Contacto con el ARTE.

Contacto con el ARTE.

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Contacto con el ARTE. episodes

  • Micro-cápsula POÉTICA V: "Los nadies" de Eduardo Galeano
    Los NADIES, de Eduardo Galeano.
    Sueñan las pulgas con comprarse un perro
    y sueñan los nadies con salir de pobres,
    que algún mágico día
    llueva de pronto la buena suerte,
    que llueva a cántaros la buena suerte;
    pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy,
    ni mañana, ni nunca,
    ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
    por mucho que los nadies la llamen
    y aunque les pique la mano izquierda,
    o se levanten con el pie derecho,
    o empiecen el año cambiando de escoba.
    Los nadies: los hijos de nadie,
    los dueños de nada.
    Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
    corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos,
    rejodidos:
    Que no son, aunque sean.
    Que no hablan idiomas, sino dialectos.
    Que no profesan religiones,
    sino supersticiones.
    Que no hacen arte, sino artesanía.
    Que no practican cultura, sino folklore.
    Que no son seres humanos,
    sino recursos humanos.
    Que no tienen cara, sino brazos.
    Que no tienen nombre, sino número.
    Que no figuran en la historia universal,
    sino en la crónica roja de la prensa local.
    Los nadies,
    que cuestan menos
    que la bala que los mata.
    2 min
  • Micro-cápsula POÉTICA IV: "Responso por un poeta descuartizado" de EFRAÍN HUERTA.
    Responso por un poeta descuartizado
    Claro está que murió —como deben morir los poetas, maldiciendo,
    blasfemando, mentando madres,
    viendo apariciones, cobijado por las pesadillas.
    Claro que así murió y su muerte resuena en las malditas
    habitaciones donde perros, orgías, vino griego, prostitutitas
    francesas, donceles y príncipes se rinden
    y le besan los benditos pies,
    porque todo en él era bendito como el mármol de La Piedad
    y el agua de los lagos, el agua de los ríos y los ríos de alcohol
    bebidos a pleno pulmón,
    así deben beber los poetas: Hasta lo infinito, hasta la negra noche
    y las agrias albas
    y las ceremonias civiles y las plumas heridas del artículo a que te
    obligan,
    la crónica que nunca hubieras querido escribir
    y los poemas rubíes, los poemas diamantes, los poemas obsidiana,
    los poemas huesolabrado, los poemas floridos, los poemas toros,
    los poemas posesión, los poemas rubenes, los poemas daríos, los
    poemas madres, los poemas padres, tus poemas...
    Y así le besaban los pies, la planta del pie que recorrió los cielos y
    tropezó mil y un infiernos
    al sonido siringa de los ángeles locos y los demonios trasegando
    absintio (El chorro de agua de Verlaine estaba mudo), ante
    el azoro y la soberbia, estupidez de los cónsules y los dictadores,
    la chirlería envidiosa y la espesa idiotez de las gallinas
    municipales.
    Maldiciendo, claro, porque en la agonía estaba en su derecho y
    porque qué jodidos (¡Jure, jodido!,
    dijo Rubén al niño triste que oyó su testamento), ¿por qué no
    morir de alcoholes de todo el mundo, si todo el mundo es
    alcohol y la llama lírica es la mirada de un niño con la cara
    de un lirio?
    Resollaba y gemía como un coloso crisoelefantino
    hecho de luces y tinieblas, pulido por el aire de los Andes, la neblina
    de los puertos, el ahogo de Nueva York, la palabra española,
    el duelo de Machado, Europa sin su pan.
    Rugía impuramente como deben rugir todos los poetas que mueren
    (¡Qué horror, mi cuerpo destrozado!)
    y los médicos: Aquí hay pus, aquí hay pus —y nunca le hallaron
    nada sino dolor en la piel
    limpios los riñones heroicos, limpio el hígado, limpio y soberbio el
    corazón
    y limpiamente formidable el cerebro que nunca se detuvo, como un
    sol escarlata, como un sol de
    esmeraldas, como la mansión de los dioses, como el penacho de un
    emperador azteca, de un emperador inca, de un guerrero laíno;
    cerebro de un amante embriagado a la orilla de un dulcísimo cuerpo,
    ay, de mieles y nardos
    su peso: mil ochocientos cincuenta gramos: tonelaje de poeta divino,
    anchura de navío,
    el cerebro donde estallaron los veintiún cañonazos de la fortaleza de
    Acosasco
    y que luego...
    Claramente, turbiamente hablando, hubo necesidad de destrozarlo,
    enteramente destazarlo como a una fiera selvática, como al
    toro americano
    porque fue mucho hombre, mucho poeta, mucho vida, muchísimo
    universo
