Por: Jorge Arturo Estrada | La ambición es su motor, la mentira es su arma, la soberbia es su marca, el poder es su vida. El presidente tiene prisa. El tiempo se le agota. Sus promesas, repetidas durante cinco años, quedarán en palabras huecas.
Tuvo muchos pretextos y pocas soluciones. El presidente ya no gobierna, solamente administra su sucesión, está obsesionado con ella. Sin embargo, con mayor frecuencia el proceso ya se le sale de control. Le han robado la narrativa de los pobres; él, ya no es la esperanza. Los problemas lo rebasaron, su sexenio se
consume en medio de cientos de miles de tumbas. La 4T es una tragedia, es un fracaso en muchos sentidos. Estamos ante escenarios inéditos, en un país convulso y polarizado. El presidente se niega a soltar el poder, se lo tendrán que arrancar.
Andrés Manuel, en cinco años, pasó de ser la esperanza al
repudio masivo. Aun así, construye su Maximato, mientras destruye a la democracia. Ya perdió la percepción ganadora y
el aura de invencible. Ya traicionó a Marcelo Ebrard y escogió a Claudia Sheinbaum, como su sucesora, la considera más fácil de controlar políticamente. Pero, ella es débil y sin carisma, por lo tanto, la operación política de López Obrador se vuelve indispensable. De esta forma, el presidente se llena las
alforjas para el 2024, acumula presupuestos, aunque tenga que endeudar al país.
El discurso base de la campaña de Claudia Sheinbaum ha sido;
“Queremos que siga el legado del presidente López Obrador, no queremos que se acabe lo que inició el presidente Andrés Manuel López Obrador”. Simultáneamente, el mandatario ataca y desgasta, incesantemente, a Xóchitl Gálvez, la candidata
opositora, que cada día se arraiga más en el imaginario colectivo. Lo mismo hace con las instituciones que se le oponen y ya logró infiltrar y minar al Instituto Nacional Electoral.
El presidente decidió traicionar a Marcelo. Desde hace
tiempo, él decidió que Claudia Sheinbaum sería la candidata presidencial de Morena. El perfil de Ebrard no lo convenció y, además, el excanciller no demostró potencia, ni dentro de Morena ni entre la población en general.
Las encuestas del proceso interno, de los guindas, no lo favorecieron. Parecían diseñadas e implementadas para perjudicarlo. Incluso la comentocracia, parecía lista para aceptar el triunfo de Sheinbaum, los convenios del gobierno de la CdMx
Estas maniobras, tan abiertas, se dieron a pesar de que
Ebrard, en dos ocasiones, fue el puntal del proyecto presidencial de Andrés Manuel López Obrador. Marcelo no recibió la recompensa. Como competidor en el
2012, Ebrard le cedió, sin pelear, la candidatura del PRD, aún en un empate técnico de las encuestas. La diferencia fue mínima, de 1.6 puntos de diferencia entre uno y otro, dentro del margen de error.
Anteriormente, como jefe de gobierno, del 2006 al 2012,
enviaba mochilas llenas de billetes para sostener el proyecto del Rey del Cash. El encargado de entregarlas era Mario Delgado, actual presidente de Morena, que en ese entonces era el secretario de Finanzas de Marcelo. Así lo registró,
Elena Chávez, la periodista autora del libro del mismo nombre.
AMLO, consideró que el perfil de Marcelo era atractivo para
la clase media, pero no para las clases populares, luego de leer los resultados amplios de sus propias encuestas. Pero, esencialmente, él lo considera demasiado autosuficiente para someterse a un Maximato. Tenía que cerrarle el
paso, y en consecuencia, aferrarse a la movilización y al acarreo el 2 de junio del 2024, como estrategia base para ganar.
El país avanza hacia una elección presidencial muy competida. Los opositores parecen haber encontrado a un fenómeno político capaz de enfrentar y derrotar a López Obrador y a Claudia. Xóchitl acapara reflectores cotidianamente. El presidente de la
república la mantiene bajo fuego y Gálvez contesta en cada ocasión, al parecer no se arredra.