Contacto con el ARTE.

Contacto con el ARTE.

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Contacto con el ARTE. episodes

  • El moribundo y el buitre. //Gibrán Jalil Gibrán

    Una lectura de Dorian Sartrowski:


    EL MORIBUNDO Y EL BUITRE


    Aguarda, espera un instante, amigo ansioso,

    que abandonaré pronto esta cosa despreciable,

    cuya larga e inútil agonía

    colma tu paciencia.

    No quisiera tener a tu hambre honesta

    soportando estos momentos:

    pero esta cadena, aunque hecha de suspiros,

    es dura de romper.

    Y la voluntad de morir,

    aunque más fuerte que todas las cosas fuertes,

    se sostiene por la voluntad de vivir

    que es más débil que todas las cosas débiles.

    Perdóname, compañero; me demoro demasiado.

    Es el recuerdo lo que detiene al espíritu;

    una procesión de lejanos días,

    una visión de juventud consumida en un sueño,

    un rostro que ruega a mis párpados no dormir,

    una voz que se prolonga en mis oídos,

    una mano que toca la mía.

    Perdona la espera.

    Todo se acabó y todo se desvanece:

    el rostro, la voz, la mano y la niebla.

    El nudo está desatado.

    La cuerda está rota.

    Y lo que no es alimento ni bebida ha sido retirado.

    Acércate, compañero hambriento;

    la mesa está puesta,

    y la comida, rica y abundante,

    se da con amor.

    Ven, hunde tu pico aquí, en el costado izquierdo,

    y liberta de su jaula a este pequeño pájaro,

    cuyas alas ya no pueden batir más.

    Yo querría remontar contigo el cielo.

    Ven, amigo mío, esta noche seré tu anfitrión,

    y tú, mi bienvenido huésped.


    —Gibran Jalil Gibran

    3 min
  • El valor del proceso, Ensayo.

    Escribí un breve ensayo a partir de una idea maravillosa de Alejandro Dolina que dice "La gente no quiere leer, quiere haber leído ". Extrapolando esta idea a un pensamiento ontológico y lingüístico entre ser y haber sido.

    10 min
  • Poemarzo 2026, Micro-cápsula poética 1

    Otro camino

    .

    .

    Estoy buscando una calle alterna,

    un camino paralelo,

    una vereda que me lleve al mismo lugar

    pero que atraviese otra tierra.

    Porque no quiero encontrarme contigo.

    Pasé mucho tiempo persiguiendo tus huellas

    que no existen,

    buscándolas en mi mesa,

    entre los libros abiertos,

    en el tren,

    en los objetos pequeños donde uno cree que el amor se queda.

    Cada día procuro no contar,

    no enumerar minuciosamente las historias

    que se siguen escribiendo sin ti.

    Pero me sale solo.

    Y entonces pienso que hay historias que ya no conoces,

    respuestas que ya no te pertenecen,

    cosas que ocurrieron en la vida

    trámites, noticias, fiestas...

    Tuve heridas que sanaron sin ti.

    Tuve risas que sonaron sin ti.

    Dolores que quemaron sin ti

    y que también se fueron sin ti.

    A veces hago planes, ordeno la rutina,

    y muevo los separadores de todos mis libros

    Cambio de página sin darme cuenta.

    .

    .


    — Sártrowski

    3 min
  • La grandeza artificial.

    ​¿Es posible actuar con grandeza cuando el ánimo nos empuja hacia la desesperación?

    ​En este episodio especial de Contacto con el Arte, hago una pausa en el análisis de obras externas para explorar la obra más compleja de todas: la propia vida. A través de un ensayo personal e íntimo, reflexiono sobre cómo transitar los momentos de "bruma cioranesca" y tristeza profunda sin perder la dignidad del ser.

    ​Exploramos un concepto provocador: lo artificial no como falsedad, sino como artificio, técnica y disciplina. Analizamos cómo la construcción del carácter se sostiene en una tríada fundamental:

    ​El Deber: La ética que inaugura el movimiento.

    ​El Querer: La adaptación del deseo a través de la repetición.

    ​El Poder: La competencia que nace de la continuidad.

    ​Esta es una lectura sobre cómo convertirnos, deliberada y artificialmente, en aquello que aspiramos ser, hasta que el artificio se vuelva naturaleza. Una invitación a construir la bondad y la fortaleza en la práctica, inspirada en ecos del estoicismo, la filosofía de Job y una reinterpretación humanista de Jane Austen.

    ​Si estás atravesando un momento difícil, o simplemente te interesa la arquitectura del carácter humano, este episodio es para ti.

    12 min
  • Proyecto Plenitud (III), Lectura del libro de Amado Nervo

    Proyecto Plenitud (III): Amado Nervo


    Tercer capítulo.

    Sigo leyendo y comentando Plenitud, con el deseo de acompañar con palabras que no exijan, pero que inviten.


    Este episodio recorre nuevos fragmentos en los que Nervo reflexiona sobre la vida sencilla, el tiempo y el alma abierta al asombro.


    Como siempre, no es una clase.

    Es lectura lenta, compartida.

    Una conversación silenciosa entre el texto, mi voz y quien quiera escuchar.


    —Dorian Sartrowski


    Duración: 18 min 23 seg

    Formato: Lectura comentada

    19 min
  • Proyecto Plenitud (II), lectura del libro de Amado Nervo.

    Proyecto Plenitud (II): Amado Nervo


    En este segundo episodio continúo la lectura de Plenitud, de Amado Nervo.

    Poco a poco, verso a verso, intento detenerme en lo que el texto sugiere, en lo que conmueve y en lo que invita a ser pensado con calma.


