Barcelona, octubre de 2004.
Es martes por la mañana en Bellvitge, un barrio acostumbrado al ritmo constante del metro, las prisas de quienes vuelven del trabajo y la rutina que marca el inicio de cada día. En la Rambla de la Marina, todo parece transcurrir con normalidad.
Pero esa mañana, algo altera la calma. Un humo inesperado comienza a ascender desde un séptimo piso. No es mucho al principio, apenas una señal que algunos confunden con una simple incidencia doméstica. Sin embargo, en cuestión de minutos, todo cambia: llegan los primeros avisos, suenan las sirenas, y el barrio se detiene ante lo que parece más que un simple incendio.
Mientras los bomberos acceden al interior, nadie en la calle imagina lo que está a punto de descubrirse. Detrás de aquella puerta, en un hogar elegido al azar, se esconde una escena que pronto sacudirá al país entero y que revelará la huella devastadora de una acción imprevisible, cometida por alguien que no debería haber estado allí.
Un caso que, desde el primer momento, generó perplejidad, indignación y preguntas que tardaron en encontrar respuesta.
Esto es… Crímenes que marcaron España.
Hoy… El doble crimen de Bellvitge: 72 horas de permiso que costaron dos vidas. De Can Brians al horror