López Obrador es un político obsesionado con el poder.
Por: Jorge Arturo Estrada. El presidente, acelera y ya no se
detendrá. Va por todo, y no acepta la posibilidad de la derrota. Es una carrera
contra el tiempo, contra su desgaste. Mientras, los muertos se le acumulan por decenas
de miles. Se trata de popularidad contra fracasos. La transformación se vuelve
tóxica, la democracia está en riesgo. El presidente se niega a soltar el poder
y quiere destruirla. Ya sabe, que no es
invencible.
México transita en medio de la tragedia.Andrés Manuel López Obrador, es
un político obsesionado por el poder. Se siente infalible y superior; además,
está empeñado en marcar época. Se considera, a sí mismo, de la estatura de
Hidalgo, Juárez, Madero y Cárdenas. En consecuencia, en su lógica, el
obradorismo y la Cuarta Transformación, deben perdurar. Sus relevos potenciales,
sus corcholatas, son impresentables, pero los adversarios también. Esas
corcholatas se comportan como lacayos, van por el hueso sin pudor alguno. Los
ciudadanos deberemos elegir al menos peor en las elecciones del 2024. ¿Cómo
llegamos a esto? Otra vez.
La clase política mexicana apesta,
desde hace décadas. Son tramposos, mentirosos y cínicos. Ya los conocemos. Los “ya
no somos iguales”, resultaron ser los mismos o hasta peores. Morena, la
Esperanza de México se quedó en nefasta realidad. Así, la soberbia del tabasqueño
es del tamaño de sus mentiras, cinismo y sus fracasos. Nos volvimos a equivocar.
Estamos a 12 meses de arrancar, formalmente,
la campaña presidencial del 2024, pero las ambiciones están desatadas
descaradamente. El gobierno morenista está en campaña, planeando
manifestaciones de apoyo al presidente y modificando leyes aceleradamente. Las
ideas de gobierno, del Tlatoani, ya fueron aplicadas y pocas resultaron
efectivas. Los abrazos y las becas a jóvenes no acabaron con la delincuencia,
los secuestros, los homicidios y las desapariciones. La violencia se apodera de
más territorios del país.
Ya transcurrieron más de cuatro
años de gobierno. Fueron decenas de oportunidades para mejorar desaprovechadas.
Muchas acciones han tenido resultados desastrosos, con millones de millones de
pesos gastados y el país empeorando. La calidad de vida se deteriora, y cada
día expulsamos a más braceros. Y, el presidente, ya solamente está interesado
sirvieron para llegar a 17 meses del final de su sexenio con posibilidades de
retener el palacio nacional para una corcholata o para quedarse en él. La
polvareda empeora a medida que, nos acercamos al fin del sexenio.
Hay demasiadas cosas en juego.
Hay desesperación y desconcierto. El país está en malas condiciones. La
democracia está en riesgo, los partidos políticos siempre tan nefastos están
aplastados y anulados. México pareciera ya, de nueva cuenta, el país de un solo
hombre rodeado de sus élites doradas.
Sin calidad moral ni aura de
honestidad, llegó como todos sus antecesores; vendiendo su alma al diablo,
recolectando cash e impresentables, en cada rincón del país. Y, también,
premiándolos con negocios en el poder y con cargos públicos. Recicló el modelo
del viejo PRI, del ancestral. La Cuatro T es un modelo exitoso para ganar
elecciones, pero pésimo para gobernar.
Por el lado de la oposición, el
PRI destaca por el desastre en el cual está inmerso. En medio de su cadena de
derrotas en 20 estados, el PRI celebra que ya cayó hasta el tercer lugar con
gritos, camisas rojas y rollos de Alejandro Moreno. Su líder es repudiado por
la militancia y sostenido por sus beneficiarios, puros derrotados en 30 estados