NOTAS DE ELENA
Material complementario de la escuela Sabática para adultos
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
Una cortesía de DR'Ministries y Canaan Seventh-Day Adventist Church
LUNES, 10 DE AGOSTO
LO QUE EL AMOR HACE
La verdad de Dios está destinada a elevar a quien la recibe, a refinar su gusto y a santificar su juicio. El carácter del cristiano debiera ser santo, sus modales agradables, sus palabras sin engaño. Debiera haber un esfuerzo continuo para imitar la sociedad a la que pronto espera unirse, la de los ángeles que nunca cayeron en el pecado.
Ningún hombre puede ser cristiano sin tener el Espíritu de Cristo; y si tiene Espíritu de Cristo, lo manifestará en palabras bondadosas y una conducta refinada y cortés... El cambio externo testificará del cambio interno. La verdad es santificadora, refinadora. Recibida en el corazón, actúa con poder oculto, transformando el carácter. Pero los que profesan seguir a Cristo y al mismo tiempo son groseros, hirientes y descorteses en palabra y hechos no han aprendido de Jesús. Una persona jactanciosa, altiva y criticona no es cristiana, porque ser cristiano es ser como Cristo...
Muchos que están buscando la felicidad sufrirán un desengaño porque la buscan fuera de lugar, y se dejan dominar por un temperamento pecaminoso y sentimientos egoístas. Al descuidar el cumplimiento de las tareas pequeñas y la observancia de las pequeñas cortesías de la vida, violan los principios de los cuales depende la felicidad. La verdadera felicidad no se encuentra en la gratificación propia, sino en el sendero del deber. Dios desea que el hombre sea feliz, y por esto le dio los preceptos de su ley, para que al obedecerlos pueda tener gozo en el hogar y fuera de él. Mientras conserve su integridad moral, sea fiel a los principios y controle todos sus poderes no puede ser desdichado. Con sus zarcillos aferrados a Dios, el corazón estará lleno de paz y gozo, y el alma florecerá en medio de la incredulidad y la depravación.
Las palabras bondadosas, la mirada amable y el rostro alegre forman alrededor del cristiano un aura que hace que su influencia sea casi irresistible. La religión de Cristo en el corazón determina que las palabras sean suaves y la conducta atrayente, aun para los más modestos. En el olvido del yo, en la luz, la paz y la felicidad que entrega constantemente a los demás, se ve la verdadera dignidad del hombre. Esta es una forma de ganar el respeto y extender la esfera de utilidad, que cuesta muy poco; y quien sigue este curso de acción no se quejará de que no recibe el honor que merece. Pero las reglas de la Biblia deben ser escritas en el corazón; los preceptos bíblicos deben ser llevados a la vida diaria (Reflejemos a Jesús, 18 de octubre, p. 297).
No necesitamos comenzar tratando de amarnos unos a otros. Lo que se necesita es el amor de Cristo en el corazón. El amor verdadero brota espontáneamente cuando el yo se halla sumergido en Cristo.
Venceremos en paciente dominio propio. Es el servicio paciente lo que trae descanso al alma. Son los trabajadores humildes, diligentes y fieles los que promueven el bienestar de Israel. Las palabras de amor y estímulo harán más para apaciguar el temperamento rápido y la disposición obstinada que todas las críticas y reprensiones que se puedan acumular sobre el que yerra (Testimonios para la Iglesia, t. 7 , p. 253).