La industria farmacéutica pretende obtener un beneficio o un lucro, y cuyas altas expectativas se cumplan. Es cierto que cada vez es más homologable este tipo de industrias. Además, cuando se producen rotaciones de directivos tan importantes dentro del sector sanitario, dinamita todos estos procesos, y se produce un efecto no deseable, un absoluto descrédito en la gestión y la política sanitaria.