle al otro que “yo tengo razón y tú estás equivocado, por eso debes hacer lo que yo digo”. Cuando esto sucede, el único resultado posible es un deterioro en la relación, en la cual se produce un choque que nos distancia y nos hace perder los sentimientos de solidaridad.