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DEVOCIÓN MATUTINA PARA MUJERES 2026
“SUBLIME BELLEZA”
Narrado por: Sirley Delgadillo
Desde: Bucaramanga, Colombia
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
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|| www.drministries.org ||
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20 de Abril
En El Carmelo
¡El Señor es Dios! ¡El Señor es Dios! (1 Reyes 18:39).
Por causa de la impiedad y de la idolatría de Acab y Jezabel, sobrevinieron tres años de sequía al reino de Israel. En el Carmelo, que antiguamente era un lugar muy bonito, con arroyos que se alimentaban de las fuentes perennes y fértiles acantilados de bellas flores, solo había bosques sin hojas, donde estaban los altares a Baal y Astarot. En el punto más alto, estaban las ruinas del altar a Jehová.
Fue ese lugar, en el que se había deshonrado a Dios, el que Elías eligió para manifestar el poder divino.
En la mañana determinada, el pueblo se aglomeró atento. Los sacerdotes estaban allí. Acab, con toda su pompa, se puso delante de los sacerdotes, y fue saludado por los idólatras con un grito de aclamación.
Rodeado por las tribus israelitas, delante del rey y de los falsos profetas, estaba Elías. Ansioso, el pueblo esperaba. Mirando hacia el altar destruido de Jehová y hacia la multitud, Elías exclamó con voz potente: "¿Hasta cuándo van a seguir indecisos?" (1 Reyes 18:21).
El pueblo no respondió. Entonces, el profeta ordenó que se colocara uno de los bueyes sobre el altar pagano. Atemorizados, los falsos sacerdotes prepararon el altar y gritaron sus fórmulas de encantamiento, invocando a Baal. Saltaron, se contorsionaron, gritaron histéricamente, se arrancaron los cabellos y se hicieron cortes en el cuerpo... El tiempo pasó, pero Baal no respondió.
A la tarde, los frustrados profetas estaban cansados, abatidos y confusos. Desesperados, se retiraron.
Imagina la escena. En seguida, Elías reparó el altar en ruinas. Cavó una zanja alrededor del altar, colocó la leña, preparó el buey sobre él y ordenó al pueblo que llenara de agua el altar, el sacrificio y la zanja. Se postró en reverencia ante Dios, oró con sencillez y fervor, pidiendo que Dios mostrara su superioridad sobre Baal para que Israel se volviera a él. Hubo silencio. Los sacerdotes de Baal temblaron.
Entonces, cayó fuego del cielo sobre el altar, quemando el sacrificio, la leña, las piedras y el polvo, y hasta lamiendo el agua que estaba en la zanja. Desde los valles más abajo, muchos observaban el espectáculo. El pueblo sobre el monte finalmente se postró ante el Dios invisible exclamando: ¡Jehová es Dios! ¡Jehová es Dios!
Cuando deshonramos a Dios, priorizando nuestros ídolos del diario vivir, Dios permite la sequía espiritual para que percibamos cuán distantes estamos de él.
Volvamos al Carmelo y busquemos al Señor mientras hay tiempo, y reconozcamos cada día que el Señor es Dios.