El análisis de "Paleografía, Sociología y Preter-Historia" de Enrique Landsman 1998, explora cómo la sociedad se constituye a través de sistemas de inscripción o escrituras, en lugar de ser meramente un medio de intercambio. Para Deleuze y Guattari, la sociedad es un "socius de inscripción" donde lo esencial es "marcar o ser marcado". Estas inscripciones, entendidas en un sentido amplio (marcas en la piel, danzas, dibujos), determinan lo que puede circular y su valor.
El texto distingue tres sistemas de representación de lo social:
• El régimen de connotación de la máquina territorial salvaje, donde el grafismo se inscribe en el cuerpo, creando una "memoria deseante" a través del triángulo voz-audición, grafismo-cuerpo, ojo-dolor.
• El régimen significante de la máquina despótica bárbara, donde la grafía se subordina a la voz, fijándose en soportes como tablas y libros. El signo se convierte en "signo de signo" y el deseo en "deseo del déspota". Aquí, el poder impone la ley, que significa sin designar. Es en este contexto que surge el "nacimiento del alma moderna", no como una sustancia teológica, sino como un "efecto e instrumento de una anatomía política", producida por procedimientos de castigo, vigilancia y coacción. El alma es la "prisión del cuerpo".
• El régimen de descodificación de la máquina capitalista civilizada, que ya no inscribe en la carne, sino que constituye códigos para los flujos desterritorializados de dinero y mercancía. El capitalismo es "analfabeto" en el sentido tradicional, operando con "no-signos" o "puntos-signos" procesados por máquinas como el ordenador, que descodifican instantáneamente. La persona se vuelve "privada", una función derivada de cantidades abstractas como el capital o la fuerza de trabajo, pasando de fetiches a ídolos, imágenes y, finalmente, simulacros.
La Paleografía emerge en el Renacimiento para clasificar las escrituras, desligándolas de su subjetividad y materialidad, lo que fue un movimiento crítico y revolucionario al "desescribir" el trazo mismo. La Sociología, según Durkheim, es la "ciencia de las instituciones, de su génesis y de sus funciones", y se podría definir como la "ciencia de las escrituras". Tanto Marx, Weber como Durkheim, descentraron el método histórico, alejándose de una historia basada en la conciencia y en totalidades.
En este marco, se introduce la "Preter-historia" como una "historia externa de la verdad". Es un método y una actitud política que conecta el signo con el mundo, devolviendo a las escrituras su dimensión revolucionaria. No busca un sentido universal, sino que describe las exterioridades que distribuyen y generan sujetos, objetos y conceptos.
El concepto clave para esta reconexión es la "Desescripción", definida como un "arte político de la ciencia". No se trata de figurar o representar, sino de abrir la escritura, desplegarla y seguir "flujos puros", eliminando significados y representaciones para generar una "cópula signo-mundo" que provoque transformaciones reales o mutaciones. La desescripción opera en tres momentos:
1. Conexión: Abrir las escrituras, buscar grietas y zonas porosas para introducir confusión y conectar escrituras previas con la lucha y la resistencia.
2. Producción de la diferencia: Generar una nueva escritura donde el sujeto y el mundo han devenido y cambiado.
3. Cartografía de la exterioridad: Describir los mapas, los devenires de las fuerzas y los diagramas de poder que atraviesan los cuerpos y sus saberes.
La desescripción busca "multiplicar las diferencias", fomentando "acciones autonómicas" que "produzcan libertad", resistiendo la homogeneización y la imposición de identidades fijas. La Paleografía y la Sociología son vistas como "máquinas de desinscripción", que, aunque puedan ser capturadas, ofrecen la posibilidad de un arte político para desinscribirnos de las formas de "esclavitud voluntaria"
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