    Este espacio sigue sin ser una clase ni una interpretación definitiva.

    Es una pausa para leer con atención, escuchar con el cuerpo y dejar que las palabras, si quieren, se acomoden adentro.


    —Dorian Sartrowski


    Duración: 19 min 30 seg

    Formato: Lectura comentada

    20 min
  • Proyecto Plenitud (I), lectura del libro de Amado Nervo.
    Proyecto Plenitud: Amado Nervo
    Primer episodio.
    Leí en voz alta los primeros fragmentos de Plenitud de Amado Nervo.
    Me detuve a comentar lo que me pareció bello, lo que me tocó, lo que me hizo pensar.
    No es una clase, tampoco una recitación.
    Es un intento de compartir la calma que a veces aparece cuando uno se encuentra con una buena página.
    —Dorian Sartrowski
    15 min
  • Micro-Cápsula POÉTICA VII: "Los nueve monstruos" de César Vallejo.
    Y, desgraciadamente,
    el dolor crece en el mundo a cada rato,
    crece a treinta minutos por segundo, paso a paso,
    y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces
    y la condición del martirio, carnívora, voraz,
    es el dolor dos veces
    y la función de la yerba purísima, el dolor
    dos veces
    y el bien de ser, dolernos doblemente.
    Jamás, hombres humanos,
    hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera,
    en el vaso, en la carnicería, en la aritmética!
    Jamás tanto cariño doloroso,
    jamás tanta cerca arremetió lo lejos,
    jamás el fuego nunca
    jugó mejor su rol de frío muerto!
    Jamás, señor ministro de salud, fue la salud
    más mortal
    y la migraña extrajo tanta frente de la frente!
    Y el mueble tuvo en su cajón, dolor,
    el corazón, en su cajón, dolor,
    la lagartija, en su cajón, dolor.
    Crece la desdicha, hermanos hombres,
    más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece
    con la res de Rosseau, con nuestras barbas;
    crece el mal por razones que ignoramos
    y es una inundación con propios líquidos,
    con propio barro y propia nube sólida!
    Invierte el sufrimiento posiciones, da función
    en que el humor acuoso es vertical
    al pavimento,
    el ojo es visto y esta oreja oída,
    y esta oreja da nueve campanadas a la hora
    del rayo, y nueve carcajadas
    a la hora del trigo, y nueve sones hembras
    a la hora del llanto, y nueve cánticos
    a la hora del hambre y nueve truenos
    y nueve látigos, menos un grito.
    El dolor nos agarra, hermanos hombres,
    por detrás, de perfil,
    y nos aloca en los cinemas,
    nos clava en los gramófonos,
    nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente
    a nuestros boletos, a nuestras cartas;
    y es muy grave sufrir, puede uno orar…
    Pues de resultas
    del dolor, hay algunos
    que nacen, otros crecen, otros mueren,
    y otros que nacen y no mueren, otros
    que sin haber nacido, mueren, y otros
    que no nacen ni mueren (son los más).
    Y también de resultas
    del sufrimiento, estoy triste
    hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo,
    de ver al pan, crucificado, al nabo,
    ensangrentado,
    llorando, a la cebolla,
    al cereal, en general, harina,
    a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
    al vino, un ecce-homo,
    tan pálida a la nieve, al sol tan ardido!
    ¡Cómo, hermanos humanos,
    no deciros que ya no puedo y
    ya no puedo con tanto cajón,
    tanto minuto, tanta
    lagartija y tanta
    inversión, tanto lejos y tanta sed de sed!
    Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?
    ¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos,
    hay, hermanos, muchísimo que hacer.
    3 de noviembre de 1937
    César Vallejo
    5 min
  • Micro-cápsula POÉTICA VI: "Lo mejor en nuestras filas" de Douglas Malloch
    Lo mejor en nuestras filas.
    Si no puedes ser pino de la cumbre,
    sé la mata del valle, la más linda
    de las matas que van junto al arroyo;
    Sé el arbusto, si el árbol está arriba.
    Si no llegas a arbusto, sé la hierba
    que al camino feliz y humilde vista:
    De no ser almizcleña, sé la atocha
    que entre todas el lago más estima.
    Tripulantes, si no los capitanes,
    que un lugar siempre guardamos en la vida;
    Hay que hacer cosas grandes y pequeñas,
    pero siempre ha de hacerse la más chica.
    De no ser camino, sé el sendero;
    Si no sol, sé la estrella que titila;
    no busquemos tamaño en la pelea,
    SINO SER LO MEJOR EN NUESTRAS FILAS.
    -Douglas Malloch
    1 min
  • "El muchacho indefenso" de Bertolt Brecht.
    EL MUCHACHO INDEFENSO
    Un transeúnte preguntó a un muchacho que lloraba amargamente cuál era la causa de su congoja.
    —Había reunido dos monedas para ir al cine —dijo el interrogado—, pero se me ha acercado un chico y me quitó una —y señaló a un chiquillo que estaba a cierta distancia.
    —¿Y no pediste ayuda? —preguntó el hombre.
    —Claro que sí —replicó el muchacho, sollozando con más fuerza.
    —¿Y nadie te oyó? —siguió preguntando el hombre, al tiempo que lo acariciaba tiernamente.
    —No —gimió el niño.
    —¿Y no puedes gritar más fuerte? —preguntó el hombre.
    —No —replicó el chico, mirándolo con ojos esperanzados, pues el hombre sonrió.
    —Entonces, dame la que te queda —dijo el hombre, y quitándole la última moneda de la mano, prosiguió despreocupadamente su camino.
    Bertolt Brecht
    1 min

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