    necesariamente sus vísceras tenían que ser universales, polvo a los
    cuatro vientos, circunvoluciones repletas de piedad, henchidas
    de amor y de ternura.
    Aquí el hígado y allá los riñones.
    ¡Dame el corazón de Rubén! Y el cerebro peleado, de garra en garra
    como un puñado de perlas.
    Aquel cerebro (¡ salud!) que contó hechicerías y fue sacado a la
    luz antes del alba
    y por él disputaron y por él hubo sangre en las calles y la policía
    dijo, chilló, bramó:
    ¡A la cárcel! Y el cerebro de Rubén Darío —mil ochocientos
    cincuenta gramos— fue a dar a la cárcel
    y fue el primer cerebro encarcelado, el primer cerebro entre rejas,
    el primer cerebro en una celda+
    +Texto completo en la publicación de Facebook @Contacto con el ARTE.
    7 min
  • Micro-cápsula POÉTICA III "Poema de los dones" JORGE LUÍS BORGES.
    JORGE LUIS BORGES
    Poema de los dones
    Nadie rebaje a lágrima o reproche
    esta declaración de la maestría
    de Dios, que con magnífica ironía
    me dio a la vez los libros y la noche.
    De esta ciudad de libros hizo dueños
    a unos ojos sin luz, que sólo pueden
    leer en las bibliotecas de los sueños
    los insensatos párrafos que ceden
    las albas a su afán. En vano el día
    les prodiga sus libros infinitos,
    arduos como los arduos manuscritos
    que perecieron en Alejandría.
    De hambre y de sed (narra una historia griega)
    muere un rey entre fuentes y jardines;
    yo fatigo sin rumbo los confines
    de esa alta y honda biblioteca ciega.
    Enciclopedias, atlas, el Oriente
    y el Occidente, siglos, dinastías,
    símbolos, cosmos y cosmogonías
    brindan los muros, pero inútilmente.
    Lento en mi sombra, la penumbra hueca
    exploro con el báculo indeciso,
    yo, que me figuraba el Paraíso
    bajo la especie de una biblioteca.
    Algo, que ciertamente no se nombra
    con la palabra azar, rige estas cosas;
    otro ya recibió en otras borrosas
    tardes los muchos libros y la sombra.
    Al errar por las lentas galerías
    suelo sentir con vago horror sagrado
    que soy el otro, el muerto, que habrá dado
    los mismos pasos en los mismos días.
    ¿Cuál de los dos escribe este poema
    de un yo plural y de una sola sombra?
    ¿Qué importa la palabra que me nombra
    si es indiviso y uno el anatema?
    Groussac o Borges, miro este querido
    mundo que se deforma y que se apaga
    en una pálida ceniza vaga
    que se parece al sueño y al olvido.
    7 min
  • Micro-cápsula POÉTICA II: "Ya no." De Idea Vilariño.
    "Ya no."
    Ya no será
    ya no
    no viviremos juntos
    no criaré a tu hijo
    no coseré tu ropa
    no te tendré de noche
    no te besaré al irme
    nunca sabrás quién fui
    por qué me amaron otros.
    No llegaré a saber
    por qué ni cómo nunca
    ni si era de verdad
    lo que dijiste que era
    ni quién fuiste
    ni qué fui para ti
    ni cómo hubiera sido
    vivir juntos
    querernos
    esperarnos
    estar.
    Ya no soy más que yo
    para siempre y tú
    ya
    no serás para mí
    más que tú. Ya no estás
    en un día futuro
    no sabré dónde vives
    con quién
    ni si te acuerdas.
    No me abrazarás nunca
    como esa noche
    nunca.
    No volveré a tocarte.
    No te veré morir.
    Idea Vilariño (1920-2009) Profesora universitaria Uruguaya, compositora, traductora, crítica literaria y, sobre todo, poeta.
    4 min
  • Micro-cápsula POÉTICA 1: "Ansina ti quiero" de Daniel Escorza Rodriguez.
    ANSINA TI QUIERO
    Ansina ti quero
    y pos este cariño se dilató,
    pero yo lo vide primero que tú,
    no hay naiden en el pueblo
    que me haiga hecho sentir lo mesmo.
    Ansina va la cosa,
    ayer te truje munchas flores,
    de la orilla del río...
    tú me dijites hace muncho tiempo
    que son las que te gustan bien harto.
    ayer cuando las recivites vide en tus ojos
    el brillo de la luna,,,
    así como se mira en la noche ,
    cuando voy de regreso al jacal,
    y naiden me acompaña...
    pero aquí mero en mi pensamiento,
    tú andas conmigo.
    Ansina te quiero,
    como la mañana cuando se asoma el sol,
    como la llovizna que moja la tierra,
    como el campo que me gusta ver todo el día...
    como la muina que tengo si no te miro.
    Dizque así es el cariño
    un poco rejego...
    y se dilata en llegar,
    pero tengo harta calma,
    yo lo vide llegar primero...
    pero tú ya lo vites en mis ojos.
    -Daniel Escorza Rodríguez, investigador y académico del INAH, México.
    3 min

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